Una larga vida y sus frutos

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Ramón Xirau cumple 90 años relamiéndose, con toda seguridad, con las mismas preguntas que él y desde siempre se han hecho los grandes pensadores, “¿Por qué, para qué la vida? Y con esta pregunta, una segunda pregunta, ¿para qué, para qué la vida? Nos vemos llevados por la inquietud, por el desasosiego y por la esperanza. Las preguntas acerca del destino de la vida son un hecho. Se las han planteado, desde lo más antiguo de la historia, todos los hombres; se las han planteado los poetas, se las han planteado los artistas. Se las plantean, desde que la filosofía es filosofía, los filósofos”, escribe en su (casi libro de texto) Introducción a la historia de la filosofía.

Para Ramón Xirau Subías (Barcelona, 20 de enero de 1924) “la filosofía hay que entenderla como una cuestión de vida que es también cuestión de más allá de la vida”. Y la inquietud de estas preguntas no es mero lugar común, porque sabemos que Ramón Xirau pasó horas de soledad y angustia cuando a los 14 años —hijo único— tuvo que fugarse solo a Francia y vivir a diario en la zozobra de saber si sus padres seguían o no vivos en España, bajo el régimen del dictador Francisco Franco. Por fortuna nada pasó. Escaparon y pudo encontrarse con sus padres en Francia un año después, y viajar juntos a Cherburgo, en La Mancha, para de ahí salir rumbo a Nueva York y llegar a México en autobús en marzo de 1939, pocos meses antes de que iniciara la Segunda Guerra Mundial.

“La filosofía de Ramón Xirau no reduce al hombre a una dimensión intelectual, apuesta por el amor que dota de sentido a la vida, por un hombre que es simultáneamente emoción y razón, orden y claridad. El hombre es un ser que ama y esto define su modo primordial de estar en el mundo, de constituirlo y experimentarlo”, describe Gabriela Hernández García en un ensayo sobre el autor, titulado “La intuición filosófica de Ramón Xiaru”, publicado en la Revista de la Universidad de México.

La muerte, sin embargo, rondaba cerca; no lo alcanzó a él, hoy un nonagenario, sino a su hijo. Ramón Xiaru se casó en 1949 con la pintora Ana María Icaza, y su primogénito —Joaquín Xirau Icaza—, también poeta y escritor, murió en Boston mientras estudiaba una maestría en la Universidad de Harvard. Contaba con 26 años de edad.

Ramón Xirau tuvo desde pequeño una intensa vida intelectual, que no ha parado desde entonces. Acompañado de su padre, quien también era filósofo y fue discípulo de José Ortega y Gasset, además de decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Barcelona, caminaban juntos rumbo a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde obtendría la licenciatura y la maestría.

Fue amigo de Alfonso Reyes, Rosario Castellanos, Carlos Monsiváis, Jorge Ibargüengoitia y Octavio Paz, a quienes estudió y revitalizó con sus ensayos de crítica literaria, amén de autores tan variados a quienes también analizó, como Jorge Luis Borges, César Vallejo, Vicente Huidobro, Juan Ramón Jiménez, Pablo Neruda, Jorge Guillén, José Lezama Lima, José Gorostiza y Xavier Villaurrutia.

Xirau se nacionalizó mexicano en 1955. Ahora que cumplió 90 años, el Conaculta describió a Xirau como un “hombre multifacético de amplitudes renacentistas, poseedor de un espíritu entusiasta y lleno de generosidad”. Maestro, filósofo, editor, poeta, traductor y ensayista, Xirau “ha sido uno de los estudiosos más profundos y prolíficos de la poesía mexicana”, agregó.

En su faceta de poeta se ha distinguido por publicar siempre en catalán, lo que acercó su literatura a tierras mexicanas y españolas.