La gravedad de los inconformes

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El protagonista de la novela cubana Llena eres de gracia (2003), de Rogelio Riverón, explica en un momento: “El jardín es la posibilidad de medir la Naturaleza con un rasero humano, para reducirla momentáneamente a nuestra estatura. Para tratarla como a un semejante y contaminarse con su ascendencia…” De la misma manera esta obra parece declarar que la literatura, al igual que el jardín, pone a la altura humana el caudal de lo desconocido, aunque después nos quedamos de nuevo en el filo breve de la existencia, como también sucede con la naturaleza del erotismo. Esta obra avanza entonces por senderos en los que la escritura y la sensualidad se tocan y se alejan, de allí que la vida y la muerte sean decisivas en las acciones de una narrativa que se encumbra a sí misma.

Llena eres de gracia narra los sucesos en torno a un joven recién llegado a la ciudad cubana de Cienfuegos y sus relaciones con su amante, a quien llama Mujer; ella lo guía por la ciudad y sus círculos literarios. En ese andar al acecho la obra hace contacto con Cienfuegos, con la poesía, con el erotismo, con la muerte y ve en las relaciones personales un vínculo prodigioso con las circunstancias. Todo esto configura en Alcofrybas, el protagonista, su “gravedad de inconforme”, de poeta que se apura a existir antes de que el tiempo le gane en una carrera brutal. En medio del jardín, donde Alcofrybas pronunció las palabras antes citadas, le confía a Mujer: “Se escribe por tozudez, por una suerte de fatalismo que a primera vista nos iza como buenas insignias del humanismo, pero en realidad casi siempre nos deja frente a los riscos de la sospecha y la pobreza”.

 

En esta sentencia no se puede eludir la voz del autor proferir sus dilemas de la escritura anegado ante su propio caudal narrativo. Este rasgo muestra la riqueza de la novela en la ruptura de sus límites genéricos; abre sus páginas para darle cabida a la voz del narrador en un tono a veces ensayístico, poético, crítico o demasiado humano. En este sentido, Llena eres de gracia ostenta diversidad de discursos: habla la ciudad a través de sus personajes en brevísimas escenas, cuya economía verbal acrecienta el impacto de la epifanía puesta en cada segmento de la vida de Cienfuegos. Es como si la ciudad se empeñara en hacerse escuchar de cuando en cuando, y al hacerlo pasara desnuda, con cierta prisa, dejando un aire húmedo a la vez que doloroso, tal como lo hace “Mujer”; hablan los personajes para dar voz al pasado; hablan las cartas, la paredes de la ciudad e incluso hablan los nombres, cuya precisión muestra el trabajo mismo de la escritura.

Así, desde el título se ofrece una red de significados alusivos, pues sabemos que como frase hecha “Llena eres de gracia” forma parte de una oración a la virgen María. Sin embargo, Riverón contrasta caprichosamente la sentencia que da título a su obra desde la primera línea en boca de Alcofrybas: “Le había dicho: serás mi virgen” mientras abraza a Mujer en su primer encuentro sexual. Después ella “buscó al animal y lo fue dejando entrar con sabia ternura, y él se sorprendió que el animal avanzará con aquella prisa… Había hecho el ridículo pensándola virgen y quería encontrarse solo, darse tiempo para rumiar su machismo…” Antes de concluir la primera página el lector se sabe ya en un espacio narrativo cuyas nomenclaturas juegan con sus significados. Alcofrybas se da a la tarea de pensar en otro nombre, ella le dice entonces: “Me llamarás Mujer”. Después del ritual erótico hay una suerte de “bautismo” para Mujer. Nombre que pareciera llevar empeñado el fatalismo entre sus letras.

Por su parte, el personaje masculino carece de nombre hasta que el círculo de poetas que frecuenta Mujer lo bautiza como Alcofrybas, seudónimo que usó Rabelais como un anagrama de su propio nombre. A partir de este momento hay un despunte de lo poético y lo intelectual en él, acompañado de sus dudas ante la escritura.

Mujer, de la que casi se podrían recibir ecos de la Maga, responde a las dudas de Alcofrybas de una sola vez en el jardín, justo donde convergen la sensualidad y la poesía: “Quizás de ser eternos, como los animales y los niños, exigiríamos el derecho a dejar de ser. Ahí está toda la gravedad de los inconformes, gracias a la cual viven los historiadores, los ideólogos y los poetas”.

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