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Opinión

Elecciones europeas: un rompecabezas político


Por Andrea Bussoletti
10 Junio 2019

El reciente 26 de mayo se realizaron las elecciones para la renovación del Parlamento Europeo. En el pasado estas elecciones fueron interpretadas (tanto por los electores como por la clase política) como un termómetro para evaluar a los gobiernos y medir las relaciones de fuerza entre partidos a escala nacional, más que como un instrumento de participación ciudadana en la definición de políticas europeas. Sin embargo, después del Brexit, muchos vieron en ellas un momento decisivo para la supervivencia del proyecto de integración europea.

El primer efecto de este renovado clima, fue el revertirse de la tendencia a la baja de participación, que había caracterizado el voto europeo desde 1979, año de las primeras elecciones continentales. El 26 de mayo el 50.7 por ciento de los electores acudieron a las urnas, con un sensible incremento en comparación con el dato de hace cinco años (42.6 por ciento). Para volver a un valor más alto de participación es necesario regresar al 1994, cuando el porcentaje de votantes fue del 56.8 por ciento.

De las urnas sale un continente fragmentado, con nueve grupos parlamentarios representados en la máxima asamblea representativa del continente. Las dos bancadas históricas, populares (que agrupa a los partidos cristiano-demócratas de carácter moderado-conservador) y socialistas, se mantienen como las más grandes (respectivamente 179 y 153 escaños), pero por primera vez en la historia de la asamblea no suman juntos la mayoría absoluta de 375 diputados.  

Frente al declive de los partidos tradicionales, crece el peso de las fuerzas hostiles al proceso de integración europea: en Francia (Frente National), Italia (Liga), Gran Bretaña (Brexit Party) y Hungría (Fidesz-Unión Cívica Húngara); estos partidos alcanzaron el primer lugar por votos obtenidos y, si bien hoy no todos muestran la intención de conformar una bancada parlamentaria común de los euroescépticos, el peso de sus 92 diputados (a los que podrían sumarse los 11 alemanes de Alternative Für Deutschland y los tres españoles de Vox) hacen de este bloque un actor decisivo en el mapa político continental. 

Otro dato relevante fue el crecimiento del movimiento ecologista: después de una década de estancamiento, los partidos verdes han sabido reorganizarse alrededor del liderazgo de la joven sueca Greta Thunberg, que si bien por su edad no puede competir para cargos de elección ha logrado captar el consenso de la opinión pública progresista, sobre todo en el centro-norte del continente. El mayor logro fue el de The Grünen, los verdes alemanes, que con el 20 por ciento de la votación desplazaron la SPD del segundo lugar, quedando sólo debajo de la CDU de Angela Merkel.

El movimiento ecologista parece perfilarse como nuevo referente de la izquierda europea, allá donde los partidos socialistas se presentan debilitados, con la significativa excepción del PSOE, que logró refrendar el consenso obtenido en las elecciones generales españolas de abril y que incrementó sus sufragios de casi el 10 por ciento en comparación con el proceso electoral europeo anterior. 

Es difícil prever ahora qué efectos tendrán tanto la fragmentación partidista y el peso de euroescépticos y del movimiento ecologista en las políticas continentales para los próximos cinco años. Sin duda la evolución del Brexit será decisiva. Los impulsores de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea fueron la fuerza política más votada en su país, pero paradójicamente si realmente el Brexit tuviera lugar ellos serían los primeros en ser afectados, debiendo sus 29 diputados renunciar a una tribuna mediática con visibilidad continental. ¿Serán ellos realmente intencionados a llevar a cumplimiento el diseño de salir de la UE o nos esperan otros golpes de teatro?.



Nota publicada en la edición 1017