El aguinaldo del sereno

El autor de la "Suave Patria", Ramón López Velarde, este año cumple su primer centenario de muerte; en este texto se reflexiona sobre algunas de las expresiones ahora insólitas que se incluyen en el poema del zacatecano, como "aguinaldo de juguetería"

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En agosto de 1921, pocos meses después de cumplir medio siglo de vida, José Juan Tablada concluyó su «Retablo a la memoria de Ramón López Velarde», poema de ciento diecinueve versos escrito en el estilo más reconocible del poeta zacatecano (el endecasílabo imaginativo y un tanto naïf de «La suave Patria») que se titularía, en ediciones posteriores, «Exvoto a López Velarde». López Velarde había muerto apenas el 19 de junio anterior. Tablada imprimió el poema en hojas que había teñido él mismo de colores y lo envió desde su domicilio neoyorquino a sus amigos en México.

Otro poeta, el guanajuatense Rafael López, buen amigo de López Velarde y compañero de generación de Tablada, dirigió a este último una carta el 31 de agosto de aquel año, agradeciendo y comentando el «Retablo». En un párrafo de la misiva escribió: «Esta idea de hacer una impresión del poema en papeles que nos recuerden los aguinaldos de los serenos, también nos conmovió hasta las lágrimas». Leyendo esos renglones, la curiosidad y cierta memoria lopezvelardeana me obligan a observar que aquellos aguinaldos eran comunes en tiempos de López y Tablada pero ya no lo son ahora.

José María González de Mendoza, quien cita la carta en un ensayo fechado en 1951-1952, no da ninguna pista respecto a dichos aguinaldos, más allá de que fueran papeles de colores. Como es natural, cuando el poema de Tablada fue publicado en lo sucesivo (primero en la revista México Moderno de noviembre de 1921; después en las páginas iniciales del primer libro póstumo de López Velarde, titulado El minutero, de 1923; y por último en La feria de Tablada, de 1928) ese pintoresco rasgo editorial desapareció. Es difícil resistirse a pensar que las “policromías” del “tórrido festín” de la Patria, según las palabras de López Velarde, inspiraron en Tablada la idea de imprimir su propio poema en pliegos coloridos.

En la quinta estrofa del primer acto de «La suave Patria» está el aguinaldo que inevitablemente viene a la memoria cuando se lee aquella carta: «Suave Patria: tu casa todavía / es tan grande, que el tren va por la vía / como aguinaldo de juguetería”. No me parece inútil preguntar qué cosa es un “aguinaldo de juguetería». Aunque se trate de una perífrasis para referirse a un juguete, los matices de las palabras que dan cuerpo a la expresión («aguinaldo» y «juguetería») justifican un pequeño paseo.

En la Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu se conserva una tarjeta navideña del siglo XIX, primorosamente coloreada, semejante a las que todavía deslizan en los buzones los carteros mexicanos en espera de una propina: «El sereno felicita a usted». Diferentes oficios acostumbraban esa práctica: en otras colecciones figuran tarjetas de lecheras, repartidores y panaderos. El «aguinaldo de los serenos» era, entonces, la gratificación económica que recibían los vigilantes nocturnos cuando se acercaba la navidad, y por extensión la tarjeta iluminada que se utilizaba para solicitar esa propina.

En la poesía de López Velarde aparecen dos gendarmes con tareas de sereno. En el poema «No me condenes» el gendarme presta oídos a la incertidumbre sentimental del poeta: «El gendarme, remiso a mi intriga inocente, / hubo de ser, al fin, forzoso confidente». Por otro lado, en «El retorno maléfico», hay un «gendarme que pita». Los refiero sólo como tema de conversación, ya que nada se demuestra con mencionarlos. No son gendarmes que distribuyan felicitaciones navideñas o pidan aguinaldos. Nada tienen que ver con el ferrocarril que cruza el país como un trenecito de juguete.

Otro poema de López Velarde contiene la palabra «juguetería» con un matiz que debe considerarse. Cuando, en una procesión, la carroza en la que viaja el Sacramento se detiene, López Velarde compara las calles con «una juguetería / que se quedó sin cuerda». Por lo tanto, la palabra «juguetería» designa el mecanismo de los autómatas, cajitas de música y trenes de cuerda, no la tienda donde se venden juguetes: el poeta dice «juguetería» como se dice «relojería» cuando se habla de las piezas y engranes interiores de los relojes.

Dicho lo anterior, debo reconocer que López Velarde no habla del «aguinaldo» en el sentido específico de «propina o sobresueldo decembrino», sino en el más amplio de «regalo navideño». Mi pequeña pesquisa despeja, en todo caso, alguna duda con respecto al «aguinaldo de los serenos», no con respecto al «aguinaldo de juguetería» de «La suave Patria». Si «el tren va por la vía / como aguinaldo de juguetería», debe comprenderse que va como el trenecito de cuerda que se regala en las fiestas navideñas.

Los editores y comentaristas de López Velarde apenas comentan la expresión «aguinaldo de juguetería», dando quizás por hecho que no es necesario explicarla. Yo me pregunto, sin embargo, si todo lector de «La suave Patria», cien años después de la muerte del poeta, comprende la expresión en su sentido más llano (y si, comprendiéndola, percibe los matices con que López Velarde usa las palabras aguinaldo y juguetería). ¿Cuántas otras palabras o expresiones del poeta requieren hoy un comentario que tal vez no necesitaron en su tiempo?