¿Dramaturgia jalisciense o dramaturgia global?

Pese a que existe un pequeño grupo de autores cuyas historias pudieran asociarse a Guadalajara y Jalisco, los dramaturgos de nuestro estado colocan más bien su obra en las vías de lo global, de lo que puede suceder en cualquier lado del mundo

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Salcedo, Calderón y LEGOM son tres autores que pueden reconducirse a una dramaturgia "jalisciense"

Teófilo Guerrero Manzo

Hablar de dramaturgias regionales o nacionales a estas alturas me parece un tanto arriesgado, por la liquidez y relatividad de “lo fronterizo”; antes, tal vez, la coincidencia temática o estilística, los lugares, los idiolectos o la caracterología de los personajes bastaba, hoy creo que eso es insuficiente.

Desde mi punto de vista también tiene que ver con la naturaleza y desarrollo de las prácticas escénicas y los vínculos que se establecen con el espectador, así como su arraigo en el imaginario social, lo que ha hecho de William Shakespeare, Molière, Calderón o Lope de Vega, auténticos baluartes de las dramaturgias de sus naciones.

En Jalisco hemos tenido dramaturgos notables por su obra o por sus logros individuales, como: Vicente Leñero, Diego Figueroa, Ignacio Arriola, Francisco Navarro y, más recientemente, Hugo Salcedo y Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio (LEGOM), pero entre todos no hay una línea que les pueda dar el estricto gentilicio de “jalisciense”.

Pero aun así creo que hay tres dramaturgos que, de alguna manera, en su devenir histórico pueden inscribirse en una línea estética, temática y estilística de “lo jalisciense”.

Jalisco por lo general es un estado conservador, con una fuerte carga religiosa, pero al mismo tiempo con una doble moral que se evidencia en varios hechos y acontecimientos sociales e históricos.

Uno de los primeros dramaturgos en observar a esa sociedad y sus particularidades fue, sin duda, Fernando Calderón.

Autor de dramas históricos ya perdidos en el tiempo, una de las obras que nos llega íntegra es A ninguna de las tres, con la que hace un retrato cómico de las sociedades provincianas de mediados del siglo diecinueve, en el que, sin duda, por la construcción de los personajes o las situaciones, desnuda a una ciudad de provincia, pretenciosa y arrogante, donde el protagonista debería elegir esposa, pero no lo hace debido a que las tres hermanas candidatas están imbuidas del espíritu de su metrópoli.

¿Por qué es importante Fernando Calderón para la dramaturgia de Jalisco? Por ser uno de los primeros dramaturgos de estas tierras en su fase independiente, por la notoriedad que alcanzó antes de su prematuro deceso y por la calidad de sus piezas. Cabe mencionar que el teatro principal de Zacatecas lleva su nombre, y que en cambio en su estado natal no tiene una presencia significativa en la historia oficial y cultural.

Hugo Salcedo fue uno de los primeros dramaturgos en la época contemporánea del teatro de Jalisco que alcanzó evidente notoriedad por su trabajo consecuente, sus logros profesionales y su constante labor académica en el campo de la dramaturgia.

En El viaje de los cantores cuenta la historia de varios migrantes que murieron asfixiados en un vagón de tren tratando de llegar a los Estados Unidos, en la que hablan de su origen, ilusiones, sueños, creencias, en un idiolecto accesible, sencillo pero no menos significativo y contundente.

La obra al mismo tiempo dialoga con San Juan de Dios, basada en el mítico barrio de Guadalajara, sus personajes, su dinámica, y con Música de balas (Premio Nacional de Dramaturgia 2011 de la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad de Guadalajara y el Gobierno del Distrito Federal) narrada a partir de la violencia generada por el narcotráfico, sus formas, sus víctimas, donde otra vez utiliza un lenguaje accesible que pone en el universo simbólico del espectador la crudeza del fenómeno.

¿Por qué dialogan estos tres textos?, porque va desde el origen, el barrio y las causas que obligan a los mexicanos a emigrar a los Estados Unidos en condiciones infrahumanas, y finalmente, la alternativa de desarrollo y supervivencia económica para quienes se quedan: el narco. En este sentido, Salcedo puede equipararse a los muralistas, a su paisano José Clemente Orozco, en la creación de un mosaico de ida y vuelta de las vicisitudes de quienes nos tocó nacer, vivir o morir en Jalisco.

Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio (LEGOM) escribe sus primeros textos fuera de Guadalajara, casi toda su carrera ha sido fuera del estado, sin embargo el espíritu de sus obras parece aludir en todo momento a esa Guadalajara que Fernando Calderón criticó muy pudorosamente.

LEGOM nunca menciona a Guadalajara, pero en su imaginario la ciudad, su doble moral, su universo moral, puede ser mencionado en cualquier momento, en especial en Si una noche, o algo así, Demetrius, Civilización, historias sin ciudad, pero con el espíritu de Guadalajara y sus alrededores y bajos fondos.

Estas tres voces críticas me parece reflejan de alguna manera lo jalisciense, por lo que en común dialogan, por los universos que aluden, por ese tufo a cosa conocida que aparece entre diálogo y diálogo, situación y situación. Pero en el fondo no sé si sea dramaturgia de Jalisco, pues hace tiempo que rebasaron el gentilicio para colocar su obra en las vías de lo global, de lo que puede suceder en cualquier lado del mundo, aunque parezca Guadalajara, Lagos de Moreno o Ciudad Guzmán.