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Opinión

El estrés en el desempeño laboral de los académicos


Por Ruth Padilla Muñoz / Alejandro Ibarra Salcedo
29 Abril 2019

El estrés ha sido reconocido como uno de los fenómenos más indeseables y relevantes en la realidad del ámbito laboral actual. La relación que liga al estrés con el trabajo tiene en su origen múltiples circunstancias, mismas que incrementarán o disminuirán de acuerdo al oficio que se desarrolle. Si bien en los estudios publicados al respecto las áreas de educación superior no se consideran entre las que tienen condiciones de mayor estrés, lo cierto es que las extensas jornadas laborales, el trabajo que todo el tiempo se llevan a casa los docentes para revisar tareas, evaluar exámenes y preparar las clases, la exigencia de actualización continua y las nuevas formas de interrelación personal en los nuevos modelos educativos son demandas permanentes hacia el maestro que, con no poca frecuencia, ponen en riesgo su salud física y mental.

En el caso de las universidades públicas mexicanas, otro factor que incide —todavía más si cabe— en el estrés laboral de los profesores, es la condición de incertidumbre que guardan con respecto a su situación laboral. Un alto porcentaje de los docentes están contratados por horas y con cargas que pueden llegar hasta 48 horas semanales de docencia frente a grupo, en aulas atiborradas de estudiantes a los cuáles deben prestar atención constante, sin expectativas claras de llegar a obtener un puesto permanente de tiempo completo.

Recordemos que el estrés es la reacción del cuerpo a un desafío o demanda. En pequeños episodios el estrés puede ser positivo, como cuando ayuda a evitar el peligro o cumplir con una fecha límite para entregar un resultado, pero cuando se mantiene durante mucho tiempo puede dañar la salud. En el caso del profesor universitario, esta condición es constante por la cantidad de personas con las que está en contacto y que exigen su atención, además de que con frecuencia son objeto de bromas y comentarios agresivos en las redes sociales, lo que incrementa los elementos de afectación a su salud emocional.

Existe un desequilibrio dentro de las áreas laborales en donde las recompensas obtenidas y el esfuerzo realizado para conseguirlas se encuentran desproporcionadas; aunado a esto, el gran número de actividades realizadas, la condición salarial y el contexto educativo en general, generan un impacto físico en la entidad humana del educador, sobre todo mental, que a largo plazo pueden generar trastornos de depresión y ansiedad, afectación de su vida familiar y su productividad, además de reducir su calidad de vida.

En México el 75 por ciento de aquellos que tienen un trabajo padecen de estrés laboral, superando a países potencia como Estados Unidos y China, dado que la jornada laboral en nuestro país —según la OCDE— rebasa las 2 mil 255 horas por año, cifra muy superior al de otros lugares del mundo. 

El estrés puede ser definido “como un ‘malestar’ o estado emocional negativo que va acompañado de síntomas tales como angustia, tensión, frustración, ansiedad o depresión y que es consecuencia de algunas condiciones en las que el profesorado desempeña su trabajo. Además de los síntomas mencionados, el estrés en docentes se ha asociado al síndrome de burnout”1, un riesgo laboral que acecha permanentemente a los profesores, como manifestación aguda del estrés laboral.

El término burnout, se relaciona con el agotamiento y desgaste causado por un exceso de fuerza y/o demandas cada vez mayores de energía; esta situación sucede con un profesional, quien se “quema” (agota) y fracasa en su intento por alcanzar sus metas laborales.

En nuestra Casa de Estudio este fenómeno no debe ser desatendido, antes bien, debe incluirse en los programas de salud organizacional que se llevan a cabo, en beneficio de los profesores y sus estudiantes. La redefinición y claridad de las normas de convivencia que son aceptables, así como la mejora del ambiente laboral y escolar, son indispensables para garantizar la vida en comunidad y la calidad en las funciones sustantivas de la universidad.

1 Freudenber (1974)



Nota publicada en la edición 1011