Aspirantes de tercera categoría

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Aunque no son garantía de que llegarán mejores personas a los cargos públicos, las candidaturas independientes parecen el último resquicio de esperanza para que la gente vuelva a creer en la política. Sin embargo, quienes elijan esta vía, habrán de enfrentar una contienda desigual, con una ley que los trata como aspirantes de segunda o tercera categoría, a lo que se suma la participación de polémicos personajes que podrían empañar esta figura legal.

“No hay garantía de que los candidatos independientes sean mejores, pero permiten poner en evidencia la crisis del sistema político, sobre todo del sistema de partidos y a las mafias, las élites, las aristocracias políticas que controlan los accesos a los espacios de representación popular”, afirma Jaime Tamayo Rodríguez, investigador del Departamento de Estudios sobre Movimientos Sociales, del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades.

Personajes tan disímbolos como payasos o disidentes de partidos tradicionales, pasando por jóvenes profesionistas que buscan fórmulas de política colaborativa, asumieron el desafío de ser los primeros candidatos independientes en Jalisco. Ahora tendrán que reunir firmas para completar su registro. La cantidad solicitada por la ley es el dos por ciento de la lista nominal. Esa odisea para obtener el apoyo ciudadano, será la primera prueba que habrá de dejar en evidencia la inequidad en la contienda.

“El problema de las candidaturas independientes es que se les hacen muchas exigencias, bastantes más de las que se le hacen a un partido. Si alguien quiere contender por la Presidencia de la República tiene que reunir muchas más firmas en un tiempo mucho menor que para registrar a un partido político. A nivel distrital o de senadores, hablamos de ocho veces la cantidad de firmas que se requieren, en sólo dos meses, mientras que para registrar un partido es de un año”, explica Tamayo Rodríguez.

Si se les niega el registro, los independientes no tienen derecho a recurrir al Tribunal Electoral. Su única forma de defensa es acudir a organismos internacionales. Tampoco tienen derecho a voz en las sesiones de consejo del Instituto Nacional Electoral (INE), como sí ocurre con los partidos tradicionales.

“A final de cuentas esta es la concesión, entre comillas, que hicieron los partidos a esas demandas ciudadanas no partidistas. En ese afán de que persista el sistema proteccionista, restringen las puertas a los que quieren llegar por vías distintas. Esto hace que sea mucho más difícil”.

En Jalisco, 26 personas presentaron su carta de intención para ser precandidatos independientes. El 17 de enero, el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana (IEPC) determinó que 15 cumplieron los requisitos. Diez de ellos buscarán una presidencia municipal y cinco una diputación local.

No es la panacea
Para Tamayo, la participación de candidatos independientes no es una fórmula infalible que vaya a garantizar que lleguen sólo personajes intachables. En el ámbito internacional, recuerda que Alberto Fujimori llegó por esta vía a la presidencia de Perú. Gobernó 10 años, pero terminó sentenciado por actos de corrupción.

No es la primera vez que ciudadanos sin partido participan en comicios en México, y algunos ya triunfaron. Raúl de Luna Tovar, en el municipio de Enrique Estrada, Zacatecas, se convirtió en el primer alcalde independiente en la historia del país. Hilario Ramírez, quien en un mitin confesó públicamente que ”robó poquito”, también llegó por la misma vía a ser primer edil de San Blas, Nayarit. Antes lo había sido, pero con las siglas del PAN.

“Quienes han logrado triunfos, en esos casos, son candidatos disidentes de partidos, que tienen estructura similar y recursos para cumplir con todos esos requisitos. Difícilmente vamos a encontrar un ciudadano que venga desde fuera de las instituciones partidistas que logre un registro y posicionarse, cuando le ponen limitaciones que no tienen los candidatos de los partidos”.

Tamayo comenta el caso de Lagrimita, payaso que aspira a la presidencia municipal de Guadalajara. Con las proporciones guardadas, lo asemeja a lo ocurrido en Italia con el comediante anarco fascista Beppe Grillo, que a través de su partido Cinco Estrellas obtuvo la votación más alta para un instituto político, y aunque fue derrotado por una coalición, se convierte en líder de una fuerza decisiva en el Congreso.

“En el caso de Jalisco la participación del payaso “Lagrimita” mostrará hasta dónde los electores ven el proceso electoral como un circo. La votación de “Lagrimita” demostrará hasta donde los ciudadanos simplemente ven como un montón de payasos a los que están participando y si simplemente votan por un payaso más”.