Foto: David Valdovinos

Primer Plano

Intoxicados por los pesticidas


La exposición a plaguicidas usados en la actividad agrícola provoca afectaciones neurológicas, cognitivas y al desarrollo de los niños, comprobó investigación de la UdeG en la región Valles. Su importancia radica en que es posible revertir los daños provocados en la temprana edad

Por Karina Alatorre
3 Abril 2017

Un estudio realizado con niños menores de cinco años originarios del municipio de San Martín Hidalgo, Jalisco, estableció que aquellos mayormente expuestos a plaguicidas utilizados en la actividad agrícola presentan afectaciones en sus capacidades cognitivas, de lenguaje, sociales y motoras, así como en su desarrollo neuronal.

La investigación fue encabezada por Nancy Núñez Sandoval, estudiante de la maestría en Ciencias de la Salud Ambiental, de la Universidad de Guadalajara (UdeG), quien analizó a un grupo de 40 niños, con el objetivo de medir su grado de exposición a estas sustancias químicas.

Núñez Sandoval elaboró un índice con más de 30 variables, que le permitió hacer una escala y determinar si los menores tenían un alta, media o baja exposición.

“Se hizo observación directa y seguimiento cercano con ellos y con sus padres. Se revisó si hubo exposición prenatal, si conviven con personas que aplican plaguicidas, y si éstas realizan actividades de riesgo, como lavar equipo en su casa. Además de otros factores como la cercanía a la escuela o a su casa”.

El resultado fue que el 25 por ciento de los niños están  en el rango más alto, principalmente los hijos de padres campesinos, quienes frecuentemente incurren en malas prácticas de manejo de los productos dentro del hogar.

“Actividades como lavar ropa contaminada, almacenar envases en los patios o el lavado incorrecto de los alimentos... Más del 50 por ciento refieren no utilizar ninguna protección durante la aplicación, y cuando lo hacen emplean un pañuelo que no protege en gran medida”.

La investigadora dijo que a esta situación se agrega el riesgo de intoxicación directa. “En datos que obtuvimos de 2013, resulta que el 25 por ciento de los casos de intoxicación aguda eran menores de cinco años”.

Para la evaluación del neurodesarrollo y la actividad cerebral de los menores, Nancy Núñez Sandoval se apoyó de Jahaziel Molina del Río, profesor investigador del Centro Universitario de los Valles (CUValles), y de las estudiantes de la licenciatura en Psicología, Johana González Pelayo y Saira Zárate Díaz, originarias de la región.

A los menores les aplicaron la Prueba Evaluación del Desarrollo Infantil (EDI), con la que se valoran los riesgos biológicos en cinco áreas del neurodesarrolllo: lenguaje, motriz —fina y gruesa—, sociabilidad y conocimiento.

Los resultados de esta evaluación revelaron que los niños que obtuvieron resultado de rezago en el desarrollo, fueron aquellos ubicados en la categoría de alta exposición, según la medición previa realizada por la investigadora.

“A excepción de uno, notamos que los niños no tienen el desarrollo de motricidad fina adecuado, lo cual está muy asociado con la exposición a plaguicidas, mayormente con los organofosforados, que son aquellos que más se aplican en la localidad”, dijo Nancy Núñez.

Explicó que un niño con retraso en motricidad fina lo refleja en su desempeño escolar. Por ejemplo, no logra escribir bien por razones simples, como no poder mantener firme el lápiz.

   

Desarrollo neuronal
Las pruebas neuronales fueron efectuadas con un electroencefalógrafo del Laboratorio de Neuropsicología del CUValles, a cargo de Jahaziel Molina, en los diferentes preescolares a los que asisten los menores.

El académico detalló que evaluar la actividad eléctrica cerebral de los niños da indicios de su nivel de desarrollo madurativo cerebral.

“El estudio se hizo en 32 niños. Los dividimos en dos grupos: los que tenían mayor grado de exposición y los que tenían un menor grado. Luego comparamos los resultados de ambos”.

El resultado fue que el grupo con mayor exposición presentó índices de retraso madurativo.

“Presentaban un patrón característico de ondas lentas, que se asocia a un retraso en el desarrollo, o a que no se ha adquirido la edad de desarrollo cerebral adecuada”.

Molina del Río explicó que este retraso se traduce en trastornos de aprendizaje escolar relacionados con la habilidad lectora, con la escritura o el cálculo mental.

Precisó que este estudio fue exploratorio, básicamente para definir si había diferencias según el grado de exposición, pero que el objetivo será investigar más a detalle para describir el tipo de afectación en funciones cerebrales específicas.

En un segundo proyecto harán estudios a niños de primaria y adolescentes de secundaria, para determinar si hay daño también en estas edades.

El profesor del CUValles agregó que estos retrasos podrían explicarse por las sustancias químicas de los plaguicidas, ya que tienen un grado de neurotoxicidad que afecta de manera directa a células o tejidos del cerebro.

“Ya se ha comprobado en modelos animales que a mayor índice de exposición al pesticida hay un mayor deterioro en el tejido cerebral. Una de las ventajas es que nuestro modelo lo estamos realizando en humanos”.

Soluciones
Los investigadores refieren que parte de la importancia de este estudio radica en que en la actividad agrícola en México se utilizan más de 120 mil toneladas de plaguicidas al año, por lo podría estarse repitiendo en otras comunidades con características similares a las de este municipio.

La investigadora refirió que en esta ocasión el estudio fue realizado en San Martín Hidalgo por la disposición de las autoridades del municipio y escolares, que permitieron la evaluación de los infantes, así como por el apoyo de los padres, además de que el setenta por ciento de su territorio es dedicado a la agricultura, principalmente al cultivo de maíz.

“Queremos que se generen políticas públicas que permitan la supervisión de la aplicación de estas sustancias, y que el gobierno se comprometa a generar información para los agricultores”, señaló Nancy Núñez Sandoval.

También aseveró que en otra etapa del proyecto trabajarán en conjunto con las autoridades municipales para generar estrategias educativas con los agricultores, las que permitan replantear la precepción del riesgo y cambien las conductas erróneas, de manera que disminuya el riesgo de los infantes.

Además organizarán talleres de estimulación temprana para explicar a las madres qué hacer para reducir la afectación que presentan sus hijos.

“La ventaja del cerebro de los niños es que tiene una mayor plasticidad. Sí es posible revertir daños causados por el ambiente en etapas tempranas”, concluyó Jahaziel Molina.



Nota publicada en la edición 920