Cuba-México historias paralelas

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En la fotografía cubana de las últimas décadas, la mirada ha estado contextualizada por un profundo apego al ritmo histórico de la nación. Los jóvenes fotógrafos cubanos nacieron a la fotografía justo en los ‘90, con la caída de la URSS, el período especial en Cuba, la crisis de paradigmas…
La obra de Giorgio –Jorge López Viera, La Habana, 1972– está marcada por esa nueva reflexión que trajo a los cubanos la isla al entrar en las aguas del XXI con las velas maltrechas. Sin embargo, sería una simplificación politizarla en extremo, lo que estrecharía una mirada ecuménica que no responde a límites geográficos.
El calvario humano supera el concepto de país. En la cubana Ciénaga de Zapata, en las calles de La Habana o en el sufrido Chiapas mexicano, el objetivo de Giorgio es el Hombre y su compromiso con los más humildes, los malaventurados, esos que pueden encontrarse, en disímiles circunstancias, en Bagdad, Nairobi y Medellín o en París y Nueva York.
No aparece la masa homogénea y sin rostro en su obra: sus instantáneas tienen cara y cuentan historias personales que, hiladas, llevan a la tragedia colectiva. Sin perder de vista todo cuanto pueda caber en su lente, Giorgio hace el clic mirando a los ojos de su fotografiado. Lo conoce, ingresa en su experiencia. En tal sentido ejerce y comunica un espíritu crítico que le coloca en el bando de las voces alternativas.
Como documentos, como rotundas miradas que nos descubren, sus imágenes duelen. Como creación, nos envuelven en un torbellino de perspectivas, claroscuros, transparencias y asociaciones entre objetos, lo que desata polisemias y abre el espacio infinito de la poesía.
La exposición Cuba-México, historias paralelas se puede apreciar en el MAZ hasta el 15 de febrero.