Foto: Cortesía

Cine

Nada nuevo bajo el sol


El amor sigue colmando las historias más recientes y se ha convertido en un motivo no sólo recurrente sino indispensable en la cinematografía

Por Rebeca Ferreiro
20 Julio 2015

Entre las primeras lecciones que académicos y críticos suelen ofrecer a los nuevos creadores —por su propio bien— está aquella máxima bíblica que nos instruye sobre cómo es que no existe “nada nuevo bajo el sol”. La vida, la muerte y el amor han sido y continuarán siendo las grandes y más graves preocupaciones artísticas,  porque han sido —así entre las más antiguas representaciones egipcias, chinas y griegas, como entre las vanguardias, el arte moderno y contemporáneo— y no dejarán de ser elementos definitoriamente humanos.

Y con todo, el amor sigue colmando las historias más recientes y se ha convertido en un motivo no sólo recurrente sino indispensable en la cinematografía. El amor define un género, pero también escapa de él infiltrándose en otros. El amor es visual, es auditivo, es cinematográfico. Y mientras los filmes del cine negro estadounidense nos enseñaron el amor misterioso, erótico y asesino, o el cine mexicano de la Época de Oro nos ponderó un amor de machos cantores y mujeres reticentes; ahora el amor permanece bajo el sol de la cámara aunque con nuevos matices, matices multicolores que representan relaciones que poco tienen que ver con las propuestas amorosas de antaño.

El tráiler de Agua, muestra en una alberca a dos hombres levemente agitados después de haber nadado, inocente escena donde uno de los dos toma la mano del otro y la coloca en su pecho: “¿Cómo le haces? Yo estoy súper agitado y tú como si nada”, frase con la que Daniel descubre su atracción hacia Carlos. Sin embargo, “realmente no es un cortometraje sobre homosexualidad, sino sobre el amor”, asegura Ricardo Esparragoza, director y coguionista (junto con Omar Robles) de este cortometraje.

Todo comenzó como una invitación escolar para abordar el concepto de “el conflicto” mediante un filme  (¿y qué, si no, es el amor?) y dos años después, Agua ya formaba parte de la selección de cortometrajes iberoamericanos del reconocido Festival de Huesca en España, siendo uno de los cuarenta seleccionados a nivel Iberoamérica al lado, solamente, de otros cuatro cortometrajes mexicanos. Con veintitrés años de edad, el joven estudiante de Artes Audiovisuales del CUAAD, ha conseguido con su primer corto no sólo la participación en uno de los festivales más renombrados, sino la invitación a otros más en España, Holanda y Canadá, además de permanecer a la espera de ser seleccionado para participar en Short Shorts Film Festival México.

Esparragoza reconoce que “no lo vi como algo que sería un ejercicio escolar, sino como que iba a ser mi primer cortometraje”, y tomándose en serio un trabajo que suele requerir de un presupuesto cercano a los 150 mil pesos, con un equipo de veintidos personas (conformado por colegas estudiantes y profesores de la licenciatura) filmó, en la mitad del tiempo normalmente requerido para un proyecto así, su ópera prima con un presupuesto mucho menor, aunque con una calidad reconocida desde el principio por sus primeros espectadores, docentes profesionales en el ámbito cinematográfico, como “Kenya Márquez, una de mis profesoras, que fue la primera que al verlo me dijo que tenía potencial y me recomendó que lo enviara a festivales”.

Un ejercicio de autocrítica y de “inseguridad” —confiesa su autor— mantuvo el cortometraje guardado por dos años, pues “uno con su propio trabajo se vuelve un inconforme. Le empecé a encontrar sus fallas y así fui perdiendo el entusiasmo. Uno se siente muy inseguro de lo que hace y pues como era mi primer corto, lo veía y luego me reprochaba cosas. Así que la postproducción, como el diseño sonoro, la hice hasta finales del 2014. Por eso, lo acabé hace dos años y apenas el año pasado empecé a moverlo”.

Ahora, tras las nominaciones e invitaciones a escaparates nacionales e internacionales, Esparragoza se plantea la posibilidad de continuar filmando, aunque esta vez por el camino del largometraje, y “desde aquí, Guadalajara, desde donde podemos exigir que el cine se descentralice; pues acá también se hace buen cine” asegura. Un cine que hable a las personas de nada nuevo, aunque con una perspectiva renovada, un cine con el “poder de hacer llegar a las personas cosas que no sabían que tenían, porque uno puede leer, creer o descreer pero no puede negarse a una sensación”.



Nota publicada en la edición 843


Otros temas de interés

4 / Marzo / 2019

11 / Febrero / 2019

4 / Febrero / 2019

28 / Enero / 2019

21 / Enero / 2019

10 / Diciembre / 2018

12 / Noviembre / 2018