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Ensayo

Para entender la censura del arte


Por Cuauhtémoc Mayorga Madrigal
11 Septiembre 2017

Hoy en día crear es crear peligrosamente.

Albert Camus,

El hombre rebelde

A propósito de la exigencia de algunos ciudadanos de censurar determinadas manifestaciones artísticas, una colega lanzaba las siguientes preguntas: ¿Se justifica la censura de las producciones artísticas que atentan contra la moral de algunos grupos sociales?, o bien, ¿el artista puede producir en ausencia de criterios morales?

Un acercamiento (muy amplio) a la definición de la obra de arte, sugiere que se refiere a aquellos objetos creados con la finalidad de que los espectadores formen juicios sobre la obra. En este sentido podríamos decir que, dado que un juicio estético es diferente del juicio moral, político o ideológico, estas últimas nociones, que son extra-estéticas, no debieran ser consideradas para juzgar y menos aún para censurar una obra de arte. Pero, ¿realmente el juicio estético es ajeno de otros contenidos de la conciencia?, ¿al artista sólo lo mueve la creación de formas e ideas abstractas? En la historia del arte hay música marcial, literatura que exalta cosmovisiones morales o representaciones plásticas que enaltecen posiciones ideológicas o políticas. De lo anterior inferimos que, si bien pudiera caber la posibilidad de la existencia de objetos artísticos puros (sin contenidos extra-estéticos), en realidad encontramos una gran cantidad de manifestaciones que exaltan valores no estéticos o parecen motivadas por intenciones externas a juicio sobre el motivo ideal del arte. 

La censura del arte no es una acción exclusiva de “moralistas”; también los sectores más “liberales”, “revolucionarios” o “progresistas” han sido activos en sus acciones de repudio a manifestaciones contrarias a sus convicciones ideológicas, morales o políticas. Los intentos de censura polarizan a la sociedad y casi nunca son razones estéticas las que operan para desaprobar una obra de arte. Para entender los motivos de la censura en el arte propongo cuatro tesis.

1. El arte es un portavoz del poder. El historiador del arte Arnold Hauser sostuvo que, en el devenir histórico del arte, incluso desde el paleolítico, éste ha cumplido la función de glorificar aquellas posiciones que mantienen el poder en cualquiera de sus manifestaciones. En este sentido los grandes mecenas que promueven o patrocinan las creaciones artísticas que llegan al gran público han sido los poderes políticos en turno, siendo generalmente estas las hegemonías políticas, religiosas o económicas. Cuando el poder es tiránico, la censura viene de quien detenta el poder, pero (paradójicamente) en la mayoría de las sociedades contemporáneas, donde parece prevalecer una predilección por los valores liberales y democráticos, tanto la promoción como la censura puede venir de cualquier ciudadano o grupo de ciudadanos que comparten visiones del orden social.

2. El arte bello no requiere conceptos. Para el filósofo alemán Immanuel Kant, el juicio que provoca el arte bello no requiere conceptos externos, pero no está exento de un proceso reflexivo sobre el agrado. En este sentido aquellas obras de arte centradas en la manifestación de formas estéticas estarían a salvo de la censura por motivos extra-estéticos. Pero dado que otra gran cantidad de las manifestaciones de arte responden a los intereses de quién las apadrina (arte mercenario), entonces la pluralidad de valores se pone de manifiesto, generando división o censura entre los espectadores que no comulgan con la misma escala de valores.

3. Los juicios en el arte son el resultado de una constelación de valores. Para el filósofo mexicano Samuel Ramos el juicio estético puro no existe; más bien la emoción manifiesta ante una obra de arte es el resultado de una constelación de valores extra-estéticos que, en su conjunto, motivan nuestras concepciones acerca del arte. Dada la imposibilidad de que los miembros de una sociedad plural compartan los mismos valores, entonces parece normal que los ciudadanos, al percibir un atentado hacia los propios, actúen como censores del arte. 

4. El arte a fin de lograr su efecto persuasivo contraviene la moral. El poeta y ensayista mexicano Octavio Paz parecía estar convencido de que al menos en el ámbito de la literatura la obra no se encuentra desligada de motivaciones extra-estéticas. De hecho, admite los atentados del arte en contra de los valores morales establecidos como un recurso de reconocimiento, en tanto que estimulan la crítica y el contacto de los espectadores. En otras palabras, la censura, incluso la más encarnizada, más que operar como un recurso de alejamiento atrae la mirada de los espectadores, recreando una crítica que favorece el acercamiento al arte. 

La censura del arte vivida en los últimos años en México apela principalmente a razones ideológicas, económicas, morales, políticas o religiosas, pero son muy extrañas o poco conocidas las manifestaciones de censura que apelen principalmente a motivos estéticos. Tal vez es así porque el arte sí contraviene las cosmovisiones y el artista no es una entidad ajena a la pluralidad de valores.



Nota publicada en la edición 939


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