Foto: Abraham Aréchiga

Sociedad

Justicia “a trancazos”


Hartos de la inseguridad y el olvido por parte de las autoridades, cada vez más ciudadanos deciden hacerse justicia por propia mano. Lejos de conseguir bajar los índices delictivos, esas acciones infringen la ley y abonan a la impunidad que existe en México, pero también muestran la incapacidad del Estado para resolver los conflictos

Por Julio Ríos
12 Junio 2017

“A quienes entren les vamos a dar un escarmiento. Les vamos a poner una madriza”. Sin tapujos, Antonio Fierro sintetiza la manera en que intentan frenar la ola de inseguridad en la colonia de Tonalá que ellos bautizaron como “Rancho antigobierno”, en el oriente de la zona metropolitana.

“Estamos hartos. Por eso nos organizamos. Ya no creemos en las autoridades. Esos nomás vienen a querer cobrarnos impuestos, a pesar que hemos sido nosotros los que pusimos alumbrado y arreglamos las calles. Ellos no hacen nada y no patrullan. Por eso no nos quedó otra que organizarnos, con radios, patrullando”, relata el líder de este grupo de vecinos.

Ante lo que muchos ciudadanos consideran ineficacia de las autoridades, la respuesta que han encontrado fue tomar la justicia por su propia mano. Algunos organizándose para defender su patrimonio, pero, en otros casos, hasta llegar a cometer linchamientos.

Marco Antonio González Mora, secretario de la División de Estudios Jurídicos del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, señala que nada justifica esas acciones, pues aunque entiende el hartazgo social, la justicia por propia mano sólo alimenta más la violencia. Considera que lo peor es que en las redes sociales los vecinos y la gente la celebran o la incitan.

“Una cosa muy distinta es que los vecinos de una comunidad se organicen para patrullar y hasta hacer detenciones en flagrancia, pero otra es pasar al linchamiento. Esto alimenta la impunidad por parte de la sociedad, lejos de hacerse justicia por su propia mano, y los índices de violencia en el país no bajan con eso. Puede ser señal de ignorancia y manipulación. No estamos respetando el Artículo 17 de la Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos, que prohíbe la justicia por su  mano, y lo peor es que la sociedad aprueba este tipo de conductas”.

“Ya estábamos hartos”
Antonio Fierro relata que durante años su colonia, recién creada en Tonalá cerca de Jardines del Prado, careció de servicios básicos. Las tres únicas calles eran de tierra y no tenían nomenclatura. El agua y el alumbrado no llegaban. Todo eso lo podían soportar, pero la inseguridad fue la gota que derramó el vaso.

 “Esto surge por el hartazgo de la gente. A todos nos han robado mínimo una vez. A otros les robaron hasta tres o cuatro o cinco veces, sus carros, sus cosas. Estamos olvidados. Es la zona de la cola, la pura orilla, entre Tonalá y Guadalajara.  No hay luz, no hay buen alumbrado público. Jamás están prendidas las lámparas. Seguridad, pues menos, no la hay.  No alcanzan las patrullas y acá no vienen. Por eso decidimos ser autónomos, organizarnos y poner nuestros servicios”, afirma en entrevista.

Se equiparon con radios y crearon en whatsapp un grupo de reacción inmediata. Ante cualquier hecho sospechoso, se avisan entre los vecinos, para cerrar calles. Colocaron cámaras y alumbrado, todo de su propio bolsillo. También lonas que advierten a los delincuentes: “Si te agarramos no vas a ir a la comisaría, te vamos a linchar, nosotros no llamamos a la policía”.

Explica que ha habido frutos. Bajaron los delitos luego de que han agarrado a varias personas en flagrancia, y han logrado que no regresen a la colonia; en algunas ocasiones ellos mismos, en otras, con ayuda de la autoridad.

Además, cuando su caso saltó a los medios —sólo hasta entonces, reitera Fierro— la Policía Municipal de Tonalá se acercó a ellos.

“Nos organizamos para regalarles una bicicleta en la zona, porque a veces los mandan a dar servicio caminando. No hay unidades. Los altos mandos nos comentaron que no quieren dejarnos sin el servicio. Nos mandan a veces, pero no es suficiente y por eso seguimos”.

Dice que no están de acuerdo con los linchamientos, pero admite que sí han sacado “a trancazos” a algunos delincuentes para persuadirlos a no volver. Incluso ya varios líderes de colonias se han acercado a ellos para pedirles asesoría respecto a cómo organizarse. El siguiente paso, para ellos, es poner portones electrónicos y meter drenaje, pagados por su cuenta.

“Esto va a ser una lucha constante. No será fácil. La delincuencia se arraigó sabroso en esta zona y tenemos que ver la forma de sacarlos. No nos vamos a rendir”, considera Fierro.

 

Deshumanización e impunidad
Carmen Chinas Salazar, asesora de la licenciatura en Seguridad Ciudadana, del Sistema de Universidad Virtual (UdeGVirtual), considera que este tipo de fenómenos hablan de las dificultades que existen en el país para encontrar solución a los conflictos.

Recapitula que en el país en promedio matan a dos líderes comunitarios cada mes. En este sexenio 123 defensores de derechos humanos y luchadores sociales han sido asesinados, así como 36 periodistas. En México, además, hay siete feminicidios al día y casi 30 mil desaparecidos en fechas recientes.

A este clima de inseguridad se suma que, de acuerdo al Índice Global de Impunidad (IGI-MEX), solo el 1 por ciento de los delitos denunciados son castigados. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), de cada 100 delitos solamente siete son denunciados.

“No hay sanción, no hay investigación, no hay responsabilidad. Lo vemos en el día a día. Por eso no es extraño pensar que ante un sistema institucional fallido en materia de impartición de justicia, crean que pueden actuar de esa manera. Y eso es muy preocupante. Estamos inmersos como sociedad en una forma de sentir colectiva en la que se normaliza la violencia. No es normal que haya desaparecidos, no es normal que se asesine a mujeres por su condición de género. Pero sucede en México y eso nos ha habituado y nos ha deshumanizado”.

González Mora coincide en que existe una preocupante normalización de la violencia. Recuerda que en las redes sociales circulan mensajes en los que se advierte a delincuentes que serán golpeados, y hay personas que hasta aplauden eso.

Los académicos Raúl Rodríguez y Norma Veloz, de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), en el último cuarto de siglo documentaron con un estudio al menos 366 linchamientos en México.

Recientemente, en Guadalajara una mujer fue rapada en el barrio de San Juan de Dios, acusada de robo, y el 22 de mayo los medios dieron a conocer un supuesto linchamiento en las calles Rayón y López Cotilla de un hombre que habría intentado asaltar a una mujer; y el 27 de mayo circuló el video de un joven que es golpeado por ciudadanos, culpado de haber querido hurtar un celular.

Las autoridades han descartado los linchamientos, y en algunos casos señalan que son detenciones ciudadanas en flagrancia, permitidas por el Nuevo Sistema de Justicia Penal.

El investigador del CUCSH asegura que juzgar de forma sumarísima es injusto, pues recuerda que en un municipio poblano los habitantes mataron e incineraron a personas que hacían encuestas y las acusaron falsamente de secuestradores.

“El gran problema es que no ha habido investigación sobre estas turbas que cometen hechos y violaciones a la ley. Por eso surgen los grupos armados, y los vecinos se asocian y salen los vengadores y justicieros. Es aumentarle a la impunidad”, explica González Mora.

Añade: “Esto se debe a que las instituciones no están haciendo su trabajo de aplicar la justicia. Por eso la sociedad malamente la toma en sus manos. Si realmente quisieran aplicar justicia y coadyuvar con las instituciones policiacas, tiene que ser a través de la denuncia, una aplicación de la justicia y exigir al Estado que con la ley en la mano aplique sanciones”.

Recuerda que en Jalisco no está tipificado el delito de la justicia de propia mano. En la Ciudad de México sí se consideran de tres meses a cinco años de prisión. En Jalisco quien cometa un linchamiento será juzgado por homicidio.

 

Sensibilizar para la paz
Para Chinas Salazar, la clase política no ha estado a la altura de las necesidades de los ciudadanos. Ejemplifica que desde hace 35 años se aplica un modelo económico que privilegia el lucro y la ganancia por encima de las necesidades de la población, lo cual ha generado a 50 millones de pobres, 30 de ellos en extrema pobreza. Todo eso genera la delincuencia que ahora las instituciones no pueden detener.

“Ese sistema funciona para unos cuantos. La mayoría está en precariedad, sin acceso a trabajo digno, no hay acceso a la salud, y a esa incertidumbre en la calidad de vida se suma la inseguridad, la incertidumbre de tus bienes y posesiones. Todo ello crea un clima complicado para la mayoría de habitantes de este país. Si no encuentran respuesta de las actividades, hay poblaciones que han intentado realizar autodefensas para proteger la integridad de sus familias”.

La investigadora cree que no es difícil revertir el proceso. Propone que el modelo de seguridad vaya más enfocado a la prevención social y a atender las causas de fondo que generan la violencia y la delincuencia, a empoderar a la ciudadanía y buscar mecanismos de inclusión y participación en la toma de decisiones.

Un ejemplo de trabajos multidisciplinarios de inclusión social y de sensibilización, es el que realizan alumnos de la Universidad de Guadalajara en la colonia Constitución, promoviendo la cultura de la paz entre niños y adolescentes a través del arte.

En este programa, encabezado por los académicos Carmen Chinas Salazar, Claudia Berdejo Pérez y Santos Urbina Mendoza, participan alumnos y profesores  de la licenciatura en Seguridad Ciudadana, de  UdeG Virtual y de diversas carreras del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD), y del CUCSH.

Es un proyecto de intervención comunitaria, que a través del arte busca la prevención social de la violencia, promueve una cultura de paz y contribuye a la cohesión social. Organizaron talleres de pintura, collage, títeres, fotografía y teatro de payasos, entre otras actividades.

La idea es sensibilizar con conceptos clave como arte, sensibilidad, creatividad, imaginación, tolerancia, respeto, empatía, solidaridad, autoestima, confianza, pensamiento crítico y propositivo. Este proyecto podría llegar a más barrios por sus exitosos resultados.



Nota publicada en la edición 928


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