La palabra que defiende

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    El discurso melancólico del poeta mapuche Elikura Chihuailaf Nahuelpán (Quechurewe, Chile, 1952) adopta un tono de protesta y de manifiesto social, para luego serenarse en las aguas azules y profundas de su poesía. De todo hay en sus palabras y emociones para los asistentes en el Foro de nuevos escritores indígenas, celebrado durante la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
    Chihuailaf Nahuelpán se define como un oralitor, concepto innovador que el autor le asigna al pensamiento de sus mayores proveniente de la oralidad de su gente y a la especial relación que conjuga su literatura con la memoria viva de su pueblo.
    Su voz da cuenta de la mansedumbre que lo rodea. Sus escritos hablan de la fuerza de los ríos, de las tonalidades del cielo, del aroma de las flores, de las conversaciones con sus hermanos y parientes en torno al fogón. En ellos se respira un clima interno que da cuenta de los ciclos de la naturaleza, de las conversaciones con su abuelo, de su amor por los animales, de la tierra que lo vio nacer. Quizás por ello asegura que su espíritu es de un color azul profundo, el color tradicional de su pueblo.
    Elicura (en mapuche lí¼g: “transparente”, kura: “piedra”, Piedra transparente), Chihuailaf (chiway: “neblina”, lafí¼n/lafken: contracción de “extendido” y “lago”, Neblina extendida sobre un lago), Nahuelpán (nawel: “tigre”, pangi: “puma”, Tigre-puma) es un destacado escritor indígena chileno, y cuya obra ha sido traducida al italiano, alemán, francés, inglés y sueco, entre otros.
    En 1994 recibió el premio Mejores Obras Literarias, del Consejo Nacional del Libro y la Lectura. Asimismo, fue invitado a Cuba como jurado del premio Casa de las Américas. En 1997 fue galardonado con el Premio Municipal de Literatura, de la Municipalidad de Santiago (mención poesía), por su libro De sueños azules y contrasueños.
    En el 2000 ganó con su libro Recado Confidencial a los chilenos, el premio a la mejor obra literaria, en la categoría Ensayo Publicado, otorgado por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura, en el que propone dialogar con los chilenos, quienes poco conocen de la vida y cultura de los pueblos originarios de la zona.
    “Después de viajar por nuestras comunidades, las más agredidas por el gobierno chileno, escribí ese libro. Y como a la gente le cuesta ponerse en los zapatos del otro, establecí una comparación de una historia bien conocida, como es la consolidación del Estado chileno en 1893, luego de la ‘pacificación’ de los mapuches. Ahí digo: 1893: la pacificación de los mapuche; 1973: la pacificación de los chilenos, la dramática historia que sufrimos de violencia, asesinados, desaparecidos, exiliados”.
    Dirigido a la población chilena, el texto ofrecido por Chihuailaf a manera de recado confidencial público, comporta el gesto de la visibilidad de una cultura tradicionalmente negada y desconocida por otra a partir de una invitación, íntima y directa, a vivir la diversidad en el reconocimiento del otro culturalmente diferente. Valiéndose, para ello, del recurso de la oralidad propia de su cultura y con la fuerza de la interpelación en primera persona, a lo largo de sus páginas se presenta una profunda reflexión en torno a la cosmovisión mapuche, sus tradiciones y costumbres, medicina, organización, visión del desarrollo y otros aspectos.
    Con preguntas como ¿Cuánto conoce usted de nosotros?, o ¿Cuánto reconoce en usted de nosotros?, Chihuailaf sitúa el propósito último de su recado, planteando la urgente necesidad de emprender un camino de mutua y concreta apertura que vaya más allá de su solo recorrido abstracto. Hablando también por boca de sus antiguos, y evocando los colores y saberes en los que creció y antes de él sus padres y los padres de sus padres, reacciona y reclama por el derecho de los miembros de su pueblo, donde quiera que se encuentren, a pensarse con el dinamismo que a otros se permite.
    Pero la situación de los mapuche (mapu: “tierra”; che: “gente”, gente de la tierra) es extrema y viven a diario una agresividad diaria “sin importar si Chile vive una dictadura o una democracia. Nuestra esperanza terminó con el gobierno de Michelle Bachelet, que a pesar de que su padre fue asesinado por Pinochet y ella y su madre estuvieron en la cárcel, nunca antes hemos sufrido tanta persecución, asesinatos, allanamientos, baleos a niños, jóvenes, mujeres y ancianos por parte del gobierno a los nuestros.
    ”Participé, a petición suya, en su campaña. Incluso leí un poema mío en la Casa de la Moneda cuando leyó su primer discurso. Muchos mapuches la apoyamos, porque para nosotros la tierra es femenina, la llamamos ñuke mapu (madre tierra), y pensábamos que con ella podríamos tener una buena relación, pero no fue así, porque no sé como esté en México la situación, pero el neoliberalismo a ultranza en Chile es transversal”.
    A pesar de la desazón que lo embarga por ver a su pueblo sufrir, Chihuailaf Nahuelpán considera que la gente mestiza ha estado sensibilizándose, sobre todo por el cariño que mucha gente tiene a la ecología y conservación de la tierra y “por pueblos como el nuestro que tanto la hemos defendido”.
    “Me parece que en todo ser humano hay un indígena, porque todos los pueblos empiezan de esa manera y en la oralidad. Eso comienza a renacer en el espíritu de mucha gente que no es indígena, pero si llevan en su corazón esa memoria”.