Suposiciones

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    En un universo bizarro, de tipo imaginario, para nada parecido con nuestra realidad imperante; es más, parecido a nuestras peores pesadillas, echamos toda la carne al asador y, como si fuésemos lo máximo de lo máximo, nos disfrazamos de súper combatientes ambientales y vociferamos a los cuatro vientos; es más, hasta lo publicamos por doquier: que los mosquitos son lo peor de lo peor. Que hasta el FBI y la PGR los ubican en primerísimo lugar de los más buscados. Bueno, como va la cosa, pronto llegará el momento en que sean culpables; perdón, presuntos culpables, hasta del cambio climático que nos amenaza cotidianamente.

    Se sabe que los mosquitos son vectores de virus como el dengue, chikungunya y zika. E incluso, de otros parásitos asociados al paludismo, malaria, etc. En principio general los mosquitos no tienen la culpa. El asunto central es que compartimos la misma naturaleza, y su proliferación desordenada está vinculada a nuestros descuidos ambientales que favorecen la exposición humana y consecuente contagio. Por ejemplo, tanto el virus del zika y del chikungunya fueron detectados originalmente desde principios de los años 50 del siglo pasado. Entonces, ¿por qué hasta ahora nos damos cuenta de su impacto? Es que nos sorprendieron, o bien, dejamos que nos sorprendieran.

    Esos virus, dengue chikungunya y zika, siempre han estado ahí en la naturaleza. Tal parece que nos limitamos a trabajar en los efectos aislados y no en las causas primarias que los exponen, como si nuestras sesudas investigaciones y proyectos solamente se desarrollasen en la arena de la playa, y se nos olvida que en frente de nosotros se localiza el inmenso océano de la verdad sin descubrir. Ojalá y que rectifiquemos oportunamente para evitar que el destino nos alcance.