Cinco siglo de lágrimas

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Cuentan que es amiga de la penumbra, su figura fantasmal sigue recorriendo caminos solitarios, barrancas, calles y callejones oscuros; el paso de los siglos no ha podido mitigar su honda pena, la Llorona sigue viva en el imaginario popular, muchos creen haberla visto. Cuentan que todavía lamenta la muerte de sus hijos.
Algunos dicen que se llamaba Juana Canana, una madre soltera del barrio de Dolores, ubicado en la Ciudad de México, que por matar a sus hijos, después de morir, fue condenada a vagar por toda la eternidad. En San Luis Potosí hay quienes la identifican con el nombre de Lucía y otros creen que se trata de doña Marina, la mal llamada Malinche. Cuentan que al morir doña Marina fue condenada a penar por haber traicionado a los de su raza.
El mito de la Llorona es parte de la cultura mexicana. Existen figuras iguales o equivalentes en Chile, Venezuela, Costarrica y Panamá, explica Bogar Armando Escobar Hernández, profesor investigador del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH).
Este académico no descarta la idea de que se haya difundido de México a otras partes de Centroamérica y Sudamérica. Los mitos tratan de explicar al mundo y cumplen una función y didáctica social. En el caso de la Llorona, mito muy difundido en la época Colonial, advertía a las mujeres sobre las consecuencias de vivir con un hombre sin casarse y desquitar sus frustraciones con los hijos, era una especie de freno para ellas.
Ahora el mensaje no tiene el mismo impacto en las nuevas generaciones. La manera de pensar en torno al matrimonio y la sexualidad ha sufrido cambios, sobre todo en el medio urbano. Sin embargo, el mito sobrevive, por ser parte de un legado cultural, ya que todavía prevalecen en ciertos ámbitos las maneras de pensar tradicionales y porque “el ser humano necesita creer, imaginar y desbordar la realidad, crear mundos alternativos que otorgan otras posibilidades de vida, de conciencia y de percepción. Esa necesidad es intrínseca al hombre y no va a cambiar”.

En tiempos de la Colonia
El antecedente primigenio de la Llorona se remonta a tiempos prehispánicos. La diosa Cihuacóatl era mitad mujer y mitad serpiente, era protectora de los partos y de las mujeres que morían durante éste. Ella abandonó a su hijo Mixcoatl. La tradición dice que regresaba frecuentemente al lugar donde lo dejó para llorar por él.
Miguel León Portilla, en La visión de los vencidos, hace referencia a Cihuacóatl, que de acuerdo a los informantes de Bernardino de Sahagún y al Códice Florentino, antes de la llegada de los españoles, presagió la caída de la gran Tenochtitlan. “Ella lloraba y gritaba por las noches: ‘¡Hijitos míos, pues ya tenemos que irnos lejos!’ A veces decía: ‘Hijitos, ¿a dónde los llevaré?”’
Al parecer, Los españoles adaptaron a su cultura el mito de Cihuacóatl. Después de la conquista se hablaba de una mujer indígena que tuvo amoríos con un español. Él nunca se casó con ella. En venganza ahogó a los hijos de ambos y por eso penaba. El relato habla también del mestizaje biológico y cultural entre españoles e indígenas, detalló el investigador de la UdeG.
En la segunda mitad del siglo XVI, en la Ciudad de México, había gente que narraba que al toque de ánimas, alrededor de las once de la noche, una mujer vagaba por la ciudad sin que sus pies tocaran el suelo. Gritaba: “¡Ay mis hijos!” Decían que portaba un vestido blanco, a veces transparente. Algunos afirmaban que desaparecía rumbo al lago de Texcoco, por lo que se le empezó a vincular con cuerpos de agua.
Después de que el mito de la Llorona se fortaleció en el ámbito urbano, en el siglo XVII pasó al medio rural donde a la historia se le dio un nuevo giro. Se trata de una joven de un pueblo, que en la ciudad es engañada y mancillada. Ella regresa a su lugar de origen y por temor al castigo de sus padres ahoga a su hijo en un río. La Llorona tuvo su mayor auge a mediados del siglo XVI y durante el siglo XVII. El mito se extendió del centro a todo el país. El manejo de la electricidad para beneficio del hombre fue un avance tecnológico que influyó en su transformación. Perdió fuerza en las ciudades, pero en el ámbito rural todavía es cobijada por la noche.