Un accidente propiciado

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Cuando Sergio ílvarez tenía un año cuatro meses, ingirió sosa cáustica. Tal vez le llamó la atención el color rojo intenso o le pareció agua de jamaica. Quizá pensó que era refresco y le dio un trago.
De acuerdo al testimonio de su padre, la sosa cáustica estaba en un envase destapado, abajo del fregadero.
“La botella no tenía casi contenido, pero el niño es muy inquieto. Nos dimos cuenta porque empezó a vomitar. Lo llevamos de inmediato a la Cruz Verde y de ahí al hospital civil ‘Fray Antonio Alcalde’”.
El pequeño se quemó la boca, los dientes, el esófago y el estómago, pero por fortuna no tuvo perforaciones. Eso lo mantuvo con vida.
Lo mantuvieron en vigilancia médica durante tres días. Transcurrido ese tiempo lo operaron. Le pusieron una sonda gástrica para que pudiera comer. Se la quitaron a los nueve meses.
Sergio luce como un niño normal, travieso e inquieto. Ahora ya tiene ocho años y puede comer de todo. Sin embargo, él sabe que debe masticar bien la comida. Cada año o seis meses tendrá de por vida que acudir a revisión médica.
El “accidente” que tuvo Sergio es común en muchos hogares del país. El hospital civil “Fray Antonio Alcalde” atiende un promedio de 21 casos al año de niños que sufrieron quemaduras de esófago por ingestión de agentes químicos corrosivos, como sosa cáustica.
En el ámbito nacional cada hospital de concentración, como el mencionado, recibe unos 50 casos al año.
“En un periodo de 15 años hemos atendido un promedio de 321 pacientes. Los más afectados son los lactantes y preescolares, cuyas edades oscilan entre dos y cinco años. No hay diferencia en el sexo. “Son igual de traviesos los niños que las niñas”.
Los meses en que más accidentes ocurren son mayo, junio, julio, noviembre y diciembre, que coinciden con temporada de calor o vacaciones escolares, informó el pediatra Guillermo Yanowsky Reyes, adscrito al servicio de cirugía pediátrica, del hospital civil “Fray Antonio Alcalde”.
El tiempo promedio en que los niños llegan al hospital después de que sufrieron quemaduras, varía entre tres y 24 horas. “Sin embargo, hay pequeños de la zona rural que acuden al hospital después de una semana”.
Informó que en mayo, en el hospital civil “Fray Antonio Alcalde” fueron atendidos 13 niños por quemadura ocasionada por la ingestión de agentes corrosivos, mientras que en abril solo atendieron a cuatro.
El galeno explicó que el lactante mayor y los pequeños en edad preescolar tienden a ser muy curiosos, además de que su boca es un instrumento de identificación importante. Todo trata de probarlo y no distingue si lo que muerde es un papel, una cucaracha, un dulce o sosa cáustica. Prueba para saber si le gusta o no.
La quemadura por ingestión de sosa cáustica es un accidente propiciado porque este producto es vendido a granel, en envases no apropiados, como recipientes de refresco, de leche, sin tapón de seguridad. Los padres de familia dejan estas botellas con el corrosivo a la vista y al alcance de los pequeños.
“Cuando el niño ve la sosa, ésta llama su atención, ya que parece refresco de fresa y opta por probarla”.
Aclaró que el agente más común es la sosa cáustica líquida, aunque también acontecen accidentes por ingestión de sosa en forma de escama, la cual parece gelatina.
Otro líquido dañino es el ácido muriático.

Sintomatología
Después de ingerir sosa cáustica, el niño llora de manera súbita, empieza a vomitar, salivar en abundancia (a veces con sangre), puede tener dolor de pecho, estridor laríngeo (ruido a la hora de respirar). Las quemaduras en ocasiones se presentan en otras partes del cuerpo, como mejillas, mentón e incluso genitales. Esto último ocurre porque el niño cuando da el trago y se entera que el líquido es amargo, lo escupe o avienta el frasco, que lo moja en otras partes de su cuerpo.
Cuando el cuadro es más grave presenta dolor abdominal o puede entrar en estado de shock, con baja de frecuencia cardiaca y pérdida del conocimiento.
Los padres pueden identificar los restos del líquido en la cavidad oral.
Cuando la madre se da cuenta, en su desesperación toma medidas que pueden agravar el cuadro clínico: lo peor es provocarle el vómito, porque lo que devuelve lo quema otra vez. Tampoco debe introducir una sonda en el esófago del pequeño, porque ello lo irrita más, ni darle antídotos, hacerle un lavado estomacal o administrarle purgantes.
“Lo deben trasladar de inmediato a un hospital o puesto de socorro, llevar el envase del agente químico que ingirió el niño y no permitirle comer”.
El galeno explicó que es importante que los padres sepan que el hecho de que el niño no tenga quemada su boca, no significa que haya ausencia de quemaduras en el esófago y el estómago.
También puede ocurrir a la inversa. “Al momento de tragar el líquido y saberle amargo, el niño pudo escupirlo, sin que lo dañara por dentro”.
Especificó que alrededor de un 40 por ciento de los pequeños pacientes no alcanzan a quemarse el esófago.

Tratamiento
A través de un estudio endoscópico los especialistas revisan en qué condiciones está el esófago de ese niño.
“Si el niño no se lesionó o si tiene quemaduras de primer grado, lo mandan a su casa. Cuando presenta lesiones de segundo grado, le dan antibióticos, le administran antiinflamatorios por medio del suero, no le dan alimentos por espacio de algunas horas o hasta tres días. Pasado ese tiempo les ofrecen de comer y lo citan a consulta después de cuatro días”.
El médico le toma radiografías para ver en qué estado se encuentra el esófago y verificar si no desarrolló estenosis (cicatriz, la que produce una disminución en el calibre de la luz del esófago, por lo que al comer puede atorársele la comida, presentar vómitos y síntomas de desnutrición).
Si hay estenosis entra el paciente a un programa de dilataciones esofágicas para rehabilitar esta parte del organismo. Dicho tratamiento cuesta mucho al sector salud y es desgastante desde el punto de vista emocional.
“A los pequeños que presentan estenosis conviene hacerles una gastrostomía, es decir, operarlos y ponerles una sonda en el estómago para darles de comer y luego someterlos a un programa de dilataciones”.
Quienes sufrieron quemaduras de tercer grado están realmente graves. Los médicos los trasladan al quirófano para realizar una esofagostomía, que consiste en sacar un segmento del esófago por el cuello y el otro dejarlo fijo en el tórax, sujeto a una clavícula, para enseguida ponerle un tubo.
Los niños con quemaduras de tercer grado corren el riesgo de morir por mediastinitis (paso de bacterias hacia los vasos sanguíneos y el corazón).

Un accidente prevenible
La quemadura de esófago por ingestión de sosa cáustica es un accidente que no debería ocurrir en los hogares. Basta con que los padres de familia tomen las precauciones pertinentes para evitarlos, como no dejar al alcance de los niños botellas con sustancias corrosivas.
El galeno señaló que los daños al organismo a causa de la sosa cáustica, dependerán de la cantidad de la sustancia ingerida. “En grandes concentraciones puede perforar el esófago y el pequeño morir de manera súbita”.