Por la derecha lo que viene

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    La radicalización como respuesta a la obsesión de la ultraderecha mexicana de aniquilar a un adversario por la vía legal y mediática, solo permitirá que quienes tienen los elementos del determinismo categórico y violento, surjan de nuevo para trasladarnos al contexto que en el pasado generó un debate en la búsqueda de equilibrios, en medio de la llamada guerra fría.
    Después de la caída del muro de Berlín, dar motivos de existencia a la izquierda extrema y al horizonte insurreccional, sin importar el deterioro de la nación, es una estrategia equivocada de un sector político y empresarial que avanza de forma acelerada en el reposicionamiento ideológico y el control de los instrumentos en los que, hasta hace poco, la democracia cristiana mantenía un equilibrio incluyente y sustentable para un viable proyecto nacional de desarrollo.
    El peor de los escenarios para el país está construyéndose con el arribo de grupos formados en el rancio conservadurismo, quienes, sobre todo en los pasados dos años, han asesorado a un jefe de estado degradado, ariete de yunqueros oscurantistas que, tal vez, observan en su propia imagen a sus antepasados en lucha contra los del siglo XVI, la educación creacionista y la proscripción de la teoría darwiniana.
    Si bien México no está para íngeles y demonios, los discursos incendiarios contra el fantasma del comunismo, archivados hace dos décadas, son leídos por actores cuya responsabilidad social parece poco sustentable luego de que el pasado 3 de marzo, en el aniversario de la primera universidad privada fundada en México, hayan enarbolado la bandera roída y maloliente de la intolerancia y la ofensa rabiosa contra uno de los hijos esclarecidos de Jalisco y fundador de la Universidad de Guadalajara.
    Enrique Díaz de León no solo se ganó el nicho que hoy lo guarda en nuestra rotonda, sino también un lugar en la historia de la ciencia y la educación superior pública, laica y gratuita de nuestro país, no obstante los insolentes calificativos vertidos en el marco protocolario de una institución que, pese a su pasado fundacional, hace más de una década solo recibe el respeto de la máxima casa de estudios de Jalisco y de los detentadores del compromiso histórico de Díaz de León.
    El mismo Partido Acción Nacional, que ha sido penetrado por la derecha inculta, no por esto representa esa vertiente que hoy se pavonea en el poder y obtiene beneficios de una democracia construida por hombres plurales y pacifistas, como Manuel Clouthier, Heberto Castillo y Luis Donaldo Colosio.
    De hecho, los primeros agredidos en esta avanzada han sido los sectores más progresistas del partido del presidente, como Felipe Calderón Hinojosa.
    Por esto, y ante la evidente colusión de quienes deberían ser imparciales en este pancracio, los ciudadanos debemos prepararnos para que en los siguientes meses aquellos medios, políticos y líderes de opinión comprometidos con el proyecto de la familia presidencial, encuentren en la crítica destructiva la posibilidad de abonar a su propio proyecto moralino y falto de visión de Estado.
    Las marchas ciudadanas serán descalificadas, la trivialización de la actividad gubernamental y la nota rosa tendrán preponderancia, el insulto y la descalificación constante a la oposición constituirán el detonante para la radicalización de los movimientos anárquicos y el resurgimiento del discurso incendiario.

    *Secretario general.

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