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Opinión

Las Organizaciones de la Sociedad Civil en México


Por Ruth Padilla Muñoz
4 Marzo 2019

Ahora que, desde las más altas representaciones de gobierno federal y estatal, se cuestiona a la sociedad civil y sus organizaciones por atreverse a expresar sus opiniones y plantear posturas frente a actos y decisiones con los que no se concuerda, conviene recordar la relevancia de su eficiente y oportuna participación en distintos momentos de la historia reciente en nuestro país. Baste recordar que hemos sido testigos y participantes en acciones de gran magnitud, como por ejemplo la atención a los damnificados por los huracanes que han arrasado nuestras costas en los últimos años, o en los terremotos del 19 de septiembre de 1985 y 2017, cuando pudimos ver a cientos de personas organizándose espontáneamente para ayudar, rescatar personas, reuniendo víveres o auxiliando a heridos; de la misma manera hemos atestiguado el trabajo que varias Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) realizaron en estas y otras tareas, así como en ocasiones se han adueñado de los desafíos actuales de la sociedad para proponer soluciones y actuar en consecuencia.

La presencia ciudadana en asuntos de interés público es una forma de democracia en las que todos tienen la oportunidad de participar, en este sentido, las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) son espacios donde los ciudadanos encuentran causas para involucrarse, ayudan a potencializar las capacidades individuales mediante su actividad cotidiana en un colectivo, son contrapeso al poder, y la participación voluntaria de sus miembros es lo que da pie a la intervención en actos de interés público. La abundante literatura sobre las OSC muestra sus valiosas aportaciones, no sólo en la comunidad con la que trabajan, sino por su colaboración con los gobiernos.

Es cierto que algunas de sus acciones cobran mayor protagonismo en el escenario social y político mexicano, pero con mayor frecuencia se enfocan a realizar cambios desde las comunidades, me refiero a las que buscan promover el cuidado del medio ambiente y subsisten gracias al apoyo y compromiso solidario de las personas.

Las organizaciones se han multiplicado durante las últimas décadas, según el Registro Federal de Organizaciones de la Sociedad Civil, la entidad federativa mexicana con mayor número de registros es la Ciudad de México con más de siete mil, el Estado de México ocupa el segundo lugar con más de tres mil, y en tercero se encuentra el estado de Oaxaca con más de dos mil. Aunque Jalisco no figura en los primeros lugares sí se encuentra en los diez primeros estados con mayor número de OSC.

Para que todo funcione de acuerdo con las leyes en la materia, muchas de las organizaciones se ven beneficiadas con apoyos económicos para que amplíen su ámbito de intervención y que continúen trabajando y colaborando con su labor social. Lamentablemente, en algunas ocasiones se presenta un problema cuando la relación con el gobierno se pervierte y los apoyos recibidos para el trabajo social se desvían para atender intereses personales o de grupos, lo que da pauta a la desconfianza en algunas organizaciones, quienes al ser desviadas de sus objetivos originales y trastocar su misión despilfarran el capital social y en ocasiones, los recursos públicos.

No obstante, este tipo de situaciones no deben llevar a descalificar a todas las organizaciones, existen en México cientos de ellas que cuentan objetivos claros y su principal compromiso es continuar apoyando a la sociedad, promoviendo y defendiendo derechos, reforzando políticas públicas y compartiendo perspectivas para el cambio social, el trabajo que han hecho es real y tangible y lo debemos de reconocer. Al final no podemos hablar de un Estado fuerte sin las organizaciones de la sociedad civil, porque son las que contribuyen a consolidar la democracia de manera colectiva y diversa.



Nota publicada en la edición 1005