Proceso en la mira

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    La demanda contra Proceso es un ataque a la libertad de expresión y una especie de castigo por parte de la “pareja presidencial”, señala el director de ese semanario, Rafael Rodríguez Castañeda. En entrevista para Gaceta habló de la importancia de que los medios de comunicación sean imparciales en el proceso electoral, así como del descenso brutal en el interés popular por la política y de lo difícil que resulta hablar de una sociedad civil mexicana.

    –¿Cómo enfrenta la revista Proceso la demanda que interpuso en su contra Martha Sahagún, por haber ventilado aspectos del libro de Olga Wornat?
    –Nosotros hemos seguido los pasos naturales de toda parte acusada: asumir nuestra defensa a través de los abogados y atenernos a las distintas etapas que todo litigio civil implica.
    “De acuerdo con el criterio de nuestros abogados, tenemos muy buenas posibilidades de ganar este pleito, pues no hay fundamentos reales para la acusación en contra de Proceso. Nos acusan de daño moral y en ese sentido nos exigen una indemnización por haber difundido un documento que se publicó bajo la firma de Olga Wornat. Proceso lo único que hizo fue divulgar un escrito auténtico, del que no puede señalarse que no existe.
    “La defensa, por supuesto, se basa en otros elementos más allá de lo estrictamente judicial. Creemos que es posible que haya una sentencia hacia febrero o marzo de 2006, y cualquiera que sea el fallo del juez, la parte perdedora podrá apelar. En el caso de que seamos nosotros, así será sin duda. Apelaremos a la instancia superior. Aun después de ello, es posible recurrir al amparo, para cualquiera de las dos partes”.

    –¿Esta demanda, ustedes la ven como un ataque a la libertad de expresión?
    –Por supuesto. La Constitución de México garantiza la libertad de expresión. Los elementos que la señora Sahagún argumenta son fácilmente destruibles por parte de nuestra defensa, puesto que ni se trataba de un documento secreto –ya había sido difundido parcialmente– ni de un documento cuyos datos la propia señora Sahagún no haya manejado de una u otra forma a lo largo de los últimos años.
    “Ella nunca se cuidó de proteger su vida privada, incluyendo su vida íntima, en tanto que esto le sirvió para resaltar públicamente. No puede aportar pruebas de que la difusión de eso le haya dañado en su imagen pública.
    “Creemos que la demanda contra Proceso es una especie de castigo, de desquite, de venganza, por parte de la pareja presidencial contra una revista que tiene 29 años de ejercer la libertad de expresión en plenitud, es decir, nuestra independencia, autonomía y por supuesto nuestra posición crítica ante los poderes.
    “Consideramos que sí hay una dosis muy grande de desquite, de castigo contra Proceso por el hecho de que no hemos interrumpido nuestra tarea de investigar, de hacer periodismo de investigación y difundir los resultados de nuestro trabajo”.
    –¿Qué futuro le ve al periodismo de investigación en México?
    –Está en manos de quienes se atrevan y quieran ejercerlo. Por desgracia, en México el auténtico periodismo de investigación no es frecuente. Resulta mucho más fácil recurrir a técnicas que ya deberían ser obsoletas, pero que siguen vigentes, como las del periodismo superficial, de coyuntura, circunstancial, de declaración y, sobre todo, de intereses de grupo, institucionales o individuales.

    –¿Ahí entrarían también los dueños de medios de comunicación, que poseen muchos intereses?
    –Por supuesto, yo creo que una de las virtudes maravillosas de nuestra empresa es que somos independientes aun en ese sentido. Por el contrario, la mayoría de las publicaciones importantes en este país pertenecen a grupos, sea de aquellos relacionados exclusivamente con medios de comunicación o grupos empresariales más extendidos, con intereses en otros campos. Eso produce que la urdimbre de intereses de quienes están atrás de cada medio haga prácticamente imposible que se ejerza a plenitud la libertad de expresión.
    “Eso no quiere decir que no se haya avanzado. Hay avances notables, sobre todo después de 1994, con el estallido del levantamiento del ejército zapatista en Chiapas. Hubo un fenómeno interesante de la prensa: se veía a sí misma en independencia y en autonomía, por lo menos en esa coyuntura.
    “En ese sentido, la prensa, en términos generales, empieza a descubrir los caminos que Proceso y otras publicaciones ya habíamos recorrido muchos años antes: los caminos de la libertad. No quiere decir que todos aprovechen la libertad ni que todos sepan para qué sirve. Con frecuencia descubre uno que la honestidad, transparencia y valentía periodística no van acompañadas ni de talento ni de inteligencia periodísticos, requisito indispensable para ejercer la libertad de expresión.

    –Estamos en un proceso electoral, bastante especial, ¿cuál será el reto para los medios de comunicación frente a esto?
    –Aquí habría que diferenciar con mucha claridad a los medios de comunicación. El gran reto de los medios, en términos generales, es ver hasta qué punto la política electoral le interesa realmente a la gente. El descenso brutal del interés público, popular, por la política es terrible. A la sociedad cada vez le interesan menos los políticos. Así, el reto va en dos sentidos: ¿cómo seguir captando el interés de los lectores o del auditorio ocupándose de los políticos? y ¿cómo enfrentar el reto de la información electoral desde la independencia, la autonomía y la libertad de criterios, cuando son tantos los intereses que están en juego? ¿cómo puede conservar un equilibrio informativo la prensa?
    “El reto de la imparcialidad se dará tanto en la prensa como en los medios electrónicos, pero sin duda puede tener consecuencias más graves en estos últimos que en la prensa escrita. Finalmente, los medios electrónicos responden a los intereses más poderosos en México. Algunos son compartidos por ciertos medios escritos, pero básicamente la radio y televisión, o los grandes grupos que los monopolizan, tienen en sus manos buena parte del destino de este país después del 2006.

    –Por último, ¿qué opinión le merece el grado de desarrollo de la sociedad civil en México?
    –Es difícil dar una calificación general. No existe una sociedad civil sino sociedades civiles, las cuales corresponden a desarrollo social, zonas geográficas, poder económico, etcétera.
    “La sociedad civil de la que se habla mucho, esa que despertó como tal hace 20 años con motivo del terremoto del 85 –que afectó sobre todo al DF y algunas partes de Jalisco–, fue la que tomó el poder en sus manos, por lo menos el poder de decidir salvar a los demás o intentar hacerlo, pero creo que hay muchos desniveles al respecto.
    “Debe pensarse en que México está por lo menos partido en dos, si no es que en más: el norte y el sur son totalmente distintos y por ello resulta difícil hablar de una sociedad civil mexicana. Creo que es muy circunstancial.
    “Lo que más preocupa es ¿qué hace un país enfrentado a un proceso electoral tan importante como el del año 2006, un país cuya población mayoritariamente no cree en sus partidos políticos? En ese sentido, es posible que la sociedad tenga un papel que cumplir, pero no sé cuál, porque inclusive puede ser una sociedad civil que opte, si no por la violencia como tal, sí por la presión, y que pueda salirse de sus cauces.
    “Un país organizado políticamente en torno a la estructura de los partidos queda en circunstancias muy endebles cuando su propia sociedad deja de creer en ellos. De cara al espectáculo patético que ofrecen los tres partidos más importantes de este país, creo que es una sociedad sin asidero político en estos momentos. De ahí su descreimiento no solo respecto a las estructuras de partido sino sobre quienes se dedican a la política”.