Turismo sin límites

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    En México hace falta una política de Estado que favorezca la derrama económica en los destinos turísticos. Ésta debe, además, poner límites a los prestadores de servicio extranjeros que acaparan el mercado, afirmó Héctor Pérez García, quien por 25 años ha sido vicepresidente de operaciones de una importante empresa hotelera y autor de Historia de hotelería y turismo en México, libro editado por el Centro Universitario de la Costa (CUCosta).

    Pérez García destacó que en México cada presidente de la república implementa proyectos según sus propias convicciones e ideas en materia turística: “Éstas pueden tener la mejor intención, pero no hay continuidad entre un sexenio y otro, ni existen metas o una política en la que quede claro qué es lo que se quiere, para no desviarse de ese camino”.

    Expertos de diversas disciplinas, como sociólogos, economistas y antropólogos, deben ser consultados para elaborar esa política. Ellos deben ponerse de acuerdo sobre lo que más le conviene al país de acuerdo a sus características.

    Pérez García destacó que la Ley General de Turismo en vigor en México, nació obsoleta e incompleta, ya que no regula el funcionamiento de los restaurantes ni algunas actividades económicas de los hoteles, como los paquetes denominados “Todo incluido”. “Yo digo que se le hubiera puesto mejor Ley General de Hotelería, porque el turismo abarca muchas otras cosas. Bajo su paraguas está la aviación, el transporte general, la gastronomía, los negocios derivados y relacionados con el turismo, y nada de eso está en la misma”.

    Explicó que los llamados paquetes “Todo incluido” abarcan no sólo alojamiento para el visitante, sino también alimentación, bebidas, playa, diversión, etcétera. El hotel se convierte en una especie de “convento” donde los turistas no salen o salen poco y la economía de las poblaciones sufre las consecuencias.

    Específicamente en el caso de Puerto Vallarta, el impacto puede detectarse en más de 300 locales vacíos en el centro. También sufren los taxistas, las tiendas y los restaurantes, ya que ese tipo de concentración de varios servicios en un solo lugar rompe con los fines del turismo, que busca propiciar la interculturalización, conocer otra gente, otra cultura, alimentos, costumbres e historia.

    “Este es un gran problema que llegó del extranjero, ya que lo trajeron los españoles, quienes hacen en México lo que no pueden en su propio país, como pasar por encima de las leyes y construir donde no está permitido a causa de la corrupción existente en México”.

    Un país maquilador de su propio turismo
    Destacó que si, por ejemplo, entran cien pesos al país gracias al turismo, éstos deben ser repartidos entre todos los servidores turísticos, como dueños de hoteles, transporte, tiendas de regalo, entre otros. En el sistema “Todo incluido” todo se concentra en los hoteles y esto ocurre por falta de una política que establezca con claridad qué está permitido y qué no. Una opción podría consistir en el permiso de manejar este tipo de paquetes a hoteles en la montaña o a medio camino entre Puerto Vallarta y Manzanillo, donde se justifica que todos los servicios sean ofrecidos dentro del hotel, pero no donde hay una población que depende de los visitantes.

    El hotelero destacó que la inversión foránea en el sector está convirtiendo a México en un país maquilador de su propio turismo. Por ejemplo, muchos de los hoteles son propiedad extranjera. Tan sólo en Puerto Vallarta, el 50 por ciento de las habitaciones disponibles pertenecen a extranjeros. Estas empresas foráneas se llevan sus utilidades a otros países. “Entonces enfrentamos una especie de explotación”.

    El autor del libro agregó que los jóvenes que salen de universidades mexicanas, de carreras enfocadas al turismo o afines al mismo, no pueden aspirar, en su mayoría, a ocupar los altos mandos del sector hotelero. “A Puerto Vallarta, por lo general, mandan a españoles o estadunidenses para ocupar cargos como el de gerente general o gerente divisional, pero, en términos generales, los puestos de mandos medios son para profesionales egresados de universidades mexicanas”. En cambio, en países como Italia la preferencia es para los italianos. La política de ese país en cuanto a turismo está enfocada a proteger a los ciudadanos.

    Otro problema es la falta de una regulación que nos proteja, ya que las políticas al respecto las dictan los operadores extranjeros, que son un grupo pequeño, cerrado y poderoso, y que envían turismo a este país. “Ellos pueden decidir mandar turismo a Cuba o República Dominicana si en México no se adaptan a sus intereses y el gobierno no hace nada para defendernos. A éste le importa crecer a cualquier costa, y eso no debería ser”.