El Estado de la poesía

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Para que el Estado deje de ser proveedor de la cultura, tiene que generar un público que lo sea y sostenga el aparato poético. La gente tendría que comprar libros de poesía para que el gobierno deje de pagarlos, afirmó el poeta Luis Alberto Arellano, durante la presentación del libro Escribir poesía en México, de la editorial Bonobos.
“Cuando tengamos agotados en dos o tres años tirajes ínfimos de dos mil ejemplares y los libreros paguen con efectivo y no con promesas, como suele suceder, entonces sí podríamos decir que el Estado hace mal comprando sus obras a los artistas, pero mientras, no hay otra opción”.
El escritor señaló la necesidad de que los poetas sean implacables en exigir que más recursos, de los destinados a la cultura, sean enfocados a la formación de un público. “Una vez formado, entonces sí hay que hablar de cómo distribuir el dinero del Estado para la cultura, pero arrancar una bandita que detiene una hemorragia, me parece una mala idea. Desaparecer el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), porque se tenga la percepción de que es ineficiente, constituye una mala idea que no va para ningún lado, porque los artistas no van a poder con el mercado. Éste no los tiene considerados”.

Enemigo número 1
Luis Arellano señaló a Elba Esther Gordillo como el enemigo número uno de la poesía, la danza y el teatro. “Mientras el sindicato de maestros esté en manos de esa mujer y tenga esa perversa organización, nada de lo que los niños aprendan en el aula los va a significar. Me asombra que bajo esas condiciones los pequeños todavía sepan leer”.
Explicó que será posible formar un público lector de poesía cuando Elba Esther deje de asignar altas cantidades de dinero al sindicato y éste no ya no sea un aparato de contención de la miseria.
“El Estado mexicano ha cumplido su tarea con los artistas, pero no con el público. Con éste ha hecho mal su tarea”. La relación del gobierno con los primeros cada vez es más fina y transparente. Calificó de bien cuidados y claros los mecanismos que hay para que los poetas consigan becas. El Estado mexicano ha sido proveedor de la cultura en los últimos 80 años.
íngel Ortuño indicó que hay una disonancia entre la tarea de la escritura del poeta y la percepción del público. “Ésta es generada desde el propio campo de la poesía, cuando un jurado de pretendidos notables sale a la palestra a decir al público qué es lo que debe entenderse por poesía, qué no y qué están obligados a defender, cuando no sólo quienes nos consideramos sus colegas, sino también el público lector, podría mandarlos al diablo”.
El libro fue presentado en el Museo Raúl Anguiano, dentro del IV Verano de la Poesía en Guadalajara.

El libro
Escribir poesía en México reúne 17 ensayos de otros tantos poetas nacidos entre 1952 y 1979, quienes explotan la pulsión estilística, paratextual y simbólica que entrelaza las prácticas poéticas contemporáneas con la dinámica social, cultural y política de México. “Este documento da cuenta de un diálogo conflictivo e inestable con la realidad que nos circunda y toma cuerpo en la figura del poema”, dijo Ricardo Solís.
El libro abarca un amplio abanico de opiniones y aborda temas como la violencia, los movimientos sociales, la poesía visual, la tradición, los regionalismos, la política, entre otros. Sin duda este conjunto de ensayos polémicos dará mucho de qué hablar sobre lo que significa escribir poesía en este país.
Para íngel Ortuño, Escribir poesía en México da oportunidad de concebirla de manera poliédrica, múltiple y de reconciliarnos con una práctica que en muchas ocasiones llega a ser para algunos frustrante o motivo de polémica.
Entre los escritores que incluyeron un trabajo en el libro se encuentran Luis Alberto Arellano, Juan Carlos Bautista, Hernán Bravo Varela, Carla Faesler, Maricela Guerrero, Josu Landa, Pura López Colomé, Tedi López Mills y íngel Ortuño.
El libro está a la venta en el sistema de librerías Educal, de Conaculta.
El proyecto que hizo posible el libro fue coordinado por Julián Herbert, Javier de la Mora y Santiago Matías.