César Urbina

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Hasta el principio de la tarde, César trabaja en Radio UdeG. Pero, luego, conforme va bajando el sol, sale a relucir su sonido como Cubenx: mútliple y distinto de placa en placa. La más reciente es On your own again, los instrumentos grabados y la voz desde la realidad cobran protagonismo frente al beat sintético, aunque no lo abandona. Aquí tiene apenas un puñado de fechas al año, pero su carrera arrancó en Berlín y en Europa donde más eco hace, sobre todo ahora con esta colección un tanto oscura, como si se desprendiera un trozo de cielo plomizo y latente.

Tour
Me fue muy bien en Europa en diciembre, aunque esta vez el tour fue diferente: siempre había ido a tocar techno en clubes para hacer bailar a la gente y esta vez fui con un amigo en formato de banda. Tocamos conciertos donde la gente estaba sentada: en teatros, en salas bien grandes donde lo único que se hacía era escuchar. El primero fue en la Sala Apolo de Barcelona, así que te imaginarás qué estresante fueron esas tres semanas… y divertidas.

On your own again
El disco tiene más o menos un porqué nostálgico y triste. He pasado temporadas en Europa, en invierno, en Berlín tres veces, y en Lille. Con el frío y sin trabajar más que en las tocadas, me tocó vivir la experiencia completa de la fiesta: bailar incesantemente y casi sin dormir desde el viernes y no volver a casa sino hasta el lunes o el martes. Luego de un rato, te empiezas a deprimir y a demacrarte. Vives en un ciclo en el que no haces nada más, y caes en una especie de depresión cuyo remedio es estar de fiesta: de martes a jueves estás sólo esperando a que sea viernes de nuevo. Al final, esta situación sí afecta y sí te da un bajón.

Guadalajara
Llegué a aquí hace dos años. Me parece que es un buen lugar y un buen momento para ser músico o creador. Se me figura como el fenómeno de Berlín donde es barato vivir, hay muchos estudiantes y ciertas zonas donde se concentran muchos artistas, como esta colonia [Americana]. Guadalajara también tiene un lado súper conservador y de mucha lana que no está tan interesado en la cuestión cultural. No hay mucha interacción entre clases sociales y áreas de la ciudad, así que sí está muy dividido el panorama. De todos modos, creo que sí hay más escena aquí –no sólo de electrónica sino incluso de rock e indie– que en el DF y, sobre todo, está más organizada: algo muy típico tapatío son los colectivos.

Geografías
Conocí a los DJs tapatíos en Berlín, no aquí, por eso nunca me he sentido parte de esa escena, hasta ahora, un poco. De 2005 a 2010 no estuve más de seis meses en una ciudad. Fue mucho tiempo de no saber dónde está tu casa y de decir: “Soy de México, pero no vivo allá”. Y de no estar conforme, porque, por ejemplo, viví en Vallarta y es muy bonito, pero es aburridísimo en el aspecto cultural. Y por eso mismo me había ido de Uruapan, Michoacán, donde crecí. Es una ciudad donde hay mucha migración y cuando regresaban los migrantes, sus hijos traían mucha música fresca de Nueva York, de Chicago… En ese tiempo no había internet: ellos eran el único medio para conseguir discos, ropa e influencias que no se conseguía en otras partes de México: es la historia de mi generación.

Vivir
Con la cantidad de eventos y ventas de un artista de mi nivel, es muy difícil vivir nada más de la música. Tengo amigos que en Francia obtienen 900 euros al mes nada más por ser músicos: es un sistema en el que si tocas una determinada cantidad de fechas pagadas a una cierta tarifa mínima al mes, obtienes el estatus de músico profesional y automáticamente te dan esa ayuda. Aparte, allá se paga muy bien una tocada. Estaba viendo un show de un payaso en Chapultepec hace un par de semanas en la Fiesta de la Música, y me pregunté: ¿Cuánto ganará? De seguro, más que yo: aquí un DJ local cobra un promedio de dos mil pesos por noche, a lo mucho. Si eres de talla internacional pueden llegar a ser hasta cinco mil, pero la verdad es que si vas empezando, puede reducirse solamente a las chelas.