Una película sin fronteras

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La barbarie es una sola. Y no toma en cuenta si las personas son estudiantes o padres de familia, o estudiantes de la universidad. Pasó en San Miguel Canoa. Y pasó en Ayotzinapa. Igual que ayer, durante una “presidencia imperial”.

Canoa se estrena en diciembre del 75, cuando es elegido López Portillo como candidato único. Es el presidente imperial. El PAN no tenía partido y el PRI y los demás partidos lo postularon como candidato. Hoy seguimos en lo mismo. Canoa no cuadraba con el presidente único. La tragedia de Canoa insistía en que las cosas no estaban bien. Vivir sin oposición, sin justicia, sin capacidad de discutir. Eso no podía continuar”, expresó Felipe Cazals en un diálogo con Alfonso Cuarón en el marco del reestreno en el Teatro Diana de este mítico filme que conmemora cuarenta años.

Y los dos directores aprovecharon para alzar la voz. Cazals y Cuarón invitaron a Dana Rotberg a leer un manifiesto en el que repudiaron el asesinato de la ambientalista indígena de Honduras, Berta Cáceres, y exigieron que se garantice la seguridad del mexicano Gustavo Castro Soto, único testigo del crimen y quien permanece en la nación centroamericana.

“Exigimos la enérgica e inmediata intervención de la Secretaría de Relaciones Exteriores mexicana para salvaguardar las garantías y protección referentes a la seguridad de Gustavo Castro y su inmediato regreso a México”, leyó Rotberg.

Al reestreno acudió uno de los tres sobrevivientes de la tragedia que inspiró la filmación de esta película. Y aunque prefirió cobijarse en el anonimato, entre el público, Cuarón pidió un aplauso para él. Mientras tronaban las palmas, Cazals aprovechó para proclamar: “Ayotzinapa no se va a olvidar”.

Intervino entonces Cuarón: “Canoa trasciende muchísimo a la película de denuncia. Tiene universalidad y habla de la condición humana. Desgraciadamente es una película que es atemporal. Y no tiene fronteras”, apuntó.

Alfonso Cuarón agregó que esta película no tiene precedente en el cine mexicano y de ella surgen muchos recursos que luego otras cintas tomarían, como la voz en off, la cual definió como una herramienta para distanciar al espectador y ayudarlo a que tenga una relación más reflexiva para con la historia.

Cuarón aseguró que Canoa es al mismo tiempo muchas películas: es un documental oficialista (con la voz de Juan López Moctezuma), que convive con otro documental transgresor (el de la entrevista con el campesino) y un filme que mezcla el terror y el thriller. Todo en un solo paquete que rompió arquetipos.
“Lo increíble es cómo lograron ese giro en tan poco tiempo. Mi generación tiene que estar agradecida con el trabajo de Felipe”, admitió Cuarón.

Cazals agregó que luego de los acontecimientos de 1968 y posteriores sucesos, como los de San Miguel Canoa, se dio un cambio en la forma de pensar, de actuar y de decir abiertamente lo que sucede en el país.

“El cine mexicano no podía continuar con las ‘comedietas’. El cine mexicano estaba en franca derrota. Las salas estaban vacías. El público había cambiado. Llegamos muchos realizadores de diferentes centros de estudio con el deseo de hacer un cine diferente, un cine que reflejara al México verdadero. Si había groserías, como hablamos todos, tenían que estar en los diálogos. Creíamos también que las secuencias amorosas tenían que existir en pantalla”, dijo Cazals.

Más adelante agregó: “Era imposible continuar con las historias inverosímiles, con diálogos huecos, cinco o seis playbacks para rellenar de canciones. No estoy en contra de esas películas, me encantan los melodramas de Marga López. Lástima que Televisa los haya echado a perder. Pero nosotros queríamos contar la historia que teníamos pegada a nosotros”.

En el resto del diálogo, Cazals relató cómo llevó a sus actores a entrevistarse con los sobrevivientes de la tragedia y cómo tuvo que omitir detalles del linchamiento en la pantalla, “porque era diabólico y nadie lo habría aguantado”.

Y confesó que cuando se entrevistaron él y el guionista Tomás Pérez Turrent con el sacerdote Enrique Meza Pérez, identificado como el principal responsable del linchamiento de los jóvenes, el cura los recibió en la cocina de su casa con una pistola calibre .45 que puso en la mesa. “Al terminar ese encuentro salimos a nuestro vocho como ratas. Si hubiera descubierto que lo estábamos grabando, nuestra suerte estaba echada”.