Dante Medina en el espejo del teatro

El poeta, narrador y dramaturgo fue acreedor al Premio Nacional de Dramaturgia Óscar Liera 2020, que otorga la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), por su obra "Fémina Paradoxus"

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Foto: Abraham Aréchiga

Para Dante Medina el teatro es el espejo en el que se ven los seres humanos, y es también un jardín de niños a donde acuden a divertirse. Él se considera un teatrero, que figura en el “Diccionario Mexicano del Teatro Siglo XX”, y confiesa que antes de publicar su primer libro, fue puesta en escena una obra de su autoría.

“Me he dedicado al teatro toda mi vida, y conozco a los actores y teatreros de Guadalajara, quienes me consideran como uno de los suyos”, expresa Dante Medina, acreedor al Premio Nacional de Dramaturgia Óscar Liera 2020, que otorga la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) por su obra Fémina Paradoxus.

El Premio Óscar Liera es uno de los más importantes y respetados del país entre los dramaturgos. El jurado conformado por el crítico e historiador teatral y académico de la Universidad de Buenos Aires, Jorge Dubatti; Antonio Zúñiga Chaparro, director General del Centro Cultural Helénico y Juan Enrique Mendoza Zazueta, académico de la UAS eligieron el trabajo de Medina por “ser una obra rigurosamente trabajada en el lenguaje, cuidando todos los detalles en su construcción dramática, su propuesta poética y desarrollo”.

Fémina Paradoxus es una obra con cinco personajes, de carácter serio y dramático con un toque lúdico, sello del autor. Trata sobre el papel de la mujer en la sociedad contemporánea, y cómo se las arregla para contribuir a la vida de ese otro ser que es masculino. En lugar de verlo como un enemigo y atacarlo, ella lo percibe como una persona a la que hay que ayudar porque no está muy preparado para el mundo.

La obra tiene un tono fantástico, bajo una idea de teatro moderno, que implica una escenografía y un vestuario muy creativo, y rasgos de tragedia griega.

El título es una invención de Dante Medina, quien explica que en la botánica y la zoología se usa “paradoxus” para lo difícil de clasificar, y el término fémina por mujer.

“Se trata de una mujer muy paradojal, y parece redundancia, ya que las mujeres son paradójicas, y los hombres nos pasamos la vida quejándonos porque no las entendemos, y como personajes a mí me parecen más ricos y atractivos para escribir en comparación a los personajes masculinos. Además, yo soy un escritor que se enamora de sus personajes, y me sale mejor enamorarme de una fémina que de un hombre”.

Confiesa que Elena Garro (1916- 1998) y Maruxa Vilalta (1932- 2014) son dos de las dramaturgas que fueron sus maestras involuntarias, y menciona su gusto por el teatro del absurdo, que tiene entre sus representantes a Samuel Beckett (1906 – 1989) y Eugène Ionesco (1909- 1994).

Dante Medina, además, externa su cariño por los clásicos. “Yo he leído con mucha pasión todo lo que se ha publicado de Shakespeare, y otro de mis preferidos es Molière. Ambos son dos grandes escritores”.

Expresa que otro gran dramaturgo es Albert Camus (1913- 1960), quien ganó el Nobel de literatura en 1957. Él es recordado por novelas como La peste y La caída, pero pocos se acuerdan de sus obras de teatro, como Calígula y El malentendido, que son extraordinarias. “Yo una vez llegué a decir que la segunda era la mejor obra de teatro del siglo XX. A ese nivel lo admiro”.

Dante Medina es además de dramaturgo, poeta, novelistas y ensayista. Ha sido acreedor a numerosos premios, entre ellos el Premio Nacional de Novela José Rubén Romero 2010, con su libro Ya nadie es perfecto; en 2011 gana el Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez, con su libro El aborto como estrategia. En 2014 gana el Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con su novela Amor, cuí­dame de ti.

Es licenciado en Letras por la Universidad de Guadalajara y doctor en Letras Románicas por la Universidad Paul Valéry Montpellier, posee una larga trayectoria en el mundo literario e intelectual de México y Latinoamérica.

En un mensaje que difundió por video, usted contó que el jurado pensó que la obra Fémina Paradoxus era de una mujer. A su juicio, ¿qué características tiene la obra para llevar a pensar eso al jurado?

Es algo que me hace gracia. Cuando no saben quién es el autor de una obra, los jurados conocedores de literatura siempre dicen que es de una mujer, y esta vez no fue la excepción. El asunto es que siempre he considerado tener una escritura femenina. Para mí la escritura y la lengua son mujer. Por eso calificamos a la lengua como materna, y además la lengua nos la enseñan las madres, no los padres, y creo que la mujer está más dotada para la lengua que los hombres.

¿Qué significa el teatro para usted?

El teatro es mi vida. Así tal cual. Antes de la literatura, empecé actuando en la secundaria. Obtuve mi primer protagónico en la preparatoria. Estudié teatro en la Universidad Veracruzana, en una formación que abarcaba el ser maquillista, utilero, escenógrafo, director y actor, entre otros. Fui profesor en la materia en la Universidad de Guadalajara, a nivel preparatoria a finales de los años 70. Después me fui a Francia a la Universidad de Paul Valéry a estudiar el doctorado en Letras Romances. En esa casa de estudio había un grupo de teatro y ahí ingresé. A los cuatro meses era director del mismo, y fungí como tal durante tres años. Además, soy autor de más de una docena de obras que han sido representadas para diversos públicos.

¿Cómo se involucró en escribir teatro?

Empecé como actor en el teatro, pero luego me interesó la iluminación, y luego el vestuario. Me fui interesando en todo. Poco a poco me di cuenta que tenía vocación de escritor, pero no quería abandonar el teatro. Está en mi corazón, porque siempre me dio muchas satisfacciones, y en Francia me quitó el hambre, ya que la beca para estudiar en el extranjero era para morirse de hambre, y si no hubiera sido por el teatro, eso hubiera sucedido.

Usted es además poeta, ensayista y novelista ¿Cómo se ha complementado en usted todas estas distintas maneras de escribir?

Si el teatro no recibiera sustancia de la poesía sería vacío. Es decir, los que no son lectores de poesía, difícilmente harán buen teatro, porque entonces se limitan a ese realismo sencillo de “buenos días”, “buenas tardes” o “siéntese usted”. El jurado que calificó mi obra Fémina Paradoxus hizo notar el manejo del lenguaje y nivel poético. La poesía es una gran maestra para redactar bien y la prueba está en que el teatro nace siendo poesía. Eso es válido en Occidente y en Oriente. Me sirve mucho como dramaturgo tener suelta la mano para la poesía.

¿Y en el caso del teatro y la novela?

Se ayudan entre sí. Una de las dificultades de muchos novelistas y cuentistas es cuando se enfrentan con el diálogo porque en la escuela nos enseñan a redactar. Es decir a contar hechos y a describir, pero, por lo general, no hay una materia que enseñe a hacer diálogos, a generar personajes. Cuando uno se entrena en el teatro o en la novela, ambas formas de escribir se ayudan mutuamente. El elemento máximo del teatro es el diálogo, dejar hablar a los personajes.