Alejandro Almazán y su placa

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Detrás de la investigación de casos como el de la mataviejitas, Carlos Ahumada René Bejarano, o las bandas de delincuencia organizada de la zona de Tepito, hubo un hombre: el comandante Víctor Hugo Moneda Rangel, quien durante 25 años perteneció a las filas de la policía del Distrito Federal, hasta que fue asesinado por sicarios contratados por otro policía lleno de rencores.
En una crónica de 157 páginas, el periodista Alejandro Almazán, tres veces ganador del Premio Nacional de Periodismo, se acerca al hombre detrás de la colt .38, para hablar de sus filias, fobias, miedos, y de la muerte.
La más reciente publicación de Almazán, Placa 36, cara y cruz del comandante Moneda, es un mar de historias que editó la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), libro presentado en el auditorio Carlos Ramírez Ladewig, del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), como parte de las actividades del Seminario permanente de periodismo, organizado por la Dirección General de Medios, de la Universidad de Guadalajara.
Parece una historia de ficción, pero fue real: “el comandante Moneda pareciera un personaje sacado de Ciudad gótica o la serie del Pantera, pero el libro es toda una crónica. Yo no exagero ni nada: todo lo reportee”, comentó el periodista, quien conoció en vida al comandante que tenía la placa 36.
“Moneda me parece el clásico policía judicial, que de pronto nosotros a veces vemos, el que golpea, presiona, pero creo que tenía una virtud: que era incorruptible, y en estos tiempos que un policía sea incorruptible, es una de esas cosas medio extrañas”.
Al ser interrogado sobre por qué le atraen este tipo de temas, Almazán respondió: “Lo estoy viendo con mi terapeuta. He escrito sobre canibalismo, secuestradores, narcotráfico y este tipo de historias… Pero me gusta contarlo para entenderlo, además, yo veo que a la gente le gusta esto de policías y ladrones”.
Almazán platicó en alguna ocasión con el comandante Moneda acerca de hacer un libro sobre la mataviejitas, pero nunca cuajó. Después lo asesinan y el periodista tiene la oportunidad de editar Placa 36. Uno “como reportero se vincula un poco más con sus fuentes, y dije, voy a hacer algo. Me puse a teclear, le pedí chanza a mi editor de la Emeequis, porque tenía que trabajar a la par en el libro Entre perros y los artículos de la revista”.
En cuanto a su visita al campus universitario, donde realizó la presentación de su libro, comentó: “a mí me late eso de estar en las universidades, porque de alguna manera aprendo… En el CUCSH hay chavos muy prendidos, sí están informados, sí saben lo que está pasando en el mundo. O sea, que sí es una diversidad, porque hay chavos que quieren aprender, no son de esos que quieren estar pisteando, copiando y escuchando música”.