Un festival para la ciudad

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Aunque Guadalajara tiene una importante efervescencia musical desde hace varios años, todavía no consigue posicionarse, de manera firme, como un referente a nivel nacional en materia de producción de festivales de gran formato dedicados a la música, en concreto, dedicados al rock y sus derivados. Muchos intentos y pocos resultados han sido la constante en un escenario cambiante, caprichoso y sujeto a un mercado que no arriesga demasiado, o bien que no ofrece la suficiente calidad en aspectos de organización fundamentales, entre éstos: la logística y la curaduría de carteles.

La falta de continuidad, derivada casi siempre del fracaso económico, es el principal obstáculo que entorpece el crecimiento de una plaza como Guadalajara. Recordemos que en los últimos tiempos han desaparecido festivales que anunciaron a lo grande su capacidad de organización, pero que, sobre todo, prometían permanencia: Sonofilia, cuya única edición se efectuó en diciembre de 2007, y que tuvo como platillo fuerte a Björk, es uno de esos casos.
Otro claro ejemplo de esa discontinuidad es el Hell and Heaven, un festival por demás accidentado y falto de logística, que después de tres ediciones (la última ocurrió en mayo de 2013) terminó por migrar hacia la capital del país, alegando que si permanecía en esta ciudad iría directamente al fracaso. La decisión le trajo una mala pasada y le quitó todavía más crédito, algo que actualmente busca recuperar a toda costa.

Este panorama estremecido, de un constante vaivén, en el que existen festivales que no generan una sinergia entre la cultura y la industria del entretenimiento, sino más bien funcionan para otros propósitos comerciales o sencillamente son panfletos que utilizan a la música como una tramposa bandera, es la moneda de cambio en esta ciudad.

Después de estas experiencias (en las que queda claro que lo más importante para un festival de gran formato es otorgarle a la música su valor, conjugar distintas habilidades de organización para poder trascender como negocio y convocar al público mediante la calidad, además de transformar sus hábitos y costumbres), nace el Festival Coordenada, una plataforma dedicada al rock, que constituye una alianza entre Ocesa y Cultura UDG. La sociedad presume buscar lo que todavía no se consigue en Guadalajara: crear una plataforma con personalidad y que apueste por la continuidad.

Jordi Puig, director del Festival Vive Latino, una de las plataformas musicales más sólidas de México, dice refiriéndose al Coordenada: “El festival tiene muchos sueños y pensamientos para el futuro. Los festivales son una tendencia a nivel mundial, son parte del circuito de la música y el entretenimiento en el mundo, en nuestro país. Guadalajara es una ciudad muy musical, muy sofisticada, ya es hora de que tenga una propiedad a largo plazo, bien sentada, para que crezcamos todos juntos. Espero que sea (en relación a esa propiedad) el Festival Coordenada”. 

Cultura UDG colabora en esta alianza, principalmente con recursos de logística y la experiencia de su capital humano, según dice Igor Lozada, secretario de Vinculación y Difusión Cultural. “La alianza con Ocesa nos viene en un momento afortunado, después de todo lo que hemos trabajado en el desarrollo de infraestructura en el estado. Por eso se nos hace apropiado vincularnos con Ocesa a través de un evento de esta magnitud, que además obedece a una de las reflexiones a la que también hemos llegado: que para poder generar actividades de esta índole, sabíamos que la Universidad, sola, no iba a lograrlo”.

Así, la cuenta regresiva para el Festival Coordenada comenzó ya. La mira y las expectativas están puestas en su trabajo, en su organización y capacidad de logística, algo que como dicen sus promotores tiene la finalidad de alcanzar la permanencia en esta ciudad. La moneda está en el aire.

Cartel
El Festival Coordenada se llevará a cabo el 2 de noviembre en el Parque Trasloma (uno de los principales aciertos de la organización). El cartel está encabezado por The Hives, Editors y Zoé. Además, participan destacadas figuras de Latinoamérica y España, con gran popularidad en México: Enrique Bunbury y Andrés Calamaro. El cartel se “redondea” con Panteón Rococo, Enjambre, Antemasque (banda formada por miembros de Mars Volta), De la Tierra, Hello Seahorse!, Paté de Fuá, Soja, Yokozuna y Loquillo (cantante español de culto). Posiblemente se integren más agrupaciones al cartel, incluso locales.