Sociedad
Pintando futuros

Con una pinta de bardas inició la intervención que unos estudiantes de la UDGVirtual realizan en la colonia Ferrocarril. El objetivo del proyecto, que surge de una asignación de la carrera en Seguridad ciudadana, es construir puentes entre las comunidades marginadas y las instituciones

Foto: Alfonso Martínez
Por Karina Alatorre
29 Mayo 2017

Jorge Luis López Ayala se apoya en su bastón. A sus 36 años, es la única manera en que puede caminar, desde que un accidente le hizo entender —a la mala— que el camino de las drogas no lo llevaría a ningún lado.

Vecino de la colonia Ferrocarril en Guadalajara, Jorge supo desde niño que su vida no sería fácil. Abandonó pronto la escuela y, cuando apenas entraba en la adolescencia, ya estaba metido en problemas de drogadicción y delincuencia.

“La falta de oportunidades de trabajo hace fácil que uno caiga en la vida del robo. No es justificación, pero a veces se dan las cosas así”.

Cuenta que la vida le fue enseñando a golpes. El más grande consistió en la pérdida de su esposa. Entonces sintió que tocó fondo y buscó dentro de sí algo que le ayudara a salir adelante. Pensó en su habilidad para el grafiti, que practica desde los 13 años, además de la pasión que desde entonces sentía por el dibujo.

Aprendió el oficio del laminado y pintura, actividad que hasta ahora lo mantiene, y de vez en cuando cobra por hacer tatuajes a sus amigos.

“No soy artista, porque no plasmo desde mi cabeza, pero viendo un boceto lo hago sin bronca”.

Jorge Luis López fue uno de los vecinos que participó en la pinta de bardas que estudiantes de la licenciatura en Seguridad ciudadana, del sistema UDGVirtual organizaron en la colonia Ferrocarril, como parte de un proyecto de recuperación de espacios públicos.

“Esto es un principio, porque los chavos que andan todo el día perdidos, hoy se sintieron productivos. Yo traje a mi sobrino para que vea que esto no es actividad para vagos, que hay lugar donde puede hacerlo”, dice Jorge Luis, mientras señala su dibujo recién terminado: una abeja, que representa el trabajo que le ha costado salir adelante; un pez Koi, que comúnmente le piden para tatuar, y un reloj.

“El reloj significa el tiempo que pasó para mi cambio, mi transición, de no ser útil a la sociedad a intentar ser alguien productivo. Mucha gente va a pensar ‘Este está loco’, porque siempre salgo con alguna pirateada”.

La participación de Jorge tuvo un propósito: que otros vecinos de “La Ferro”, sepan que sin drogas todo se puede, que sólo es cosa de buscar algo que te gusta y sacar provecho de eso.

Cerca de la comunidad
La jornada empezó temprano. La música fue el llamado que convocó a los vecinos a reunirse frente a una barda blanca de más de cien metros de largo, ubicada en la calle 2 de la colonia.

Rápidamente, niños, jóvenes y adultos se apropiaron de brochas y pintura. Su entusiasmo se reflejaba en los colores y formas, que poco a poco se fueron plasmando en el lienzo de concreto, que corre paralelo a las vías del tren.

Óscar Barajas, Laura García y Ruth Cárdenas son los tres estudiantes de la licenciatura que encabezaron esta estrategia como parte de una de sus materias finales. Su objetivo fue reforzar el tejido social y llevar un mensaje contra la violencia y el uso de drogas, problemas que afectan a la colonia.

“Estamos aquí porque la Ferrocarril es una colonia que no está a la orilla de la ciudad, ni está en un cerro, y sin embargo enfrenta un rezago enorme: es tierra de nadie”, explica Óscar Barajas.

En el trabajo previo de acercamiento con los habitantes —narra el estudiante— descubrieron a una población olvidada y lastimada por políticos, que en tiempo electoral ofrecen su ayuda, pero luego se van y no regresan.

Además de la pinta del muro, lograron la limpieza de algunas áreas y organizaron actividades recreativas con los niños y jóvenes de la comunidad.

“La gente nos relacionaba y nos preguntaba que si veníamos por parte del gobierno. Nos costó trabajo convencerlos de que venimos de la Universidad, que somos estudiantes comprometidos con la sociedad”.

Para lograr un mayor acercamiento con la comunidad, los universitarios hicieron mancuerna con la parroquia de Nuestra Señora del Divino Amor, ubicada en la colonia y la cual ofrece apoyo a jóvenes en situación de drogadicción.

Como Héctor Yáñez, mejor conocido en la colonia como “El Capi”, quien también participó en la pinta de bardas. Héctor tiene 28 años, y desde que fue a “jurar al templo” —hace tres meses— dejó de tomar y de drogarse.

“Ahora que ya juré, he estado muy a gusto con mi familia, me sobra dinero para comprarle cosas a mi hijo”.

Explica que en su familia había muchos problemas, incluido el alcoholismo de su padre.

“Yo decidí terminar con eso, porque no sé, como que venía de familia, pero me di cuenta que no lleva a nada bueno”.

“El Capi” forma parte del grupo Misioneros permanentes, coordinado por el párroco Juan Javier Padilla Cervantes.

“Esta vinculación que hacemos con la Universidad de Guadalajara, nos parece interesante, porque hace participar a la comunidad: que sientan que la colonia es de ellos, que son parte de este proyecto”, comentó el párroco.

Prevenir la inseguridad
Para la coordinadora de la licenciatura en Seguridad ciudadana, Rosana Ruiz Sánchez, este tipo de proyectos desarrollados por los estudiantes confirman que para lograr la seguridad ciudadana se debe partir del conocimiento de las causas que provocan la violencia y la delincuencia.

“Los alumnos hacen un diagnóstico de la problemática y partir de eso, realizan una planeación para intervenir, y en este caso, hacer que la gente se apropie de los espacios”.

Ruiz Sánchez informó que como estos tres alumnos, cada estudiante desarrolla diferentes proyectos dirigidos a distintos problemas en varias comunidades. Informó que actualmente hay 209 alumnos cursando la licenciatura.

La intervención de la colonia Ferrocarril estuvo acompañada por el profesor José de Jesús Aceves, quien imparte la materia de Proyectos VI, para la cual fue realizada dicha actividad.

“La finalidad es crear puentes de enlace entre la comunidad y las instituciones”, dijo el profesor.

Agregó que a partir de las necesidades que escucharon de los vecinos y del párroco que los acompaña de cerca, trabajará en la planeación de nuevos proyectos para la comunidad, como el de una posible carpintería.

“Esto es sólo el comienzo de un largo trabajo que queremos hacer. Seguramente estaremos aquí por varios meses más, trabajando para ayudar a solucionar problemas en la colonia”.



Nota publicada en la edición 926