Turismo religioso y accesible

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    El turismo espiritual no es sólo cuestión de las iglesias. Se requiere de la participación de los actores que convergen en el mismo, como el Estado y la sociedad. Este cambio de paradigma, que aglutina al turismo religioso, al turismo accesible y la preservación del patrimonio, será el principal enfoque que especialistas de todo el mundo estudiarán en el Quinto Encuentro Internacional de Turismo Espiritual, organizado por el Centro Universitario de los Altos.

    “El turismo religioso es de masas, provoca sobredemanda de visitantes en los sitios y rebasa la capacidad de las mismas poblaciones”, explica Rogelio Martínez Cárdenas, investigador del CUAltos y organizador del encuentro que tendrá como sede el Museo de la Ciudad de Tepatitlán, del 12 al 14 de noviembre.

    “Cuando se toca el turismo religioso se ha habla de peregrinaciones, tradiciones y significado de las peregrinaciones, pero no se ha generado el sentido de un patrimonio que hay que preservar y que es parte de una cultura, de una sociedad, en este caso, de la región alteña, con su tradición de sus sitios de fe”, dice Martínez Cárdenas.

    Agrega: “El turismo religioso no es una cuestión de la Iglesia, y tampoco solo del Estado. Se deben sentar la Iglesia, el Estado y la comunidad local para ponerse de acuerdo y hacer proyectos que beneficien a todos. La gente seguirá yendo a las iglesias, porque es parte de una tradición, de la fe de la población. Y la comunidad puede tener un beneficio en términos económicos por la actividad turística, y el Estado tiene la responsabilidad de los espacios públicos y de la gente que transita en éstos. Puede mejorar sus servicios a través de una coordinación entre los actores involucrados”.

    Turismo accesible
    Uno de los retos de estos enclaves religiosos es convertirse en destinos que garanticen espacios accesibles para todo tipo de turistas, no sólo para personas con discapacidad, sino generar un concepto con un sentido más amplio, en el que el visitante pueda satisfacer distintas necesidades y que considere todo tipo de alternativas y espacios.

    “Si queremos tener sitios de turismo preparados para recibir a todo tipo de turistas, debemos ver todo tipo de necesidad. Mayores de edad que no pueden caminar distancias grandes o subir escaleras, mujeres embarazadas que no pueden estar mucho tiempo de pie, familias con niños que traen carriolas (que usan las mismas rampas de quienes van en silla de ruedas) o las personas de talla baja, discapacidad visual o discapacidad auditiva. O personas con dietas especiales que en los restaurantes no existen, como alimentos sin gluten o sin lácteos. Hay una serie de aspectos en que no ponemos atención”, explica Martínez Cárdenas.

    Para lograr esa transformación positiva de los sitios de fe, la intervención del Estado y de la sociedad es imperiosa: “Hay que diferenciar entre la parte religiosa y la responsabilidad del Estado. Todo lo que está afuera del templo, la seguridad pública y los riesgos que se corren en la vía pública, son responsabilidad del Estado. Se necesita una coordinación de los actores que intervienen aquí. Por un lado está la Iglesia, que es la que administra los templos y es el motivo de visita de la gente. Por otro lado, el Estado, que es el responsable de la seguridad de visitantes y población local. También participan quienes viven ahí vive y se ven afectados. La población local también tiene que participar, y más quienes ofrecen los servicios, como los restauranteros y los hoteles. No es responsabilidad de alguien en particular”.

    En el Encuentro Internacional de Turismo Religioso habrá invitados de España, Costa Rica, Venezuela y Eslovaquia, entre otros países.

    De España viene Agustín Santana Talavera, de la Universidad La Laguna, director de la revista Patrimonio y Turismo; Ángela Beatriz Rivero, de la Universidad Nacional de Misiones, Argentina, y Lizbeth Gómez Calderón, subdirectora de atención a personas con discapacidad y grupos vulnerables, del ayuntamiento de Puebla, que compartirá la experiencia de cómo esa ciudad patrimonio se ha convertido en una urbe accesible.