Arte sobre la pared

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La noche está cerrada y tibia. Las calles del centro guardan silencio a esas horas, pero todavía hay gente esperando el último camión. Caminar bajo la luz de las lámparas públicas no sería jamás como caminar entre los focos de una galería, si no fuera por ese muro: los pájaros vuelan en todas direcciones, algunos se posan sobre la banqueta, otro en el número de la finca. Un vagabundo duerme agazapado en una banca y el pajarero camina con sus jaulas cargadas en la espalda, vacías. El periódico Público también se impresiona y saca una foto en la primera plana. Hacía meses que no se veía tan buen grafiti.
Pero el autor no es tapatío. Ni siquiera es una sola persona. Al mirar con cuidado la pared curva que une a las calles de Pavo, Leandro Valle y Libertad, se puede ver una perinola bailando a los pies del pajarero. Esa es la firma. “Todos Ponen” es un colectivo de jóvenes artistas de la Ciudad de México, que gracias a una beca del gobierno capitalino desarrolló a lo largo del año pasado una serie de esténciles murales cuyos motivos recuperan los oficios de barrio de antaño: el pajarero, el afilador, el camotero, el voceador, el globero…
Fue Eder Almanza quien lo trajo a Guadalajara. Viajó con los trazos y aquí los reprodujo en placas de cartón. Pidió permiso para pintarlo. “Siempre son pintas legales. Las bardas son fáciles de conseguir, porque ven el trabajo y les agrada”. Lo hizo en tres sesiones de cuatro a cinco horas cada una.
No fue su única obra aquí. Cinco cuadras al sur, en la esquina de Mexicaltzingo y Federalismo, pintó una escena que ya no es frecuente: seis niños juegan a las canicas sobre la tierra.

Más allá del grafiti
Ahora se ven nuevas formas de lo que comúnmente se conocía como grafiti. Pero las diversas técnicas, temas e intenciones han creado nuevas categorías. El grafiti como tal consiste en simples firmas de letras deformadas. Se relaciona con bandas organizadas por territorios, cuyos límites marcan con ellas; para esto basta un marcador, etiquetas o cualquier aerosol.
El grafiti artístico todavía se concentra en las letras, pero explota otras posibilidades: tercera dimensión, color, efectos visuales, etcétera. El grafiti mural es el siguiente paso en complejidad: escenas, paisajes, retratos fantásticos o caricaturizados que exaltan los elementos de una cultura frecuentemente relacionada con el hip hop.
El esténcil –como técnica del arte urbano– deriva de lo anterior, pero pertenece a una nueva ola de expresión que también incluye al póster y las calcomanías o stickers: el postgrafiti.
Las manifestaciones del postgrafiti –dicen los teóricos– surgen en la década de los ‘60, cuando algunos sectores de la población tomaron el espacio público para protestar por causas políticas y de lucha social.
La raíz propagandística del postgrafiti ha evolucionado a partir de los 90, en dos vertientes: una forma aún ideológica, que busca expresar mensajes abstractos; y otra más decorativa, ejercida por diseñadores que aplican a su obra elementos de la publicidad.
“2008 fue el año del punch”, dice “Dyetah”, uno de los responsables de ese movimiento. Su icono más conocido es el rostro de una mujer con un peinado esponjoso, con pétalos en lugar de cabello. Afro-lotto alcanzó tal popularidad que ahora es el elemento principal de su línea de ropa, muebles y artículos de decoración.

La calle y el muro
El año pasado, el museo Raúl Anguiano organizó una muestra de arte urbano, para reconocer la validez de esta forma de expresión. Pero no todos los que pintan en la calle están contentos con el paso. Dyetah lo explica: “¿Cuánta gente crees que vaya en un día? No se compara con la gente que ve un un esténcil en la calle. Es la mejor galería. Si quieres hacer algo, tienes que hacerlo en la calle, porque la banda te ve ahí todo el tiempo.”
Otros artistas se preocupan más por el espacio, recuperar los sitios oficializados y alienados; tomarlos para apropiarse de ellos anónimamente, en nombre de todos. O para denunciar los sistemas a los que representan. Un caso célebre es el del pintor francés Gustave Coubert. En 1871, con el voto de la Asamblea de París, Coubert desmanteló la Columna de Vendí´me. Su objetivo era destruir la memoria física de la violencia, la guerra, el colonialismo y la muerte que Napoleón interpretó en un discurso escultórico y urbanístico como un hecho glorificante. A este acto se le llama vandalismo, en el mejor y más amplio de sus sentidos. En el peor y más estrecho, es la simple destrucción arbitraria.
Con relación al material, la pintura es lo más permanente. “La estética del aerosol es más directa. La brocha tiene más que ver con el muralismo, con una pintura más mimética”. El alto contraste del es la característica fundamental de su estética, aunque se pueden aplicar varias tintas en capas para lograr mayor detalle.
Muchos esténciles se pintan primero en papel y luego se aplican con sellador, como un cartel. El papel es más efímero, pero más rápido de aplicar. Esto lo convierte en el mejor amigo de la clandestinidad.
“Siempre retomo espacios abandonados o muy deteriorados. Hay muchos en Guadalajara. Casas que estén chidas no las toco”, es el código de Dyetah. Con todo, lo han detenido un par de veces, aunque se ha zafado fácilmente “con un 100 o un 150… nada que no se pueda ‘arreglar’”.
La idea del vandalismo como un crimen suele eliminar las obras de postgrafiti rápidamente. Eder Almanza colocó otro esténcil en nuestra ciudad en noviembre del año pasado. Era un carretonero de basura, de los que usaban un caballo para jalar la carga, en la rambla Cataluña. Duró menos de un día.
“La diferencia está en la propuesta, en lo que vas a decir. Mucha banda sólo raya por rayar, no tiene un mensaje directo: sólo es tomar la calle, usar la lata y ya. Nosotros nos clavamos un rato para idear primero la propuesta“, dice Eder.
El esténcil, en toda su condición pública y urbana, masiva, anónima y efímera, es una ratificación actual y pulsante de que el arte se adapta siempre, no importa cuánto cambien las circunstancias, las técnicas, los códigos morales y penales, el escenario y el ser humano. Mientras uno sobreviva, el otro lo acompañará.

Banksy, el maestro de Bristol
No importa quién es. Mucho se ha especulado sobre su identidad, pero resulta un asunto que palidece cuando aparece una de sus “pintadas” por la calle: ratas vestidas como ejecutivos; policías succionados en un beso homosexual, o meando, o rayando la pared; soldados con redondas caras amarillas y sonrientes, o siendo cateados por una niña, o la misma niña regando una antena de televisión, o abrazando el aparato; o Mickey Mouse y Ronald McDonald tomando de la mano a una niña vietnamita que corre desnuda, horrorizada y bañada en napalm.
Su obra empezó a aparecer en Bristol, al mismo tiempo que las bocinas de esa ciudad británica se desbordaban de dub step y drum & base. Siguió con Londres, inundando con su firma los sitios favoritos de los turistas para arruinarles el escenario. Ha intervenido grandes museos como el Louvre, el MOMA de Nueva York y el British Museum.
En el muro que separa Palestina de Israel pintó a una niña sujetada de una nube de globos, y una salita con una linda ventana hacia el otro lado. Según su libro Wall and piece, un anciano le dijo: “Haces que el muro se vea bonito. Pero nosotros no queremos que se vea bonito. Odiamos ese muro. Vete a tu casa.”
Se ha criticado a Banksy últimamente por colaborar con MTV, Puma y Greenpeace, así como por vender su obra en galerías hasta por tres mil libras. Lo cierto es que el establishment se ha visto seducido por su ácida crítica al capitalismo, la monarquía, el militarismo y la guerra; la heredada cultura burguesa, la pérdida de la individualidad, y en general todos los puntos oscuros del orden social.
Banksy resume su ideología en un manifiesto-epígrafe, una frase de Emo Philips: “Cuando era niño, rezaba todas las noches pidiendo una bicicleta. Entonces me di cuenta de que Dios no funciona de ese modo, así que robé una y recé cada noche pidiendo perdón”.

… A tu ropa
1. La imagen debe ser una silueta o un grupo de siluetas con borde continuo a un solo color. Es posible descargar de la red imágenes con estas características. También se puede modificar cualquier otra gráfica o fotografía en un programa de manipulación de imágenes siguiendo estos pasos:
a) Desaturar los colores, es decir, convertirla a escala de grises y borrar los elementos innecesarios en la imagen.
b) Disminuir el brillo y maximizar el contraste para que quede en blanco y negro o bien, manipular el umbral (threshold) de la imagen.
c) Cuidar en la imagen que no queden segmentos aislados (islas) del mismo color del fondo (sea éste negro o blanco). Si las hay, unirlas al fondo o rellenarlas con el mismo color, simplificando la imagen. Entre más simples sean las siluetas, más fáciles de recortar y pintar.
d) Seleccionar y cortar solamente las siluetas de la imagen, y pegarlas en un nuevo documento o capa.
2. Imprime en acetato o cartón grueso.
3. Corta la silueta con una navaja con punta y remueve los fragmentos sueltos para generar la plantilla con orificios.
4. Fija tu prenda en una superficie plana, bien estirada, sin pliegues ni arrugas.
5. Coloca la plantilla sobre la prenda y fíjala con cinta en las orillas, para que no se mueva.
6. Aplica pintura acrílica para tela con una esponja o de preferencia con un rodillo, en el sentido que no levante los bordes internos de la plantilla.