Odio sin fin

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Independientemente de que la espiral de violencia provocada por un nuevo capítulo de la animadversión entre Israel y Palestina encuentre una eventual solución con la mediación de Egipto, el final definitivo del conflicto aún parece una utopía y cualquier acuerdo que se firme será tan, o más frágil, que los anteriores.

“Históricamente ninguna de las dos partes ha cumplido con los acuerdos. Ni los palestinos con los acuerdos de respeto a las leyes israelíes, ni Israel ha respetado los derechos palestinos. Entonces es un ida y vuelta, un conflicto constante en el que de repente ya no se sabe plenamente quién es el que está violando más los acuerdos de paz”, considera el especialista en relaciones internacionales y Medio Oriente,  José Jesús Bravo Vergara.

El también investigador del Centro de Estudios del Pacífico considera que en esta larga historia de violencia y odio, quien debería entender su papel como primer responsable es Israel, pues es el que tiene la mayor fuerza militar y económica y el apoyo de Estados Unidos.

“Evidentemente el Estado de Israel al tener la fuerza, al tener el poder, se vuelve responsable central en este caso. Al tener capacidad incluso nuclear se vuelve un país responsable de cuidar además los derechos de la población que no sea israelí, pero que vive en los territorios que a final de cuenta ellos controlan de alguna manera u otra”, indica.

Ante lo confuso de este conflicto, las pasiones suelen desatarse abonando al terreno de la polarización. Los detractores de Israel lo acusan de emprender una limpieza étnica contra los palestinos, y hasta lo comparan con el Holocausto. Mientras que quienes tachan a los palestinos de terroristas, no están conscientes de la injusticia política y económica que ellos sufren.

Lo cierto es que  las violaciones al derecho internacional humanitario son una constante en la región, tanto de los terroristas como del ejército israelí. Como en todo conflicto, los más vulnerables, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), son los integrantes de la población civil: ancianos, mujeres, niños y bebés.
   
Un nuevo episodio trágico
Desde que en 1948 se creó el Estado de Israel en lo que ya era territorio palestino, la hostilidad entre ambos pueblos no ha cesado, aparte de unas fugaces pausas producto de acuerdos endebles, que lejos de abonar a la paz sirvieron para que ambos bandos renovaran sus fuerzas.  Los atentados terroristas de Hamás, que han cobrado miles de víctimas desde 1987, y las embestidas israelíes en las que han caído personas inocentes, han consternado al mundo desde entonces.

Este nuevo conflicto retoñó luego de un año y medio de paz ilusoria. La desaparición de tres chicos israelíes a manos de palestinos fue la afrenta que Israel no perdonó. Durante 18 días, los medios de comunicación de Israel dieron intensa cobertura a la búsqueda de los jóvenes, alimentando la esperanza de encontrarlos vivos.

in embargo, para Bravo Vergara, el gobierno israelí se aprovechó hábilmente del hecho lamentable. “Hay información de una agencia de defensa de los derechos humanos israelí, en el sentido de que el Estado ya sabía con antelación que los chicos estaban muertos”.
En esto coincide el periodista y corresponsal en Medio Oriente de varias publicaciones,

Temoris Greco, quien ha escrito en sus últimos reportajes que Israel confeccionó una trama mediática alrededor de estos tres muchachos, a pesar de que en las primeras 24 horas se supo de su muerte, pero alargó la expectación a propósito para generar “un nivel de crispación en la sociedad israelí no visto en años”, con lo que fue consecuente que los ataques, y a partir del jueves la invasión a la franja de Gaza, obtuviera simpatía de los ciudadanos, aunado a la obcecación de Hamás por aceptar una tregua. Desde el 8 de julio, al menos 250 palestinos han fallecido, mientras que mil 200 cohetes han sido lanzados contra Israel.

“No es nuevo que Israel intente desalojar de forma definitiva a los palestinos de su territorio”, agrega  Bravo Vergara, quien también cuestiona que Israel se haya negado de forma repetida a adherirse a organismos  exteriores, como la Corte Penal Internacional.

“Atacan no tanto a los soldados, no tanto a los guerrilleros, o a los agentes de Hamás, sino a la población civil de Palestina. Cerca de 100 mil palestinos están en proceso de desalojar sus hogares en la franja de Gaza. ¿Cuándo va a haber garantías para que puedan regresar a sus casas? Esas propiedades pasarán al Estado de Israel que las revende a los llamados colonos (que suelen desplazar a habitantes originales), y que son todavía más agresivos, y que no quieren acuerdo de paz con Palestina”.

Y aunque seguramente vendrá un acuerdo para tratar de que vuelva la tranquilidad, Bravo Vergara insiste en que la solución definitiva todavía no se asoma en el horizonte: “Todos quisiéramos tener la esperanza o la garantía de que el conflicto se termine. El gran problema también es que quedan partes impunes. Tanto los tomadores de decisiones de Israel, como los palestinos de Hamás o Al Fatah en su momento”, lamenta.