Foto: David valdovinos

Charla

La alegría de crear


António Lobo Antunes charló en la FIL sobre su proceso creativo, de la escritura como un sueño, de conquistar a la palabra como en guerra, de la vida que queda en los libros

Por Julio Ríos
3 Diciembre 2018

Escribir es como caminar entre la niebla hasta encontrar la luz del sol. Es un proceso angustioso en el que hay que conquistar la palabra y, al final, tener un hijo feliz de un autor feliz. Con este tipo de metáforas, António Lobo Antunes esbozó lo que John Ernst Steinbeck definió como la alegría de crear y la sensación de la escritura como sueño, durante la conversación que el escritor portugués sostuvo con Laura Restrepo, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

“Este trabajo tiene mucha angustia, pero al mismo tiempo una alegría muy grande. Y ya Steinbeck hablaba de la invisible alegría de crear. Si tu no sientes que un libro ha sido hecho con esa invisible alegría de crear, el libro no es bueno. Un libro tiene que ser feliz. El hijo feliz de un escritor feliz que ha luchado mucho con el material feliz”, dijo el recurrente candidato al Premio Nobel de Literatura, en un abarrotado Salón Juan Rulfo.

Para poner en la mesa la sensación de la escritura como un sueño, Laura Restrepo recordó una cita de Antunes: “Cuando escribo es como si estuviera soñando, como si caminara entre la niebla y veo salir el sol. Hasta que siento que las palabras van reproduciéndose entre ellas, lejos ya de las estructuras convencionales”.

Ante ello, el portugués respondió: “Trato de instalar un desorden en el orden, un desorden que en el fondo tiene un orden que se nos escapa muchas veces. Cuando estás bien con el libro, el libro es más inteligente que tú. Parecemos niños intentando andar. Los pasos primeros son perdidos, difíciles, pero después poco a poco empieza a estructurarse. Y después que termino me quedo triste porque me apetecía seguir con él”.

Explicó que los escritores con sus libros son como madres sobreprotectoras, quieren permanecer con ellos mucho tiempo, y escribirles más, pero hay que saber cuando soltarlos a pesar de la dificultad.

“¿Y tú, Laura, cómo lo haces?”, preguntó Antunes.

“No voy a caer en tu trampa”, respondió la narradora colombiana entre risas del público.

“Así es muy fácil... Tú me haces preguntas, pero no dices cómo haces”.

“No me perdonarían, ponerme a hablar de mí teniéndote a ti adelante”.

Sobre la temporalidad y la importancia de los recuerdos en los libros, Antunes apuntó: “Nuestra vida de adultos no es más que una niñez fermentada. Nuestra niñez sigue con nosotros. Porque nuestras vidas se quedan en los libros”, señaló el escritor que dejó la psiquiatría para abrazar a la literatura de tiempo completo.

“António, ¿tú hablas a través de tus personajes o ellos tienen un voz propia?, preguntó Restrepo.

“Los trato como quien tiene vida, cuando termino un libro lo hecho de menos. Porque al mismo tiempo, dentro de nosotros conservamos una niñez y una pureza”.

El escritor señaló que para escribir algunos librs suele recordar la guerra en Angola en la que participó, los entrenamientos, las batallas. Y es que la guerra es una alegoría de la literatura, donde también hay que conquistar a las palabras. Y cuando empieza a escribir, lo hace a mano.

“Estoy siendo muy sincero, al escribir para mí es como si volviera a la guerra. No es que las palabras sean nuestras enemigas, pero tampoco son todas libres y hay que conquistarlas. Y hay una cosa también de la seducción sensual y sexual en el trabajo de cultura”.

Antunes no dejó de ratificar su admiración por Juan Rulfo, a quien recuerda como a un hombre humilde, además de que califica a Pedro Páramo como uno de los libros más perfectos de la literatura universal.



Nota publicada en la edición 996


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