Foto: Jorge Alberto Mendoza

Entrevista

Édgar Velasco


Del diario a la ficción

Por Édgar Corona
13 Abril 2015

Desde las andanzas del periodismo, Édgar Velasco presenta en Ciudad y otros relatos (Paraíso perdido, 2014), una compilación de cuentos que nos aproximan hacia personajes que van más allá de lo cotidiano, para situarnos en los contextos más insólitos e insospechados. El escritor y periodista recurre a la semificción para construir historias en las que confluyen temas como el erotismo y la muerte, pero también elementos que otorgan a los relatos instantes de ironía y diversión. Para Velasco, la obra del desaparecido poeta y narrador mexicano Daniel Sada representa un modelo de creación literaria, algo que podemos apreciar en las distintas narraciones de este libro que próximamente tendrá su segunda edición.

Algunos cuentos de Ciudad y otros relatos fueron publicados primeramente en distintas revistas, ¿cómo surgió la idea de compilar esta serie de historias?
Originalmente pensé en hacer una serie de textos que tuvieran como eje rector un periódico que se llamara precisamente Ciudad. Así, trabajé los primeros relatos, pero, con el paso del tiempo, la idea general fue mutando. El asunto de la ciudad continuó, pero no visto desde la representación de un periódico, sino exclusivamente como un escenario. Aunque tampoco es la idea de la metrópoli como personaje… No me interesa esa parte, sólo la ciudad como un espacio en el que confluyen diferentes protagonistas a los que, de alguna manera, les suceden distintas cosas. Las historias tienen como punto detonante hechos reales que vi o leí o escuché. A partir de allí desarrollé los cuentos, sin desvirtuar la idea principal, pero sí ocurrió una transformación. El periódico es mencionado en un par de relatos, por ejemplo, en el que cierra el libro y, además, le da el nombre.

¿Podemos decir que el libro es una conjugación de hechos que nacen desde el periodismo para trasladarlos a la semificción?
Prácticamente todos los relatos tienen relación con cosas que efectivamente pasaron. Son historias que me llamaron la atención. El siguiente paso fue ver lo que ocurriría, porque no me interesa hacer un retrato de la realidad. Uno de los relatos, el que tal vez posee menos ficción, lleva el título “Camino a casa”, que está tomado de un hecho muy concreto, que es la mañana en la que dejaron los cadáveres en los Arcos del Milenio. El texto lo comencé a escribir desde lo que piensa el personaje que conduce una camioneta llena de cadáveres. Otra historia toma como referente la Plaza de Armas, cuando vino el subcomandante Marcos. Aquí la pregunta fue: ¿Qué pasaría si Marcos tuviera diarrea? De alguna manera fue jugar un poco.

En la construcción de situaciones encontramos una variedad de temas, pero, también hay una parte reflexiva, sin caer en la moraleja…
No tengo un método. Soy muy azaroso en la forma de escribir, algo que hace que sea muy lento en el proceso de creación. Trabajo hasta que tengo totalmente perfilado hacia dónde va ir el relato, de lo contrario, me desespero mucho al empezar a escribir. Más que construir personajes o situaciones parto de escenas muy concretas. Por ejemplo, me da mucha curiosidad el subcomandante Marcos como personaje. Este cuento, que lleva por nombre “No todas las letrinas son iguales”, lo detonó estar en medio de una plaza y observar tantas minorías: punketos, anarcos, hippies y fresas. Otro cuento lo escribí pensando en qué tanto puede influir en la relación de una pareja un control remoto descompuesto.

En “Te lo dije” observamos un lenguaje hasta cierto punto cinematográfico, digamos que abre la posibilidad de que los cuentos funcionen como guiones pequeños…
Estoy sorprendido de cómo la gente enfrenta los relatos. Finalmente, sí son visuales o no, o si logran, por ejemplo, hacer reír, es algo gratificante. Me cuesta mucho trabajo hablar mal de la televisión, porque toda mi vida he disfrutado verla. Respecto al cuento de “Ciudad”, fue un ejercicio catártico, de liberación de rencores que estaban acumulados. No porque tenga odio hacia esa etapa, pero, quienes estuvimos allí, y la vivimos, pues sabemos que es demasiado desgastante. Pienso que el libro está balanceado. Así que siempre es mejor cerrar las cosas de buena manera.



Las historias tienen como punto detonante hechos reales que vi o leí o escuché. A partir de allí desarrollé los cuentos
Nota publicada en la edición 829


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