Violencia de género en las comunidades

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Insultos, amenazas de muerte, golpes, descalificaciones y la agresión sexual son algunas manifestaciones de violencia que suelen sufrir las mujeres indígenas de Jalisco, afirmaron Rosa Rojas Paredes y Fabián González González, durante la presentación del libro Las viejas historias. Violencia y exclusión femenina en comunidades y grupos indígenas de Jalisco, producto de una investigación en el Departamento de Desarrollo Regional (Ineser) del Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA).

El volumen incluye los resultados de entrevistas a 120 mujeres indígenas que viven en la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG), y los municipios de Mezquitic, Bolaños y Cuautitlán. La investigación fue realizada del 2010 al 2012.

De las entrevistadas, 27.5 por ciento manifestó que su esposo o pareja les han dejado de hablar; 18.3, reportó que las han comparado con otras mujeres, avergonzado, menospreciado o calificado como feas; a 6.7, sus esposos o parejas las han amenazado con un cuchillo, navaja, pistola o rifle; y a 8.7 las han amenazado con matarlas, matarse ellos o matar a los hijos. Además, 18.3 por ciento de las mujeres han sido amenazadas con el abandono, quitarles a los hijos o correrlas; 6.7 por ciento reportó que su esposo o pareja les ha destruido, tirado o escondido objetos que les pertenecen, y 14.4 por ciento sufren violación de su derecho de movilidad y se les somete a aislamiento en sus casas.

Las mujeres también reportaron golpes con algún objeto, empujones, jalones de pelo y patadas; han sido obligadas a tener actos sexuales que les disgustan y despojadas de su dinero o bienes. 21.2 por ciento reportó como detonante del enojo la falta de aseo de la casa, porque a ellos no les gustó la comida o por considerar que las mujeres no cumplían con sus obligaciones.

Las relaciones violentas tienen repercusiones directas sobre la salud física y mental de las mujeres. Las consecuencias más frecuentes son sentimientos de tristeza, aflicción o depresión, miedo y problemas nerviosos, entre otros.

En una comunidad del norte de Jalisco conformada por 700 personas, tres mujeres se suicidaron en un año por envenenamiento, producto de la depresión como consecuencia de la violencia que sufrían, informó Rojas Paredes.

La investigadora señaló que las instancias gubernamentales muchas veces no dan respuesta a las demandas y problemas de la población indígena, por lo que es importante que generen programas eficientes e integrales con perspectiva de género e interculturales.

Los académicos proponen la formación de liderazgos femeninos que sean portavoces de los problemas de su comunidad para avanzar en la solución del problema. Fabián González resaltó la necesidad de que las mujeres tengan una mayor participación en sus comunidades, porque muchas veces ni siquiera tienen derecho de hablar durante las asambleas.