No sabemos nada no sabemos

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La semana pasada viajé a la ciudad de los concretos, ese defectuoso amado y odiado por igual, y entre un cúmulo de pachequeces existencialistas, me di cuenta de muchas cosas, entre estas, que la mayoría de las que creía como tales, no eran así, sino más bien asá. Es decir: confirmé que varias de mis terrenales creencias, francamente relativas y por ende inexactas, aunque sobre todo erróneas, navegaban a la deriva empaquetadas (una para todas y todas para una), como la Tierra navega por este causinfinito cosmos misterioso, inconmensurable, abrumador. Fue uno de esos viajes que no deseaba hacer, pero tenía que emprender y que me embarcó en otro viaje de reflexiones, revelaciones y retahílas. No pensé, como usualmente lo hago, de dónde vengo y a dónde voy, sino del lugar al que hoy pertenezco y de donde fui alguna vez. Más allá de las cuestiones prácticas y laborales que pude solucionar, creo que fue un “tripi” bastante útil y enriquecedor, muy a pesar de ciertas desilusiones y tonterías innecesarias. Pero lo que más disfruté es haber visto una película ni ramera idea tenía que existiera. Un filme difícil de describir en términos de tipo y tono. Una cinta de esas que asombran, sorprenden y provocan preguntar: ¿Qué hostias sé yo? Y todos nosotros. Porque podemos ser agnósticos, ateos y hasta creyentes, pero todos somos uno.
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What the bleep do we know? (léase en español como ¿Qué %&?¡*= sabemos?, EU, 2004) es una cinta inclasificable, que resultará un deleite para todas aquellas personas que tienen sed de conocimiento, para quienes todos –o casi– los días de su vida –con o sin angustia de por medio– se preguntan ¿quién soy?, ¿por qué estoy acá?, ¿hacia dónde me dirijo?, ¿qué es todo esto que me rodea?, ¿qué hubo antes de la vida y qué después de la muerte?, ¿si existe o no Dios, sea o no a imagen y semejanza nuestra? Me recordó un poco, solo un poquito nomás, a aquel extraordinario proyecto del que alguna vez comenté en este espacio, One giant leap, un sensacional y sensorial combo de imágenes, música e ideas, en el que artistas, científicos, filósofos y hasta místicos dan rienda suelta a sus puntos de vista relacionados con temas aún desconocidos, como el tiempo, Dios, el amor, la existencia, etcétera. Proyecto éste que recomiendo muy mucho, si bien es difícil tener accesos al mismo, aunque espero que What the bleep do we know?, harto diferente, aun cuando tiene ciertas coincidencias con el otro, llegue pronto a las salas tapatías, para que así se den un chapuzón en el mar donde la imaginación, las emociones y los pensamientos se unen en la perfecta armonía de la física cuántica. Y más.
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En un mundo donde parece que solo importa lo material y superficial, donde el dudoso arte de la guerra es un simple y cínico negocio, donde los desastres naturales evidencian nuestra estupidez y donde la religión organizada nos ha llenado de absurdos temores y culpas gratuitas, What the bleep do we know? funge como un pequeño pero a la vez vasto oasis en medio del desierto de la ignorancia, el temor y la incertidumbre. Sí, muchos de los conceptos vertidos por sus variopintos protagonistas son por momentos incomprensibles, pero el film tiene el don de poco a poco y de manera original, contagiarnos de ese discurso esperanzador a pesar del caos, de ayudarnos a encontrar chiquitas, pero múltiples salidas en el gigantesco callejón universal que parece no tenerlas, así como entender –poquito, aunque de alguna manera– que todo tiene que ver, que todo y que este todo está interconectado de alguna manera con el otro todo que no se ve pero que está ahí. Nunca, al menos yo, vi a la ciencia tan o más humana que incluso las humanidades. Esta peculiar obra fílmica, que combina de manera curiosa y bien librada al documental, a la ficción y la animación, tiene la virtud de sacudir conciencias como si una brisa de conocimiento y un ventarrón emocional nos levantarán y llevarán a dar un rolecito por los enigmas de la vida, gracias en mucho a los cambios y la nueva manera de ver al universo y sus misterios –obvia e inseparablemente, nosotros incluidos–. Y eso se lo debemos a personas, además de a la física cuántica (que seamos –soy– sinceros, estamos a años luz de comprender en toda su magnitud), a aquellos seres que día con día se cuestionan, preguntan, buscan, analizan, piensan; y por supuesto, sienten. Sí, sentir, porque de eso se trata después de todo esta cinta, en la que los vericuetos de las relaciones humanas, y estas con cuanto existe en el nivel biológico y mental y emocional, son protagonistas. Y claro, tiene lógica eso de que lo que hagas o pienses afecta a todo. Porque todos somos todo.
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Dirigida por William Arntz, Betsy Cheese y Mark Vicente, y protagonizada por la ganadora del Óscar Marlee Matlin (la parte de ficción), otros actores más o menos conocidos y una pléyade de luminarias del pensamiento, entre los que se encuentran destacadísimos sicólogos, físicos, filósofos y científicos de todos los campos del conocimiento, What the bleep do we know? hurga con humor e inteligencia más allá de los pliegues de la conciencia humana, donde la realidad toma una forma muy distinta a la que imaginábamos. Los pensamientos y emociones, parecen decir a coro los que hacen realidad esta cinta, tienen consecuencias en todo. Por ejemplo –y miren que me gusta contar detalles específicos de las películas, pero ya qué–, hay una parte en que te cuentan el experimento realizado por el doctor Masaru Emoto, graduado en medicina alternativa y otras disciplinas, quien por conducto de un poderoso microscopio, y usando distintos medios (palabras escritas, música y sensaciones), logró captar el cambio de emociones del agua. Es decir, si a una botella con agua le colocaba la leyenda “amor”, al fotografiar los cristales de agua estos se veían de una manera especial, armónicos y hermosos. Si le ponía música de Mozart cambiaba según el mood de esta composición. Y si, por el contrario, fotografiaba esos cristales habiendo puesto como leyenda un insulto o un ruido terrible, los cristales se veían feos, opacos, desesperanzadores. Sin lugar a dudas, éste es uno de los mejores ejemplos de que lo que proyectamos tiene consecuencias más allá de lo inimaginable, sea en lo que está al lado nuestro, como en los confines del universo. Y es que no sabemos nada no sabemos. Por eso me quedo con una frase de Copérnico: “Saber que se sabe lo que sabemos y saber que no se sabe lo que no sabemos; ahí está la verdadera sabiduría”.
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Ya lo dijo un filósofo griego, un tal Sócrates: “Sólo sé que no sé nada”. Y en esta película se confirma, pero se abren puertas, ventanas y puentes por donde se nos permite ingresar a otro nivel de ignorancia menos ignorante. La cuestión es que, como habrán podido imaginarse, y aun a pesar del revoltijo de conceptos e ideas expuestos en este cinechoro, What the bleep do we know? es mucho más que una simple película. Es una provocación visual y narrativa que durante, pero sobre todo después de verla, te hará seguir cuestionando todo lo que nunca antes te imaginaste cuestionar. Pero lo que más me provoca un pensamiento positivo (que, como bien se explica en la cinta, es solo un disfraz que solo en apariencia oculta mi real negatividad), es que la ciencia, las humanidades y lo espiritual convergen en un mismo carril, como nunca antes en la historia del pensamiento y la sabiduría lo habían hecho. No sé, repito, no sé nada. Pero definitivamente esta obra te abre un océano cósmico de posibilidades y saber, al menos un poco poquito. Y esto ya es algo.