Foto: Abraham Aréchiga

Lagos

Romper el círculo vicioso de la obesidad


Investigador realiza un estudio en Lagos de Moreno para identificar en niños con sobrepeso los niveles de visfatina, factor de riesgo relacionado con obesidad y diabetes que predispone a síndrome metabólico y enfermedades cardíacas

Por Mariana González
9 Enero 2017

El tejido adiposo acumulado bajo la piel funciona como almacén de energía calórica, pero también secreta una molécula llamada visfatina, que podría ayudar a diagnosticar si una persona sufre del síndrome metabólico desencadenante de diabetes tipo II y enfermedades del corazón.   

Óscar Gutiérrez Coronado, investigador del Centro Universitario de los Lagos (CULagos), realizó la primera etapa de un estudio con 50 niños de siete a 11 años de edad que tienen sobrepeso, con la intención de identificar en ellos la visfatina como un factor de riesgo para desarrollar síndrome metabólico.

Explica que esta molécula es secretada principalmente por el tejido adiposo de las personas, pero también está asociada a la actividad de la insulina, es decir, cuando hay una ingesta considerable de carbohidratos la visfatina tiende a incrementarse, al igual que la insulina.

Gutiérrez Coronado efectúa el estudio en niños, pues es un sector de la población en el que, por lo general, no es fácil distinguir los síntomas que ayuden a diagnosticar el síndrome metabólico, como son: triglicéridos elevados, hipertensión, intolerancia a la glucosa e insulina elevada.

“En adultos está bien caracterizado por la presencia de ciertos factores de riesgo, pero en niños es un poquito más complicado, porque no hay una lista de síntomas o herramientas ya estandarizadas para ellos. Así es que se trata de ver qué otro factor de riesgo era importante o se podría incluir para diagnosticar tempranamente el síndrome metabólico”.

Agrega que medir los niveles de visfatina como un factor asociado a este síndrome, puede ayudar a diagnosticarlo de forma temprana en los menores de edad y prevenir enfermedades degenerativas o cardiovasculares en la etapa adulta. De hecho, la presencia de esta molécula es poco estudiada en la medicina clínica.

Para identificar su presencia en el cuerpo es necesario realizar una prueba de sangre igual a las hechas para detectar el VIH sida.

Es una técnica llamada enzimoinmuno ensayo, más conocida como prueba “Elisa”, “en la que a través de un anticuerpo se detecta la molécula. Es como los análisis clínicos que uno se realiza en cualquier laboratorio: le sacan sangre y a partir del suero podemos determinar los niveles de visfatina”.

El investigador del Departamento de Ciencias de la Tierra y de la Vida, del CULagos, afirmó que incluir este procedimiento en las pruebas sanguíneas no incrementaría mucho el costo del examen y, en contraparte, serviría como un elemento para tomar decisiones preventivas en salud.

El problema empieza por una alimentación inadecuada que genera un exceso del tejido adiposo y, por ende, sobrepeso u obesidad. Esta condición hace que el cuerpo inicie un círculo destructivo entre la generación de la molécula visfatina y las células grasas.

“El tejido adiposo, al ser un órgano endócrino, va a comenzar a generar por sí solo este tipo de moléculas. Es como un ciclo: si el organismo empieza a generar visfatina, también esta molécula tiene la capacidad de generar o de verse involucrada en la ruta metabólica de la lipogénesis. Esto que quiere decir que cuando se incrementan los niveles de la molécula, se incrementan las células grasas”.

Ante un panorama en el que México ocupa el primer lugar en el ámbito mundial en obesidad infantil, y recientemente la Secretaría de Salud federal decretó una emergencia epidemiológica por los casos de diabetes y obesidad que padecen al menos siete millones de personas, el académico considera fundamental tener protocolos que ayuden a prevenir esta enfermedad desde la infancia.

El universitario trabaja en la segunda parte del estudio, en el que duplicó la población de niños en los que realizará los estudios clínicos, cuyos primeros resultados estarán listos en febrero de 2017.



Nota publicada en la edición 908