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Medio ambiente

El rescate de las Islas Marietas


Investigadores de la UdeG y la Conanp trabajan en el monitoreo y reparación de los sitios dañados en el pequeño archipiélago de la costa de Nayarit. Gracias a la regulación del acceso de visitantes y una técnica de “sembrado”, han logrado recuperar amplias zonas de corales, sobre todo en la Playa del amor, la más conocida. Sin embargo, el turismo descontrolado y la pesca furtiva siguen representando una amenaza para el equilibrio de este Parque Nacional

Por Mariana González
11 Septiembre 2017

Investigadores del Centro Universitario de la Costa (CUCosta), en conjunto con la Comisión Nacional de Áreas Protegidas (Conanp), iniciaron la segunda fase de los trabajos de recuperación de arrecifes de coral en el Parque Nacional Islas Marietas, que habían sido dañados por el exceso de turistas.

Los especialistas continuarán con las tareas de restauración de la zona,  luego de que lograran rescatar una hectárea de comunidades coralinas mediante una técnica conocida como “sembrado”, en el periodo en que la Playa del amor (también conocida como Playa escondida), fue cerrada de manera temporal al turismo, en 2016.

Ambas instancias firmaron un convenio de colaboración con el objetivo de dar seguimiento al minucioso trabajo realizado por los académicos en cuatro sitios específicos de Islas Marietas y evitar que otras áreas se degraden.

El nuevo plan de trabajo prevé ampliar la restauración en los cuatro puntos rescatados y agregar la zona conocida como El Amarradero, que presentaba ciertas condiciones de deterioro ambiental y que es uno de los lugares populares para hacer esnórquel, afirmó Amilcar Cúpul Magaña, investigador del CUCosta y uno de los responsables del proyecto.

“Es darle seguimiento a este proceso de restauración y ubicar otra zona más para que se lleve a cabo la visita de turistas, para quitarles presión a los sitios ya conocidos”, explicó el universitario.

Añadió que la segunda fase del trabajo en Islas Marietas es apenas el inicio de un periodo de al menos cinco años en que los investigadores deben monitorear y dar seguimiento al parque, para asegurarse que los corales permanezcan en las condiciones adecuadas o intervenirlos en caso de que se presente algún otro fenómeno natural que los dañe.

Sembrar corales
Durante cerca de medio año, los especialistas encabezados por Cúpul Magaña, ayudados por técnicos de la Conanp, llevaron a cabo el proceso de “sembrado” de corales, una técnica científica que había sido probada con éxito en otras zonas protegidas del país.

Este sistema aprovecha la reproducción asexual de los corales, es decir, una característica que permite que estos organismos crezcan por sí mismos sin necesidad de células sexuales. Si un coral se fragmenta por accidente y cae en un sustrato o ambiente adecuado es capaz de fijarse en él y desarrollarse de manera indefinida.

“Un mismo fragmento genera una especie de clon y forma otra colonia con las mismas características que las que le dieron origen”, explicó Cúpul Magaña.

El trabajo realizado por los científicos fue meticuloso. Durante largas horas de buceo por diversas zonas del parque fueron seleccionando los fragmentos aptos para el “sembrado”. En total reunieron dos mil trozos sin señales de blanqueamiento y libres de esponjas que pudieran debilitarlos a futuro.

De esos pedazos seleccionaron los 200 mejores para incrustarlos en los esqueletos de corales muertos o en algunos huecos de rocas que pegaron cuidadosamente con una cinta en los cuatro sitios.

Del total de fragmentos colocados, 95 por ciento sobrevivieron y 80 por ciento logró fijarse en el lugar donde fueron depositados. En promedio, lograron recuperar poco más de una hectárea de cobertura de coral, que “puede parecer poco, pero es un trabajo difícil y largo, que requiere de un monitoreo constante”, aseguró el académico.

“No es nada más llegar y sembrarlos, sino que hay que monitorear su condición, su crecimiento, que no se desprenda o se salga de la cintilla por efecto del oleaje y si fue así, es necesario buscar otro fragmento, colocarlo ahí y volver a empezar el trabajo”, agregó.

Rescate ecológico
Gracias a este trabajo de sembrado los especialistas lograron rescatar la zona de acceso a la Playa del amor, la más solicitada y conocida por los turistas, pero también la que presentaba mayor daño a los corales, basura y sobreexplotación turística, como lo dio a conocer La gaceta en 2015.

“El acceso a la Playa del amor se está recuperando bastante bien porque ya no tiene la misma carga de visitantes, ya no hay actividad en el sitio y está empezando a mejorar en cuanto a su condición”, recalcó Cúpul Magaña.

Luego de tres meses de prohibición para visitar esta zona natural, la Conanp determinó reabrirla en agosto de 2016, pero disminuyó el número de personas que pueden entrar cada día y el tiempo que deben estar, basados en un estudio del CUCosta. De recibir hasta tres mil turistas al día, ahora sólo pueden ingresar 116 a diario, en un periodo de no más de cuatro horas.

Sin embargo, las prohibiciones han causado que los turistas visiten otros lugares del parque, como la Cueva del muerto, una pequeña playa ubicada en la llamada Isla Larga con alta cobertura de coral ideal para hacer esnórquel y que antes registraba poca afluencia.

Este sitio “empieza a presentar algunos signos de impacto por la alta actividad y algo de basura”, advirtió el investigador.

“Presentaba buenas condiciones pero ahora con el incremento en los visitantes, como ya no pueden estar en la Playa del amor, obviamente empezamos a detectar los problemas que teníamos en la otra zona, como presencia de equipo de esnórquel, visores, ligas para el cabello y hasta un celular, que se les caen por accidente”, añadió.

Por ello, la Cueva del muerto es una de las que tendrá un mayor monitoreo y trabajo en la segunda fase del proyecto de restauración, para evitar que caiga en una situación de fragilidad o vulnerabilidad.

Una parte de las medidas de rescate del parque consistió en intensificar la vigilancia. Tanto la Conanp como los prestadores de servicios turísticos de la bahía unieron recursos económicos para aumentar a seis el número de guardaparques que inspeccionan el área protegida todos los días de la semana.

Esto no ha sido suficiente para evitar la pesca furtiva en la zona. Los pescadores aprovechan que el parque está sin vigilantes para desplazarse y echar sus redes, una actividad que está prohibida porque pone en riesgo la diversidad de peces y de otras especies como las tortugas, advirtió Cúpul Magaña.

“El único problema que tenemos en todo el parque es la pesca, porque hemos encontrado pedazos de redes enredados en los corales y tenemos un poco de destrucción de coral, también hemos empezado a ver algunas de las especies como las almejas que las han sacado del sitio sin autorización”, afirmó.

Añadió que hay áreas conocidas como “zonas de aprovechamiento rentable” —que representa la mayor parte del área marina del  parque—, en las que sí se puede pescar, pero hay otras más cercanas a las islas en las que la actividad está completamente prohibida.

El investigador afirmó que será necesario intensificar la estrategia de concienciación entre los pescadores, para que comprendan la importancia económica y ambiental de conservar la biodiversidad del parque.



Nota publicada en la edición 939