Foto: Cortesía

Sur

Huertos urbanos, nichos de tranquilidad y confort


Investigación del CUSur comprobó los beneficios que genera la horticultura en sectores poblacionales conflictivos, como reducción de ansiedad y mejora de autoestima

Por Laura Sepúlveda Velázquez
21 Mayo 2018

Agricultura urbana como alternativa terapéutica y como estrategia para detonar microeconomías mediante la producción de alimentos de alto valor en espacios citadinos, es lo que promueve el proyecto denominado “La Horticultura urbana y periurbana como estrategia transdisciplinar para promover la soberanía alimentaria, la salud física y mental en Zapotlán el Grande”.

Dirigido por Helen Juárez Norma, investigadora del Centro de Investigación en Territorio y Ruralidad (CITER), adscrito al Centro Universitario del Sur, el proyecto ya se puso en marcha con ciertos sectores de la población y poco a poco buscan difundirlo entre la comunidad en general.

“Quise promover un proyecto en donde pudiera estimular los procesos de horticultura urbana y periurbana, y en ese mismo tiempo tuve contacto con una estudiante de psicología interesada en población con necesidades especiales o vulnerable. Propuso trabajar en un centro de integración juvenil con adolescentes con problemas de drogadicción, ese fue un primer paso y fue el detonador”.

La actividad consistió en evaluar qué tanto las actividades de un huerto generaban un estímulo positivo en una población catalogada como conflictiva. Pensado desde la psicología, el huerto fue un escenario en el cual quisieron estimular a los chicos para que, a partir de esta actividad, vivieran un nuevo aprendizaje y una dinámica al interior del centro en un espacio vivo donde se hicieran responsables, para lo que recibieron capacitación y talleres para manejo de huertos.

“Se trabajó cerca de cuatro meses, tiempo que generó resultados, nos quedó claro que con esa experiencia el huerto sí nos daba elementos para trabajar aquellas áreas cognitivas que estaban dañadas por las drogas”.

El siguiente paso fue la creación de un huerto en un centro de atención a niños con necesidades múltiples, con síndrome Down y diferentes niveles de discapacidad, población con la que actualmente realizan un programa de atención.

“Al mismo tiempo se están generando capacitaciones, desde que inició el proyecto se han dado por lo menos tres talleres y hemos tenido buena participación. Los talleres que hago son abiertos a la comunidad, aunque tengo público meta, la idea es seguir generando espacios de capacitación y atender los lugares como estos”.

En cuanto a los beneficios que estos huertos generan en la salud mental, dijo que ha podido constatar resultados muy positivos en los grupos específicos con los que han trabajado.

“Con los chicos de readaptación social observamos que en el huerto veían un espacio acogedor y que cuando entraban en él era un lugar de concentración, las actividades son de mucha paciencia y cuidado y notábamos que algunos de ellos lograban disminuir niveles de ansiedad. Trabajar con las plantas les generaba cariño, los espacios verdes se vuelven nichos de confort y tranquilidad”.

En el caso de los niños con capacidades especiales, dijo que ellos cargan con un estigma social muy fuerte y, a pesar de que el huerto es una actividad que debe saber manejarse, no es un conocimiento inalcanzable y es fácil de comprender.

“Niños que pudieran tener un auto-concepto de inútiles se encuentran de pronto haciendo cosas que les dan resultados, les generan una satisfacción notable. Es una actividad que permite fortalecer la autoestima a través de hacerles notar que son capaces de hacer cosas, y queremos que eso se traslade a otras áreas de su vida, es un escenario de aprendizaje  e interacción que funciona muy bien”.

Expresó que desde el CITER están interesados además en promover la soberanía alimentaria y trabajan todo el potencial del desarrollo social que tiene establecer un huerto, que no sólo es un espacio productivo sino de encuentro social y de convivencia, por lo que pretenden llevar este proyecto a la población en general.

“Ese es el paso que queremos dar a futuro, ver la posibilidad de acercarnos al ayuntamiento para ocupar algunos espacios desaprovechados y hacer proyectos comunitarios, y que a partir  de ahí se genere una dinámica bonita, de apoyo y producción de alimentos. Estamos viendo qué demanda de hortaliza local hay, de insumos no comerciales y orgánicos para ver si podemos detonar pequeños microempleos para la producción de alimentos de buena calidad”.



Nota publicada en la edición 970


Otros temas de interés