Depresión riesgo en Ocotlán

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Ansiedad inducida por sustancias psicoactivas como anfetaminas y metanfetamina, depresión mayor, trastorno esquizofrénico, intoxicación psicotrópica con benzodiacepinas y crisis del estado de ánimo, son algunos de los padecimientos más frecuentes en jóvenes de Ocotlán, Jalisco, quienes tienen entre 16 y 35 años.
Lo anterior, es parte del estudio exploratorio realizado en 2008, por estudiantes de la carrera de psicología del Centro Universitario de la Ciénega, bajo la tutela de la maestra Adriana Berenice Torres Valencia, en más de 300 pacientes del Centro de Salud de La Barca, a donde son remitidos quienes padecen trastornos psicológicos.
En la investigación también se detectó que las mujeres son las más propensas a presentar depresión mayor, esquizofrenia afectiva y paranoide, bulimia nerviosa, codependencia e intoxicación por alcohol. Mientras que el sexo masculino: ansiedad inducida, intoxicación psicotrópica, problema paterno-infantil y conducta bipolar depresiva.
El que las mujeres de Ocotlán sean quienes más presentan depresión no es un caso aislado. De acuerdo a Lourdes Fañanás, profesora de la Universidad de Barcelona y Honorary Senior Lecturer en el Instituto de Psiquiatría de Londres, el riesgo de padecer un episodio depresivo grave a lo largo de la vida oscila entre el 5 y el 17 por ciento y es doblemente frecuente en el sexo femenino.
Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión representa por sí sola el 16 por ciento de toda la carga de enfermedad en el mundo, y estima que este trastorno ocupará el segundo puesto tras la enfermedad cardiovascular como causa global de invalidez en 2020.

Medicamentos sin control
En el centro de atención comunitaria de La Barca, sólo existe un psiquiatra y un psicólogo, pero no un centro especializado para la atención psicológica de jóvenes en Ocotlán. Existen grupos de autoayuda los cuales no cuentan con terapias adecuadas para estos adolescentes, comenta Torres Valencia.
Muchos pacientes por no encontrar especialistas, acuden a médicos generales en Ocotlán, quienes les recetan medicamentos que inducen al sueño, eliminan la depresión, pero no ataca el problema de raíz, y se agudiza la crisis.
“Hay mucha prescripción de ansiolíticos, antidepresivos por parte de médicos generales, que no tienen especialización en pacientes con depresión. Agregado a esto que debe realizarse un seguimiento farmacológico del paciente y su enfermedad. Muchas veces el propio especialista se equivoca, un médico general tiene aún más posibilidades de equivocarse ya que no es su especialidad”.
La especialista llama la atención a los padres de familia para que remitan a sus hijos a un psicólogo,  y verifiquen que la receta médica está avalada por un psiquiatra.
Se tiene un prejuicio con respecto a la salud mental, aclara Torres Valencia. “Una persona que sufre de ausencia de salud mental los que llamamos ‘locos’ pueden llegar a desnudarse en la calle, no saben quienes son y caminan sin un rumbo determinado. En los jóvenes es diferente. Dan señales de alertas que no las escuchamos, hasta cuando vemos síntomas depresivos llevados al extremo de intento de suicidio al cortarse las venas o tomar pastillas”.
A través de las tutorías que se imparten desde el Centro Universitario de la Ciénega, se han detectado casos de jóvenes con depresión. Las señales más claras que presentan son bajo rendimiento escolar, aislamiento de su grupo de amigos y de su núcleo familiar.
En cuanto al sexo femenino destacan los casos relacionados a violencia intrafamiliar y en el noviazgo. Lloran, tienen dificultad de concentrarse y se enclaustran. A estas chicas las remitimos a una unidad de asistencia de víctima de la violencia del DIF, en donde se les ofrece asesoría psicológica, dijo la especialistas, y agrega que es la familia o la escuela, quienes pueden aportar datos relevantes para detectar algún cambio de conducta del joven.
Cabe destacar la labor extra cátedra de algunos maestros quienes remiten a sus estudiantes que han tenido un cambio desfavorable en su nivel académico o en su manera de relacionarse.

Alcohol contribuye a la depresión
Una factor que provoca la depresión en los jóvenes es el abuso de sustancias licitas e ilegales como el alcohol, al afectarse el aparato del sistema nervioso central por el exceso en la ingesta de bebidas alcohólicas, señala Adriana Berenice Torres Valencia.
Hoy existe dificultad en el joven para formarse una identidad sana, de cristalizar un proyecto de vida económicamente productivo. Â
“Hay jóvenes que no visualizan su futuro con respecto a nuevas perspectivas laborales. Ya sea porque no terminan sus estudios y pierden el sentido de pertenencia que le refuerce su autoestima, o no tienen una actividad laboral remunerada aceptable”, indicó.
Menciona, además, que ven su proyecto de vida empobrecido, sin otro destino que formar una familia, y los que deciden irse a los Estados Unidos, carecen de un plan de vida satisfactorio. Por otra parte, está un grupo relevante, los que cursan una carrera y al salir no encuentran trabajo, jóvenes con menos expectativas para desarrollarse profesionalmente.
Los jóvenes, contrario a lo que la mayoría piensa, que son muy volubles y se encuentran en una etapa de carencias: son personas preocupadas por los conflictos matrimoniales de sus padres, el consumo de drogas de algunos de sus miembros y la violencia intrafamiliar. A ellos les afecta el no poder tener soluciones para estos problemas y por eso buscan aislarse de la familia y se van con los amigos.
Torres Valencia indica que no podemos ver como normal o etiquetar al hijo o estudiante adolescente como “raro” porque es joven, que se aísle, no hable, y se le justifique su irritabilidad, que no duerma o que tenga conductas extrañas. Detrás de toda esta actitud, viene una sicopatología más severa  que puede tener solución, el joven necesita mayor atención.

“Hay que ser más fuerte que el problema”

Arturo Gudiño
testimonio de un joven con depresión

comencé sintiendo una gran tristeza, ganas de no hacer nada, lloraba, estaba sin ánimos y con angustia, todo por el rompimiento con una novia. Quería resolver las cosas en el tiempo y la forma que yo deseaba, por lo que se apoderaba de mí un sentimiento de impotencia. Cada vez que volvía a verla era recordar los momentos difíciles y nos lastimábamos mutuamente con reproches y agresiones psicológicas. Yo no quería saber nada de esa persona ni una noticia buena ni mala ya que eso me hacia retroceder en mi proceso de curación.
Al principio nunca me quedaba en casa, escuchaba música, salía a caminar solo o con mis amigos. Luego fui con una maestra de psicología quien me ayudó con terapia Gestalt y resolvimos algunos problemas, otros quedaron sin resolver. Yo seguí con el ritmo de vida y seguía en un círculo vicioso y me reprochaba y tenía mucha culpa. Pasó un tiempo y volví a terapia, donde me di cuenta que tenía un yo fuerte, que mi deseo de vivir era más enérgico que el deseo de morir por haber caído en este problema. Y seguí diciéndome a mí mismo que yo podía salir adelante porque era más fuerte que el problema. Salí de todo esto sin drogarme, ni alcoholizarme y menos sin intentar suicidarme. Ahora soy más honesto conmigo mismo y habló en su momento sobre las cosas que me molestan de una manera asertiva.