Teófilo Guerrero

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Dramaturgia jalisciense contemporánea es el título de la antología que reúne el trabajo de once autores de Jalisco, con prólogo del director de teatro Fausto Ramírez, y publicada por la Universidad de Guadalajara y la revista Paso de gato.

Este compendio busca una combinación de gente con experiencia con el empuje de nuevas generaciones que vienen escribiendo más. A decir del propio Fausto Ramírez, si algo caracteriza a estos textos, además de sus muy particulares discursos, estructuras e intereses temáticos específicos, es su acomodo natural en la dimensión del teatro jalisciense.

La esperanza de una llaga negra en el corazón es una de las obras que integra está antología, de la autoría de Teófilo Guerrero, quien hace una reflexión sobre la dramaturgia jalisciense.

¿Qué momento vive la dramaturgia jalisciense?
Vive un momento de reconocimiento de sus posibilidades, es decir, estamos apenas dándonos cuenta que también podemos partir de un punto del que muchas veces no partíamos: del texto. Partíamos siempre de las ganas de hacer teatro. Estamos en ese momento donde se ve que hay voces jóvenes, eso se agradece mucho.

¿Qué pasa con los nuevos talentos?
Me sorprenden los temas, el manejo de los mismos, el conocimiento de las técnicas, de los procesos, de cómo los métodos de puesta en escena se reflejan en el texto y el texto se refleja en los procesos de puesta en escena, a mí eso me parece riquísimo. Era lo que le hacia falta a Jalisco, que los dramaturgos y la gente que se dedica a la práctica teatral pudieran reconocer estos procesos de uno y otro lado.

¿Qué es lo más complicado para los dramaturgos?
Lo más complicado es que uno pueda saber qué es lo que va a recoger de la realidad, cómo lo va a procesar y cómo va hacer para que el público lo reciba, es decir, todo el circuito de producción de teatro: qué, cómo, cuándo y dónde voy a producir y quién lo va a consumir, lo difícil es todo.

¿Cuáles son los retos?
Que en la próxima antología ya no estemos los de experiencia, que haya voces nuevas, que estas voces que nos están acompañando a los de experiencia en la próxima antología estén consolidados y que estas nuevas voces le den este giro dialéctico que necesita todo movimiento para que se dé. Es decir, creo que ya podemos empezar a hablar de que Jalisco está empezando a tener un movimiento teatral maduro en el momento en el que volteamos hacia los dramaturgos, que tienen presencia como una gente importante dentro del circuito de producción.

¿Cuál es la importancia de este libro?
Es importante en el sentido de que ya somos visibles los dramaturgos jaliscienses y por otra parte hay dos generaciones, es decir Jorge Fábregas y yo, en esta generación como de transición entre los dramaturgos de viejo cuño, como Pepe Ruiz Mercado e Ignacio Arreola. Nos había tocado ser el puente, nos tocó hacer teatro en este espacio vacío que se dio en los años ochenta y ser una conexión con las nuevas generaciones, es maravilloso y significa eso este re-conocimiento y conocimiento del teatro escrito que se vuelve teatro encarnado.

¿Cuál es la expectativa?
Con este libro y este esfuerzo que está haciendo la Universidad de Guadalajara y Paso de gato y nosotros mismos,  auguro que habrá tres libros más. Existirá más dialogo entre la dramaturgia y la práctica teatral, y eso sería maravilloso. Ver estas historias que están ahí, están latiendo, nos están hablando, queriendo salir, y espero que los dramaturgos jóvenes vayan a investigar, se metan a ver qué fue la guerrilla en los setenta, que se pongan a escarbar en este difícil espectro de la identidad jalisciense.

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