Foto: Mariana Hernández León

Sociedad

Las voces de Temaca


Después del anuncio de que Temacapulín será inundado para construir la Presa El Zapotillo, la preocupación vuelve a reinar en el pueblo. Pese a que no cesan la lucha y la esperanza, investigación de la UdeG muestra cómo esta amenaza provoca traumas y la ruptura del tejido comunitario

Por Dania Palacios
10 Julio 2017

Las dudas y el escepticismo inundan a Temacapulín. Han pasado 12 años desde el primer anuncio que abrió el dique de la zozobra: el gobierno construiría el proyecto de Presa El Zapotillo, con lo que iban a sepultar bajo el agua a esta localidad y a las de Acasico y Palmarejo.

Hoy, los muros que costean sus calles siguen alimentando la esperanza: “Temaca vive” y “Temaca resiste”, son las consignas pintadas en paredes y bardas que dan testimonio de la lucha que los lugareños han llevado a cabo por más de una década para salvar a su pueblo.

El desasosiego revivió el pasado 29 de junio, con el anuncio del gobernador del estado de Jalisco, Jorge Aristóteles Sandoval Díaz, reafirmando que el proyecto de la presa sigue, y las comunidades no se pueden salvar.

El trasvase de las aguas de la Cuenca del Río Verde a la Cuenca del Río Lerma mediante la Presa El Zapotillo es necesario —dijo el mandatario— para proveer un caudal de 7.5 metros cúbicos por segundo que asegure la demanda del recurso actual y futuro de los Altos de Jalisco, la Zona Metropolitana de Guadalajara y León, Guanajuato.

“Aquí vino Aristóteles en una postura como noviazgo, te prometo todo y soy guapo”, recuerda Andrés Ruvalcaba, dueño de un banco de materiales pétreos ubicado a la entrada de Temaca. “Y después fue como si lo encontrara con mi esposa. Él decía lo que la gente quería oír, como Donald Trump, y cuando se dio cuenta que es algo federal, después dijo por Twitter que sí se hace la presa, ¡ah mariquita!”.

El Zapotillo comenzó a promoverse desde 2005, cuatro años después inició su construcción, que contempla una cortina de 105 metros de altura, cuya autorización está en trámite para firmar un nuevo convenio, ya que se encuentra detenida  por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que sentenció en 2013 que la altura no pasara los 80 metros.

Las declaraciones del gobernador de que la presa se construirá, están basadas  estudio de la Unops, el cual planteó cinco escenario posibiles para la obra. Entre ellas, Sandoval Díaz decidió que el más viable es con la cortina a 105 metros, lo que proporcionaría un caudal de 7.5 metros cúbicos por segundo para el abastecimiento.

Pues sólo con 60 metros se salvaría el pueblo, pero, dijo, una cortina debajo de los 80 metros “es un mito”.

El estudio de Unops, que el investigador de la UdeG. Arturo Gleason Espíndola calificó de confuso y hecho para justificar a la construcción de El Zapotillo, advierte que “en todos los escenarios, incluído el de la cortina a 80 metros, los pobladores de Temacapulín estarían ante un riesgo inminente de inundación, motivo por el cual su reubicación hubiera sido igualmente necesaria”, dijo el mandatario.

Los habitantes anunciaron que seguirán en la lucha. Guadalupe Espinoza, del Colegio de Abogados y representante en la defensa legal contra la presa, después del anuncio de Sandoval Díaz dijo que éste no implica un cambio en los juicios de amparo interpuestos por Temacapulín y que desde hace tres años mantienen parada a la obra.

Conforme pasa el tiempo aceptar o no una reubicación es la cortina que se eleva entre la armonía de la comunidad.

“Hay de todo, unos que no dicen nada, no ayudan, no quieren pelear, quieren estar tranquilos, pero de que le duele a uno perder lo que tiene, sí duele, porque ellos no van a parar” , dice Valentín Martínez.

A sus 73 años, vive en Temaca con su esposa, sus hijos ya residen en Estados Unidos desde hace tiempo. A él no le han llegado a ofrecer ni casa nueva, ni dinero. Son las doce, y como todos los días pasa su mañana sentado en las bancas del jardín principal. Para él, ya no hay lucha.

“Aquí está un señor que vendió su casa, por una de ‘aquellas’, y se vino a la casa de su cuñado, para vivir de prestado. La cambió y la dejó. Otro la cambió y se la tumbaron, para que no se vaya a regresar de vuelta. Hay de todo”.

Para Valentín, las casas que la Comisión Estatal del Agua construyó en Talicoyunque —localidad cercana del mismo municipio de Cañadas de Obregón— para reubicar a su gente, no son como las de Temaca.

“Una casa de esas yo no la quiero. Quiero dinero para comprar una casita, es mejor cuando uno tiene su idea y comprar lo que a uno le gusta.”, opina.

Cuando las autoridades fueron a convencer a los temacapulinenses, ni la mitad aceptó.

“De los que vendieron son gente que no vivían aquí, son de aquí pero ya tenían tiempo fuera, lo hicieron por negocio”, asegura Cruz Rodríguez Reyes, Delegado municipal de Temacapulín. “Muchos, aparte de que negociaron, están arrepentidos por haber vendido. Les prometieron todos los servicios, y no tienen ninguno. El agua se las llevan en pipas. Iban a hacerle lo más básico, el centro de salud, la escuelita; toda la gente es católica y ni una capilla hay”.

Quien va, quien viene
Fernando Martínez vino de Estados Unidos al poblado. Hace 16 años regresó con sus padres, quienes tenían tierras y un negocio en Temacapulín. Su padre intercambió su casa por una en Talicoyunque o “Nuevo Temaca” a cinco minutos en auto de Cañadas de Obregón. Tras su muerte, Fernando, con 55 años, vive aquí tranquilo y sin preocupaciones.

“Empezaron hace como diez años, estaban ofreciendo que si teníamos una casa te daban otra, terrenos también compraban, y cambiamos una casa para tener esta. No nos cambiamos luego luego, fueron unos tres o cuatro años de que le propusieron el intercambio. El gobierno tiene el poder y el dinero, sabemos que siempre van a ganar”.

Su casa tiene vista directa a la comunidad que en un futuro podría estar bajo las aguas del Río Verde.

“Nunca se va a comparar con el pueblito de Temaca, porque cada pueblito tiene su sabor,  tiene sus callejones, aquí está muy parejo, no tiene nada, no se puede sustituir”, dice.

La tienda de María del Consuelo Carvajal, en cambio, está frente al jardín principal, sobre la calle que lleva a la parroquia de Nuestra Señora de los Remedios, Basílica Lateranense de Temacapulín, que data del siglo XVIII.

A sus 73 años, vende dulces y souvenirs sobre el conflicto que ha llevado a personas de todo el mundo a visitar  Temacapulín, sus santos, sus tradiciones, y uno de sus principales cultivos: el chile, o “chiltemaca”, que año con año se unen en una típica Feria del Chile y Carrera de los Remedios de Temacapulín, próxima a realizarse el 29 de agosto.

Con arraigo en su pueblo, María del Consuelo, como otros de su edad, dice enfermarse más desde la amenaza de que se hundirán, por una presa que justifica el abasto para la Zona Metropolitana de Guadalajara y León.

“Es una angustia que tiene uno, no es necesidad. En Guanajuato tienen mucho agua, mucho más que en Guadalajara, y también se desperdicia mucho agua. Cuando uno va a Guadalajara el agua corre como si fuera río, por las tuberías rotas, y duran para componer las fugas. Es una injusticia”, menciona.

“Uno quiere a su tierra como si fueran sus padres. Mucha gente que en el día ahí anda, pero en la noche lloran, pero tenemos fe en Dios que se les ha de ablandar el corazón porque al cabo de todos modos nos vamos a morir”.



Nota publicada en la edición 932

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