Un turismo sin magia

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    A pesar de ser una región icónica, no sólo de Jalisco, sino de México, la zona Altos Sur de Jalisco no ha podido convertirse en un atractivo turístico para visitantes que alarguen su estancia. Aunque varios municipios se han candidateado para obtener la distinción de “Pueblo mágico”, ninguno cumple con todos los requisitos, por lo cual la mejor alternativa para fomentar esta actividad desaprovechada es el turismo rural.

    “Claro que existe un gran potencial. El problema es que no se ha querido manejar una imagen distinta y se han conformado con la idea de las mujeres bonitas… Eso no ha dejado derrama económica, y esa es la idea del turismo”, explica el investigador del Centro Universitario de los Altos (CUAltos), de la Universidad de Guadalajara, Rogelio Martínez Cárdenas, quien propone crear una oferta de productos turísticos basada en la visita a fábricas de tequila, granjas o producción textil, de dulces u otros alimentos.

    En la convocatoria de 2015 para definir a 26 nuevos “Pueblos mágicos” por parte de la Secretaría de Turismo Federal, participaron tres municipios de la región Altos Sur de Jalisco: Jalostotitlán, San Miguel y Yahualica, pero no lograron la distinción, luego de las visitas de funcionarios de Turismo. Por eso la alternativa del turismo rural parece la más sensata.

    Cuna de la identidad nacional
    Identificada como la cuna de valores de la mexicanidad, sobre todo gracias a películas y canciones de la Época de Oro del cine mexicano, como Esos Altos de Jalisco, protagonizada por Jorge Negrete, la región no ha logrado convertirse en polo de atracción, por la falta de productos turísticos estructurados. A esto se suma que en muchos de los ayuntamientos de la región las direcciones de estas áreas las ocupan personas que no tienen perfil ni conocimientos sobre gestión de sitios turísticos.

    Prolongar la estancia es prácticamente imposible, pues aunque hay pueblos con mucha belleza arquitectónica, como San Miguel el Alto, no pasan de ser 10 manzanas con esa característica y esas pueden ser recorridas en una mañana y después no hay nada qué hacer.

    Actividades como las fiestas de enero en Arandas, el Carnaval de Jalostotitlán, la Feria Tepabril o las fiestas de San Miguel el Alto, atraen a miles de visitantes, pero sólo por unos días. En el resto del año los turistas no alargan sus estancias más allá de una mañana o de una tarde, sobre todo en destinos de turismo religioso, como Santa Ana (en Jalostotitlán), donde miles de feligreses acuden a visitar a Santo Toribio.

    Otra modalidad se da en Tepatitlán, como sede de turismo médico y de negocios, pues hay consultorios, clínicas, hoteles o centros de convenciones que ofrecen servicios a personas de municipios vecinos donde no hay ese tipo de infraestructura.

    Luego de que en algunos medios de comunicación locales manejaron la versión de que Tepatitlán contendería por la distinción de “Pueblo mágico”, hubo quienes se ilusionaron, pero finalmente el ayuntamiento aclaró que sólo se trató de un rumor, pues la arquitectura de esa ciudad no cumple con los requisitos para obtener esta categoría. Sin embargo, la publicación de esas notas reavivó el debate en la región respecto a las estrategias que deberían seguir para potencializar el turismo en los Altos Sur.

    El turismo rural: la alternativa
    “En realidad no creo que ningún (municipio de los Altos Sur) cumpla con el criterio para ser pueblo mágico. Creo que más bien podrían apostarle a otro tipo de turismo. Como el turismo rural, que puede ser altamente desarrollado acá. Hay mucha naturaleza y muchos sitios donde se pudiera desarrollar este tipo de turismo. Creo que es una alternativa para zonas similares a ésta. Acá hay producción, no sólo industrializada, como pasa con el tequila, donde las visitas a las fábricas son ya en sí un atractivo. Se puede hacer un producto turístico ahí, no sólo del tequila, sino también de quesos, dulces o textiles. Se pueden hacer rutas para eso. Esa alternativa se ha explorado poco”, apunta Martínez Cárdenas.

    La opción del turismo rural se ha puesto de moda en latitudes como España y Sudamérica. Consiste en que el visitante disfrute, conozca e incluso realice actividades propias de esas comunidades, desde la ordeña de una vaca hasta la elaboración de dulces de leche en los contextos naturales que ofrezcan condiciones.

    “Si hacemos rutas donde los turistas estén en un sitio y se desplacen a los alrededores, a ver las fábricas de dulce, la producción de tequila o los ranchos con producción ganadera, la gente puede empezar a quedarse, porque habría cosas qué hacer y que ocupen varios días en ello”.

    A todo esto se pueden sumar visitas a ranchos, cabañas, balnearios en el río Verde y espacios para deporte extremo, como la ruta de motocross entre Jalostotitlán y San Juan de los Lagos.

    “Todo eso se puede desarrollar, pero se necesita que los municipios trabajen de manera coordinada, pero ese es el gran problema”, finaliza Martínez Cárdenas.

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