Pobre venta de arte

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    2005: año terrible para la venta de arte. Dueños de galerías y pintores concuerdan en que el año que terminó fue “malo” para el negocio del arte. Los motivos residen en el bolsillo del coleccionista habitual y la falta de valoración del producto artístico por parte de algunos de los compradores de creaciones plásticas.
    Y aunque la oferta de recintos culturales del gobierno estatal, ayuntamientos y universitarios fue provechosa en 2005, la venta entre particulares carece del mismo privilegio. Los programas para acercar al tapatío común al arte tuvieron éxito durante los 12 meses pasados, como informó el diario Público el pasado 19 de diciembre, cuando exaltó las exposiciones de artistas internacionales, entre ellas la del peruano Fernando de Szyszlo en el Museo de las Artes (Musa) o la de Antoni Tí pies en el Museo de Arte de Zapopan (MAZ); nacionales, como la fotográfica de Rogelio Cuéllar en el Musa, o locales: la escultórica de Rafael Zamarripa en el espacio universitario o la pictórica de Sergio Garval en el Museo Raúl Anguiano.
    Pero en el plano individual, artistas plásticos de avanzada, como Scott Neri (quien ha innovado en el arte digital y pertenece al colectivo Tomarte), o de la “vieja guardia”, como Benito Zamora, expresan que 2005 fue un año difícil para la comercialización de sus obras.
    Los galeristas comentan la dificultad para negociar el arte en el ámbito local. Galerías como Factor Arte, ubicada en la colonia Providencia, gozó de mejor suerte. De acuerdo con Rafael García González Gallo, responsable de dicho espacio, el año pasado la venta fue “buena”, sobre todo entre un público joven, empresarial, de entre 30 y 40 años de edad, que le apuesta a la obra artística en cuanto inversión y no solo como “un adorno” para decorar la pared de la casa.
    La visión sobre un cuadro o una escultura cambia entonces a partir de un público nuevo, que ve las cualidades de obtener una creación de X o Y autor, lo que a la larga le redituará en el bolsillo o incrementará su acervo cultural propio.

    Rafael García
    González Gallo,
    Factor Arte galería

    “Fue un año estupendo”, declara Rafael García, responsable de Factor Arte galería, un espacio dedicado a la venta del arte en la colonia Providencia. Durante 2005, dicho espacio consolidó su cartera de clientes. “Influyen en la venta los pintores exclusivos de esta galería”, como Rafael Coronel, Santiago Carbonel, Fernando Garrido, Royer Mantegani, Fernando Sandoval, Ana Luisa Rébora, Nino Magaña, Folé y María Ezquerra, esta última, la más solicitada entre sus clientes.
    Rafael García destacó que va desapareciendo la “idea de comprar un cuadro para colgarlo, sino que el público lo ve ya como una inversión”. Estos nuevos coleccionistas tras los que Factor Arte galería ha ido a la caza son los jóvenes empresarios entre 30 y 40 años, de ciudades como Monterrey, Distrito Federal y León. El año pasado, la galería colocó más de 123 obras; la más cara tuvo un costo de 120 mil dólares y fue una piroxilina sobre novopan, la cual es un boceto para el mural que se encuentra en el Hospital de Oncología de la ciudad de México, y es obra del maestro David Alfaro Siqueiros, bajo el título de “Mujer”. Otra pieza del maestro Pablo O’Higgins, acrílico sobre tela, titulada “Mujer con maguey”, fue vendida en 45 mil dólares.

    José Ramón Vázquez,
    galería Ajolote

    Año difícil. Así calificó José Ramón Vázquez la venta de arte en Ajolote: “No puedo decir que fue un año bueno”. La hipótesis del galerista es que la “economía de la gente está deprimida” y no solo lo dice por la colocación de obra, pues también se dedica a la venta de publicidad, la cual en su caso también se vio afectada.
    La gráfica se convirtió en el salvavidas para Ajolote en 2005. Piezas de Benito Zamora, Ernesto Flores, Gabriel Mariscal, Miguel íngel López fueron las principales ventas de la galería. Al término de 2005, José Ramón Vázquez había colocado cerca de 200 obras de gráfica que oscilan entre los mil y cinco mil pesos. La pieza más cara vendida en dicho espacio fue la serigrafía “La primavera”, a 50 tintas, de Benito Zamora, a un costo cercano a los cinco mil pesos.
    José Ramón Vázquez destaca que el escepticismo del coleccionista tapatío es un elemento clave en el mercado del arte. “La obra sí gusta pero se les sigue haciendo caro su costo. No la ven como una inversión”, una pieza que irá adquiriendo un valor cada vez más alto.

    Scott Neri,
    artista plástico

    Tremenda diferencia entre 2004 y 2005, señala el artista Scott Neri. Y es que, según sus cálculos, por experiencia propia y la de sus colegas en el colectivo Tomarte, la venta se redujo en casi un 60 por ciento el año pasado. “Lo más culero era ir vendiendo casi una pieza por mes, a lo mucho, y en el caso de Tomarte, casi igual: una o dos piezas por mes”. La gente “se guarda la lana”.
    La mayoría de los clientes de Neri son empresarios de Guadalajara. Algunos, “que ganan millones y millones y tienen compañías bien perras”, le compraban el cuadro “en dos pagos”. Su obra más cara el año pasado alcanzó los 12 mil pesos. Era un acrílico con óleo titulado “La fruta del ácido sobre un Mesías leproso”.

    Benito Zamora,
    artista plástico

    “Mal año el cinco”. No tiene idea, pero cree que son “ciclos en cada uno de los autores”. No obstante, el artista tapatío Benito Zamora, subraya que a él, Guadalajara le ha dado espacio para colocar sus piezas. El año pasado logró vender “una que otra obra gráfica”.
    Considera que el mercado está muy relacionado con las apariciones públicas. Y es que desde 2001 Zamora no había montado exposición alguna, aunque en su opinión la muestra en lugares oficiales no lleva la intención abierta de venderle su obra al público local. El creador dice que tiene “gastos medianos” para vivir y todos ellos han salido de su trabajo, sobre todo gráfica en 2005, “sin salir de Guadalajara”.

    Alejandro Gallo,
    galería Gallo

    Con más de 30 años en el negocio del arte y una cartera de clientes tan completa como el mapa del mundo con las señalizaciones de los países a los que ha viajado y que nos mira colgado en la bodega de su galería, Alejando Gallo señala que 2005 fue un buen año para las obras que entran en el denominado “hiperrealismo”. En su catálogo maneja creaciones del tapatío Sergio Garval o bien, bajo pedido de coleccionistas.
    Gallo coincide en que el mercado de consumidores de arte en Guadalajara es “muy pobre en realidad”.