Foto: Fernanda Velázquez

Deportes

Campeonas en el deporte y en la familia


Ser mamás y atletas de alto rendimiento es poco usual y muy demandante, pero no imposible. Deportistas de la UdeG muestran cómo, con sacrificio y determinación, se pueden alcanzar las metas en lo competitivo y en lo familiar

Por Laura Sepúlveda Velázquez
8 Enero 2018

La jornada de Úrsula Sánchez, dedicada al atletismo desde hace 23 años, empieza a las seis de la mañana con ejercicios funcionales durante cerca de hora y media, previo a su trabajo en la pista. En ese lapso, Karina, su hija de dos años, se integra a la actividad y luego acuden juntas al entrenamiento en la pista de atletismo de la Universidad de Guadalajara, donde a Úrsula le espera una sesión fuerte de trabajo, al mando de su entrenador y padre de su hija, Cristóbal Herrera.

Mientras Úrsula realiza las sesiones de entrenamiento, Karina disfruta, corre, salta, ríe, convive con los integrantes del equipo de atletismo y, en las sesiones largas, apoya a su mamá con la hidratación y choca su mano a manera de aliento.

Es un momento único para la atleta, y lo disfruta mucho, para posteriormente regresar a casa y cumplir con las funciones del hogar, como preparar la comida, descansar un poco, y por la tarde de nuevo regresar a la pista a una nueva sesión de entrenamiento.

El caso de Úrsula es la demostración de que en la vida, como en el deporte, con determinación se pueden alcanzar las metas, aunque esto implique realizar un doble o triple esfuerzo y desempeñarse en varios escenarios día con día.

Karina, Cristóbal y ella se han adaptado a este ritmo, a aprovechar las oportunidades que se les presentan y, aunque considera no tener el tiempo que ella quisiera para todas sus actividades, crea espacios, porque para triunfar como corredora y como madre, tiene que hacer todo como la mejor, pues si bien ser mamá le absorbe mucho tiempo, para ella es una prioridad.

Fortaleza femenina
Aunque en el deporte de alto rendimiento no son usuales estos casos y no existen cifras de cuántas atletas hay con hijos, para muchas de ellas la familia se convierte en un apoyo fundamental.

A decir de Gustavo Nuño Miramontes, entrenador y psicólogo del deporte de la UdeG, son mujeres fuertes psicológicamente, estables, independientes y su misma situación de desarrollo natural las hace abiertas y libres.

“Esa parte de la madre deportista, que además juega otros papeles, como trabajo o estudios, es interesante e inusual, porque no es muy compatible con el deporte de alto rendimiento. Por eso no es tan común, porque tanto el papel de madre como de deportista son muy demandantes”.

Asegura que las deportistas de alto rendimiento en esas circunstancias tienen esa capacidad, necesidad de logro, entrega y esas vivencias que las han hecho ser únicas al superar dificultades impresionantes.

“Se convierten en mujeres más maduras. El hecho de procrear las hace más responsables en su entorno, deben planificar mejor el futuro, crecen bastante. El problema es cuando no hay puntos de equilibrio con la familia”.

Añade que el deporte, cuando está bien canalizado, tiene que ayudar no sólo con los problemas propios de la actividad física, sino también los cotidianos de la vida.

Nuño Miramontes lamenta que si en atletas convencionales existen fallas en los apoyos que brindan las diferentes autoridades deportivas, en el caso de este sector la situación es más difícil y entran a la condición de atletas vulnerables.

“Los números son pocos y contar con esos datos nos permitiría evitar deserción de deportistas con potencial, debido a que se convierten en madres, cuando podrían seguirse desarrollando. Se desperdicia mucho talento y es triste, porque se pierden muchas horas de trabajo y existen pocas estrategias de intervención para mantener ese grupo de deportistas”.

Sueños vigentes
Colocada en el segundo lugar del ranking nacional en la prueba de 10 kilómetros, Úrsula Sánchez, quien desde los seis años se desempeña en el mundo del atletismo, motivada por su papá y ha representado a Jalisco y México en diversas competencias, aseguró vivir su mejor momento.

“La historia comenzó hace cuatro años, cuando empecé a trabajar con mi actual entrenador. Nunca había corrido como ahorita, a este nivel. Empecé a destacar. Llegaron las oportunidades, y mejoré mucho en todos los sentidos. No esperaba ser mamá. Yo me estaba preparando para un centroamericano y me perdí los Juegos Panamericanos por el embarazo y para mí fue impactante, porque estaba en un buen momento”.

El panorama hoy es diferente, pero gratificante por ser mamá y atleta de alto rendimiento, situación que implica un esfuerzo mayor.

“Te cansas y todo, pero tienes que hacerlo. Me siento con todo el poder de hacer lo que yo quiera, porque es mi hija la que me da esa motivación. Me agrada que me vea haciendo lo que me gusta y que ella sola me imite. Cuando eres mamá te das cuenta de lo maravilloso que es. Dejas a un lado el cansancio, todas esas cosas por las que te quejas, y el tiempo te lo tienes que hacer, porque las oportunidades ahí están y si las tomas van a ser para ti”.

Con un proyecto de trabajo programado a 10 años en el atletismo, del cual han transcurrido cuatro, se jugará todo por estar en los próximos Juegos Olímpicos.

“Nos quedan seis años, en los que voy a dar todo, porque es mi última oportunidad para los olímpicos, es el momento y tengo que aprovechar. Vamos a trabajar para dar la marca al mundial, que será en Estados Unidos y posteriormente participar en clasificatorios para Centroamericanos y Panamericanos. Es un proceso largo, difícil y me esfuerzo por entrenar mejor”.

El nacimiento de su hija fue un parteaguas en su carrera. Nunca dejó de realizar actividad física. Regresó con nuevos bríos y consiguió mejores tiempos que antes del embarazo.

“Nunca hay que dejar nuestros sueños por otras prioridades. Todo lo podemos hacer con ayuda y paciencia. Se pueden lamentar de no haberlo hecho. Yo sólo les recomiendo que busquen el espacio, que se motiven viendo a su hijo y busquen a una buena persona que las entrene”.

Dentro y fuera del dojo
Bertha Gutiérrez inició en el karate a los cuatro años, hace 28. Había sido seleccionada nacional desde 1998, pero fue en febrero de este año cuando dejó el papel de atleta para ser madre y entrenadora de la selección de karate de la Universidad de Guadalajara.

Entre sus logros destacan una medalla de plata en el Campeonato Mundial Infantil y Juvenil en Hungría, campeona panamericana en Chile en adultos y campeona del abierto de Francia. Fue la única mexicana en conseguir la medalla de oro en esa competencia. Además, es campeona del abierto de Suecia. En los Juegos Panamericanos 2007 ganó medalla de plata, y oro en 2011. Durante muchos años se mantuvo como campeona nacional y en todas las ediciones de la Universiada Nacional y en la Olimpiada Nacional obtuvo medalla de oro.

En ese tiempo vivió dos embarazos. Sabía que iba a ser complicado, pero se considera una mujer terca y cuando tiene un objetivo, no descansa hasta conseguirlo.

“El año antepasado inicié como entrenadora y al mismo tiempo mi carrera como competidora. Fue una etapa pesada por el desgate físico. Mis hijos me agotaban, al igual que mi carrera, pero traté de dar lo mejor de mí en cada faceta y creo que por eso decido enfocarme a entrenar y ser madre de tiempo completo”.

La decisión no fue fácil. Le provocó una etapa de duelo, que aún sobrelleva, por la sensación de que como competidora aún tenía mucho que dar y metas por alcanzar.

“Ahora el apoyo de mis atletas y verlos crecer es algo que está llenando ese hueco”.

Se levanta a las cinco de la mañana para preparar a sus hijos y llevarlos a la escuela. Sale de casa con todo lo indispensable para su día. Luego de la escuela acude a su gimnasio de artes marciales y fitness, donde por las mañanas imparte entrenamientos personales y funcionales para personas que no son de alto rendimiento. Después regresa a casa, realiza las labores del hogar y a medio día entrena a la selección universitaria. Retorna a su hogar a atender a su familia y en la tarde entrena a otros atletas, a veces hasta irse a dormir a las doce y media de la noche.

“Amo mi trabajo, amo a mis hijos, a quienes busco darles tiempo de calidad. Me siento feliz, una mujer en crecimiento. Creo que tengo más objetivos, ahora profesionales, y vamos a ser campeones en la Universiada Nacional. Es un compromiso con la UdeG. Mi vida es cansada, pero la disfruto mucho. Quiero que mis hijos vean un ejemplo de vida y que se den cuenta que la vida no es fácil, que se tiene que luchar para conseguir algo”.



Nota publicada en la edición 953