Arte malbaratado

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Frente a la Casa de la cultura, que funge como sede provisional del CUTonalá, hay un pequeño callejón que conduce hacia el taller de Catarino Olea, “Cerámica los caporales”. Al ingresar, a mano derecha se encuentra su oficina. Catarino es un hombre de cabello cano y de aproximadamente 1 metro 80 de estatura. Dice tener más de 35 años en el oficio de la alfarería y relata cómo era en un inicio, cuando trabajaba en un taller de cuatro por cuatro metros, allí mismo, en Tonalá.

“En ese tiempo se vendía muchísimo. La cerámica estaba en su pleno auge. Entonces todo lo que hacíamos, lo vendíamos y el cliente no ponía objeción, porque no había tanto producto, no teníamos mucha competencia. Fuimos creciendo y empezamos a darnos a conocer. Por un tiempo exportamos, pero lo dejamos de hacer por cuestiones de precio de la competencia”.

Ahora las artesanías que hacen en su taller, tienen pintados los nombres de ciudades fronterizas o de playas conocidas, como Tijuana o Manzanillo; el motivo, argumenta Olea, es que lo que ellos hacen se va a zonas turísticas, porque no venden en Tonalá, ya que no hay forma de competir a la cerámica que viene de China y que ha hecho del tradicional tianguis de Tonalá un lugar donde se vende de todo y a precios que a ellos no les reditúa: “Una taza que nosotros vendemos en 25 pesos, allí encuentras una similar en 7 pesos. Imagínate cuánto les cuesta allá”.

Para Francisco Javier Ramírez Marín, jefe del Departamento de Cerámica de la Preparatoria de Tonalá, uno de los motivos principales de que la artesanía típica del municipio alfarero se vea amenazada, no sólo radica en lo que se vende en el tianguis tradicional, sino incluso las piezas utilitarias —como tazas, vasos, platos— que ofrecen en tiendas de autoservicio a costos reducidos.

De acuerdo a datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2009 el municipio de Tonalá contaba con 368 establecimientos encargados de la fabricación de artículos de alfarería, porcelana y loza, cifra que muestra una disminución, pues en 2004 el número total de establecimientos era de 645. Esto se evidencia en el impacto a los ingresos anuales: para 2004 ingresaban más de 136 millones de pesos por ventas de productos elaborados, mientras que para 2009 el ingreso disminuyó, hasta registrar más de 86 millones de pesos.

“Nosotros tenemos la idea de seguir manteniendo la cerámica que se hace, por la identidad cultural que ésta genera para nuestro país —argumenta el maestro Francisco Ramírez—, que viene siendo el carácter artesanal en muchos casos. La verdad es que ante los precios no podemos competir. La maquinaria que tienen les permite que los productos los puedan dar casi regalados, pues hacen montones de piezas en un rato y ante eso el artesano no puede competir. Nosotros en lo que sí podemos competir es en diseño, en decorado, en precisamente esa cuestión tradicional, para que sea identificatorio del mismo pueblo”.

Catarino Olea comenta que además de los productos chinos, en Tonalá se reciben artículos hechos en Guanajuato, donde la labor está malbaratada, cosa que también impacta a quienes hacen de esto un arte: “A veces llegan camiones llenos de platos y tazas, que te los venden en el tianguis hasta a 24 pesos la docena. Nosotros vendemos un plato en 30 pesos. Imagínate el impacto.

“Pienso que este tipo de arte debe tener más atención de los gobiernos e incluso debe ser apoyado en México y sobre todo en Tonalá, que es la región donde supuestamente hay más artesanías. Ahorita lo dudo que sea el primer lugar. Por ejemplo, en Japón al artesano lo tienen considerado como un maestro artesano y les dan apoyos en reducción de impuestos u otras facilidades fiscales. Aquí a nosotros no”.

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