Un arte muy piteado

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    En el mismísimo Colotlán, tierra de jóvenes que crecieron con una lezna en las manos o de hombres que han envejecido dentro de un taller, de familias que han comido y han estudiado gracias al trabajo en pita, aquí mismo, este mural causa sorpresa y admiración. Mide 2.3 metros de alto por 4.20 metros de ancho. Se usaron poco más de 13 kilos de pita y la piel, ya montada sobre madera, pesa más de 60 kilogramos. 
    “Este mural significa el gran amor y cariño que le tengo a mi pueblo, a mi trabajo, y el afecto y el respeto que siento por mis compañeros del piteado. Deseo que Colotlán siga destacando por la artesanía que se ha hecho desde hace 100 o 120 años”, dijo Mario Montoya de la Rosa, quien es el autor de esta obra que ahora es parte de la colección artística del Centro Universitario del Norte (CUNorte).
    A Mario Montoya la idea de hacer una obra de estas proporciones le nació desde que vio un mural pintado en la presidencia municipal. Sueño que creció por la actual crisis del bordado y también como una apuesta cultural y turística para Colotlán. El proyecto se lo propuso a varios ayuntamientos colotleneses, pero ninguno le tomó la palabra. Luego conoció al anterior y al actual rector del CUNorte, Alberto Castellanos y Alberto Becerra, y coincidieron en impulsarlo. “No tuvimos que entrevistarnos en varias ocasiones para definir el mural. Fue algo concreto; Por qué? Porque hubo coincidencia de las dos partes por impulsar el piteado”.
    El mural cuenta el proceso de la talabartería. La planta del maguey de donde se extrae la fibra para elaborar los hilos y el joven que tuerce las hebras; el artesano que da el terminado al cuero bordado y también al hombre que borda con sus herramientas indispensables: la alesna, las tablas, la aguja, la piel, etcétera. También se cuenta la conquista de los españoles en este Norte jalisciense, a un charro y su caballo con sus arreos que tienen detalles bordados —el piteado como parte de la charrería—, y la imagen del tempo de San Luis Obispo. Por ahí aparecen además el cerro de Santiago que custodia a Colotlán, así como un reconocimiento a Oaxaca, productora de la pita. “Desde niño pensaba que este trabajo no era únicamente hacer cintos y monturas, arreos para caballo o algún adorno para vestimenta. Siempre tuve las ganas de llevarlo más allá de eso, de convertirlo en un arte”, comenta Mario Montoya, quien es casado y tiene tres hijos.
    De sus 41 años de vida, 33 los ha dedicado a la talabartería, primero como aprendiz y luego como maestro. Desde hace años comenzó a destacar por elaborar cuadros de vírgenes, de Pancho Villa, de Hernán Cortés y la Malinche y hasta un sol azteca. Cuadros cada vez más grandes, en cada ocasión un reto mayor. ¿Qué le significa este trabajo? “La satisfacción de sentirme a gusto conmigo mismo. Es una de las más grandes pruebas, primero como artesano que busca superarse y también porque crezco personalmente. Creo que es una cuestión de actitud ante la vida. Si estuviera en otra actividad, la haría con las mismas ganas. Pero encontré una vocación”.
    Por su parte, el rector del CUNorte, José Alberto Becerra Santiago, comenta: “Se trata de reconocer la talabartería desde su valor artístico e identitario, es decir, el trabajo del piteado como parte ya de una cultura y una tradición en la que se identifican una buena parte de los colotlenses y de la cual se sienten orgullosos y, por otro lado, de la capacidad creativa de los artesanos que pueden generar piezas dignas de admiración y que pueden ser vistas tranquilamente como una obra de arte, lo que representaría una revaloración del oficio. El mural en sí puede tener muchos significados, pero sobre todo nos interesa que se vea como un homenaje y un reconocimiento a los talabarteros; y como un lazo entre la Universidad y la comunidad”.
    El maestro artesano regresó a las aulas como alumno este semestre. Montoya de la Rosa recién ingresó a la licenciatura en antropología social del CUNorte. Además de innovar en su taller, le interesa investigar. Se ha preocupado por buscar y leer acerca de esta artesanía que, se supone, se realiza en Colotlán desde finales del siglo XIX o principios del XX, sin embargo, se desconoce cómo llegó o cómo surgió. Hay demasiados hoyos negros en la historia del piteado colotleco. “Con esa idea entré a antropología, quiero adquirir conocimientos para desarrollar algo más formal con respecto a la historia del piteado”.
    Entre sus deseos también está el de contribuir en la creación de un museo de la talabartería. Pero se requiere de más de dos manos para lograr este sueño. Por lo pronto está este mural que ya provoca buenos comentarios entre los colotlenses y que ahora aspira a que se conozca fuera para contribuir a la difusión y al reconocimiento del arte del trabajo en pita sobre piel. De esta manera, el CUNorte también se sumó a la conmemoración del Centenario de la Revolución Mexicana.