Son hijos del pueblo

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    Engendrados en las tradiciones de una sociedad que niega a reconocerse a sí misma en el espejo de su realidad, hijos de la cultura y de los valores promovidos por las multitudes, quienes ciegas de sus actos, afirman ser inocentes y sufrir por injusticia el peso de los crímenes cometidos por delincuentes anónimos.
    Enfermos de poder, agazapados de los placeres construidos a la sombra de la corrupción, dispuestos a cometer cualquier clase de acto con tal de persistir como referentes públicos, mendigos del voto ciego de las multitudes; esos deformes, despreciados y tachados son también hijos del pueblo, “educados” en nuestras familias, “instruidos” en nuestras escuelas; que pisaron nuestras calles y visitaron nuestras plazas, ellos y ellas, seres desdichados, formados en la búsqueda ciega de la felicidad, faltos de vergüenza y dignidad de hermanos, dispuestos a todo con tal de conseguir el cariño que en sus primeros años les fue negado, prostitutos de todo con tal de pensarse alguien, sin importar que terminen en la ignominia del espíritu; mucho hace falta por hacer, para que estos hijos del pueblo, dejen de ser bastardos.
    En INRED A.C. promovemos la reflexión y acción autocrítica como medios para construir la verdadera política.