Adultos mayores, principales víctimas de la pandemia

Este periodo debería ser un área de oportunidad para generar estrategias que aceleren su adaptación a esta nueva realidad, mediante el reconocimiento y aprovechamiento de la experiencia y los saberes para fomentar un envejecimiento saludable

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Foto: Cortesía OACNUDH

El pasado 1 de octubre se conmemoró a nivel internacional el Día del adulto mayor, aunque en México se celebra el 28 de agosto, es una nueva oportunidad para reflexionar sobre las consecuencias que ellos han sufrido como las principales víctimas de la pandemia del Covid-19.

Las tasas de letalidad de las personas mayores de 80 años son cinco veces más altas que el promedio mundial, esto debido a las comorbilidades que de manera natural les acompañan por la edad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el 66% de las personas de 70 años en adelante tiene al menos una enfermedad preexistente, lo que incrementa los efectos graves del virus SARS-CoV-2.

En México el 61% de las muertes acumuladas por Covid-19, son personas de 60 años y más. A esto se agrega la discriminación que han enfrentado durante la pandemia por motivos de edad en las decisiones de atención médica, el triaje y los tratamientos vitales, lo cual ha puesto en riesgo sus vidas al no contar con los servicios de salud o haberse desplazado la atención de pacientes por la edad, así como la falta de atención a sus padecimientos al priorizarse el servicio a los enfermos Covid.

A lo anterior se agrega la limitante de la atención a domicilio para quienes tienen problemas de movilidad, ya que los profesionales de la salud dejaron de dar la asistencia por el exceso de trabajo en hospitales o por el riesgo de contagio.

Un efecto más de la pandemia sobre los adultos mayores ha sido la soledad en la que han transitado por un largo periodo hasta que aparecieran las vacunas, ya que, con el ánimo de mitigar la propagación del virus, se recomendó únicamente el acercamiento virtual o telefónico mediante los chats y las redes sociales, lo cual se tradujo en el aislamiento para este grupo de personas que ya de por sí atraviesa por situaciones que requieren del acompañamiento.

Para algunos, esta medida también se tradujo en desigualdad, porque carecen de habilidades digitales para mantener una comunicación efectiva mediante los distintos medios electrónicos o porque no tienen acceso al equipo y/o la conectividad.

En el país, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de las Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH), estima que solamente el 37.5% de la población con 55 años y más es usuaria de internet, mientras que los jóvenes de 18 a 24 años comprenden el sector con más usuarios con el 90.5%. Esto es un área de oportunidad para romper las inercias y generar una cultura digital en su entorno, ya que por una parte es una población que se resiste al uso de las tecnologías por su idiosincrasia o por la falta de capacitación; y, por la otra, las restricciones que en algún momento se dieron, incluso para asistir a los negocios y supermercados, por lo que apoyarlos para realizar trámites desde su casa puede mejorar su situación personal y sus requerimientos de atención.

La nueva "abnormalidad"
Foto: Rafael del Río – Derechos Reservados

Si bien la esperanza de vida cada vez es mayor en el país, ya que en 1930 era de 34 años, para 1990 era de 71 y en el año 2020 el promedio de vida de una niña o niño al nacer es de 75 años, esto no garantiza la calidad de vida de las personas, por tanto, se tiene que fomentar un envejecimiento saludable, que permita mejores condiciones para afrontar esta etapa de la vida. Además, porque en el año 2050, se proyecta que este sector representará más de una quinta parte de la población total, un dato que estará por encima del rango de edad de 0 a 5 años.

Aunque la vulnerabilidad de los adultos mayores se ha agudizado con la pandemia, esto no es un obstáculo para generar estrategias que aceleren su adaptación a esta nueva realidad, mediante el reconocimiento y aprovechamiento de la experiencia y los saberes de una generación que ha contribuido con su vida y su sabiduría a los hogares y las comunidades a lo largo sus vidas.