La sazón de la lengua al paladar

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Pensar la comida y la labor literaria puede arrojar resultados muy simples, como imaginar y crear palabras con el contenido de una sopa de letras; o quizá practicar el típico juego que lleva como nombre aquel platillo casero que sirve de primer tiempo en la comida vespertina.

En la edición de verano de Luvina, el sabor juega el papel primordial. Pero más allá de la práctica de menear la cuchara en el caldo, por falta de apetito, o encontrar palabras perdidas en un charco de letras impresas en un papel, el lazo se circunscribe a la sazón del ritmo narrativo —quizá poético— en la creación de autores que han hecho del gourmet su entrega textual preferida.

¿De dónde nace el gusto por ligar el verano con el sabor?, tal vez del tiempo corto que marcha entre los guisos de temporada como la capirotada, las empanadas y las tortas de camarón. Tener en consideración que esos platillos— bien esperados, pero que se degustan sólo en ciertas épocas del año— pueden despertar la interrogante de la alquimia como forma de escritura y como poción idónea para la creación gastronómica.

“En ambas (labores) —dice el prólogo del verano 2016—, el resultado convoca a todos los sentidos. Y acerca la memoria en la que llevamos esa sabiduría ancestral. El saber y el sabor que nos forjaron como personas”.

En el repertorio de escritores que se unen o que continúan con su participación en esta entrega, resalta Gonzalo Calcedo, con su relato “La manzana”, Verónica Grossi, con su poema “Fruto”, o del talento de la literatura local, como el de Juan Fernando Covarrubias, con su ensayo “El disimulo de las obligaciones”.

Además de la participación, a manera de homenaje, del recientemente fallecido Umberto Eco con su texto “La biblioteca”, ensayo que aborda la labor de dichos recintos que ahora se nutren de la nostalgia de aquellas bodegas de libros, sustituidas por el universo impalpable del internet. El escrito es el mismo que el propio filósofo italiano leyera el 10 de marzo de 1981, en ocasión de los veinticinco años de actividad de la Biblioteca Comunale de Milán, en la actual sede del Palazzo Sormani.

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