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Ensayo

Aristóteles y la amistad


Por Cuauhtémoc Mayorga Madrigal
11 Diciembre 2017

Lo malo no es digno de ser amado ni debe amarse.

Aristóteles,

Ética Nicomáquea

“Yo soy amigo del Presidente”, expresa el que quiere un favor político; “Ya tengo quinientos amigos en mi face”, comenta el fanático de las redes sociales; o “Yo quiero tener un millón de amigos”, dice una canción popular. Pero ¿estas versiones comunes en realidad reflejan lo que comprendemos de manera certera por amistad?

Aristóteles dedicó gran parte de sus investigaciones éticas a indagar lo que significa y la manera en que se manifiesta esta peculiar forma de convivencia humana. La reflexión sobre la amistad en la ética aristotélica se soporta en dos supuestos; en primer lugar, parte de la presunción de que los humanos somos animales gregarios y, en segundo lugar, considera que una de las máximas aspiraciones humanas es la felicidad, y que esta parece alcanzarse de manera más clara cuando se tienen amigos que cuando se vive en soledad.

Esta primera aproximación podría ser compatible con las afirmaciones que señalábamos al principio; el adicto a las redes sociales podría sentirse (al menos virtualmente) agrupado y amparado en la soledad de su escritorio. La razón de nuestra conducta gregaria podría ser una aproximación preliminar para la comprensión de la amistad, sin embargo, como en otro tipo de relaciones, parece haber niveles. Aristóteles distinguía por lo menos tres tipos de amistad: por interés, por placer y por virtud.

Cuando la amistad es por interés, se procura una relación con otro con la finalidad de hacer un negocio, obtener un empleo o recibir un trato preferencial; el comportamiento puede estar marcado por el respeto mutuo, el deseo de coincidir y el trato amable, pero, cuando la finalidad que motiva el vínculo es alcanzada o se hace imposible, entonces los rasgos positivos que motivaban la interacción se debilitan o se desvanecen. Algo similar ocurre cuando la motivación es el placer que proporciona la amistad con que se interactúa; ésta se atenúa o se suprime cuando alguna de las partes ya no proporciona el beneficio esperado.

Para Aristóteles la forma suprema radica en una conducta virtuosa hacia el otro. En otras palabras, podemos decir que esta forma de amistad se manifiesta al procurar el bien del amigo sin esperar nada más a cambio que su presencia. Si bien hay un conjunto de comportamientos que favorecen la consolidación del tercer tipo de amistad, tales como el compartir intereses comunes, el cariño, la ayuda mutua o el dialogo ameno, la amistad no desaparece ante el agotamiento de dichas conductas gratificantes, porque esta forma de amistad tiene como fin a sí misma. Es por lo anterior que, el estagirita reconocía la presencia de este perfil superior cuando alguna de las partes se encontraba en desgracia económica, física o emocional y, a pesar de ello, el amigo sigue prodigando y procurando bienes a su compañero, aun sabiendo que los posibles bienes o placeres dejan de ser recíprocos.

La amistad perfecta no se encuentra exenta de obstáculos; si uno de los móviles fundamentales es la conducta virtuosa, pero esta extingue, entonces esta forma superior corre el mismo peligro. En otras palabras, se refiere a una modificación del carácter en donde lo que se procura no es el bien, sino el mal. Por ello dice Aristóteles que “lo malo no es digno de ser amado ni debe amarse”. También las calumnias o los chismes ponen en riesgo a la amistad suprema, pero cuando la relación es firme no es fácil sucumbir ante estas conductas destructivas ya que, si realmente existe este vínculo supremo, se conoce el carácter del amigo y difícilmente se sucumbe ante la injuria.

Pero cuándo el carácter virtuoso de una de las partes adquiere un estado opuesto, ¿es motivo suficiente para diluir la amistad? Aristóteles supone que el verdadero amigo procura el rescate del carácter virtuoso pero, más adelante añade: “…el amigo que rompiera esta amistad no haría nada absurdo, pues no era amigo de una persona así, y si su amigo ha cambiado y no puede salvarlo, se separa de él”.

Una cualidad del razonamiento aristotélico es la presencia de un claro pensamiento analítico a partir de definiciones y clasificaciones, muchas veces de asuntos cotidianos como la amistad que, en casos como el aquí expuesto, nos ayudan a comprendernos a nosotros mismos, lo cual también es uno de los fuertes motivos que dan origen a la filosofía.



Nota publicada en la edición 952