Foto: Aryana Benavides

Valles

Fomentar una cultura del respeto


Con un programa realizado en diferentes planteles, el SEMS busca disminuir y dar a conocer la frecuencia e impacto del acoso escolar

Por Wendy Aceves Velázquez
21 Noviembre 2016

El primer paso para combatir el bullying es reconocer que existe. Durante el último año, las preparatorias metropolitanas y de la región Valles, de la Universidad de Guadalajara, han realizado acciones para prevenir este problema. A través del Programa “El bullying no es broma. Promoción de ambientes para una convivencia sana”, el cual fue apoyado por el Consulado de Estados Unidos de Norteamérica, se generaron diagnósticos y evaluaciones para determinar la magnitud del acoso escolar en las preparatorias, y con apoyo de profesores, alumnos y padres de familia, establecieron estrategias orientadas a combatirlo, pues según estimaciones, puede afectar a entre 20 y 30 por ciento de los jóvenes de bachillerato en la Zona Metropolitana de Guadalajara.

Durante la Feria Metropolitana, que tuvo como sede la Preparatoria 2, fueron presentados los resultados de esta iniciativa, en la que participaron 26 preparatorias metropolitanas y 26 de la región Valles. La difusión de los resultados estuvo acompañada de presentaciones artísticas, como muestra de la convivencia armoniosa entre los bachilleres.

En el informe de resultados, el director general del SEMS, Javier Espinoza de los Monteros Cárdenas, explicó que el programa impactó a más de 43 mil 700 personas y recordó que éste “nació el año pasado en escuelas metropolitanas, como un programa piloto y este año se extiende a la región Valles, con la idea de consolidarlo a futuro en las regiones donde tiene presencia el SEMS. En los resultados disminuimos las conductas de violencia, involucramos a profesores y padres de familia y se fomentó la cultura de la denuncia”.

Para el director general del SEMS, uno de los resultados más destacados es que se generó mayor conocimiento y conciencia de este fenómeno y de las consecuencias que puede tener, principalmente entre los jóvenes, quienes desempeñan, en la mayoría de los casos, los papeles de víctimas, victimarios y observadores: “Sentimos que nuestras escuelas son más sólidas y los jóvenes se sienten más seguros que en el entorno”.

En cuanto a las estadísticas del primer año de funcionamiento del programa, la jefa de la Unidad de Orientación Educativa del SEMS, Lorena Noemí Prieto Mendoza, dijo que los diagnósticos realizados arrojaron que víctimas, victimarios y observadores consideran que la manifestación más frecuente del bullying son los motes o apodos e insultos (más de la mitad de los alumnos encuestados aceptaron haberlo hecho), hablar mal de otros e ignorar a los demás. Además, difundir rumores, daño a pertenencias, amenazas, rechazo y críticas, además de la agresión física, la cual se presenta con menor frecuencia. En este caso, sólo dos de cada diez se reconocen a sí mismos como agresores.

Especificó que en el caso del acoso escolar, las víctimas acuden en último instancia a los padres de familia y que el horario más común en que ocurre la violencia física o verbal es durante el tiempo libre.

Para la especialista, el principal reto que se debe asumir “es reconocer la existencia de bullying, capacitar a los integrantes de la comunidad escolar para responder a las necesidades, concientizar a los alumnos sobre la importancia que tiene la denuncia e integrar a los padres de familia”. También es necesario fomentar con el ejemplo una cultura del “buen trato” y la sana convivencia.

La cónsul regional de Prensa y Cultura de Estados Unidos de Norteamérica, Kathleen Guerra, considera que fomentar la cultura de respeto, aprender a trabajar en equipo y aceptar las diferencias de otros, son factores clave en la construcción de las sociedades, y desde su propia experiencia como profesora reconoció la necesidad de este tipo de proyectos.

Días después de la elección de Donald Trump como próximo presidente de Estados Unidos, Kathleen Guerra afirmó durante su charla en la Preparatoria 2, que es importante “respetar y tolerar, pero también incluir e implementar proyectos en las comunidades escolares que puedan fomentar esa cultura de respeto”.



Nota publicada en la edición 904